Vivir entre aguas negras

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Francisco De Luna/HoraCero.mx

* Los vecinos del fraccionamiento Bugambilias de Xalapa enfrentan una paradoja: sus calles tienen nombres de desiertos… pero en temporada de lluvias  sufren inundaciones por el desbordamiento de los drenajes

Xalapa, Ver.- Las calles tienen nombre de desiertos; lo paradójico es que es que los vecinos del fraccionamiento Bugambilias del Sumidero sufren inundaciones en cada temporada de lluvias, cuando el agua entra a las casas con niveles que llegan a más de un metro.

Se trata de las calles Desierto de Nubia, Desierto de Gobi, Desierto de Kalahari y Desierto de Negueb.

Aquí, desde hace 17 años las aguas negras no sólo escurren entre los drenajes, también pasan entre las casas y se estancan hasta seis horas.

En temporada de lluvias, cuando el drenaje se desborda, es común saber de pérdidas de enseres domésticos y daños a los vehículos, cuenta el señor Miguel Ángel Godos quien tiene su vivienda marcada con el número 12 en el Desierto de Nubia.

La inconformidad por las afectaciones llevó a los vecinos a organizarse y colgar mantas en las calles, en las que hacen señalamientos a las autoridades municipales y exigen la construcción del colector pluvial.

En las lonas se leen «por puro ratero, Bugambilias del Sumidero vive en un chiquero» y se hacen acompañar con fotografías que ponen en evidencia los daños que generan las inundaciones.

La obra ha sido solicitada desde hace cinco administraciones municipales y aunque en la gestión de Elízabeth Morales se autorizó la construcción, esta jamás se concretó.

Actualmente la inversión para el colector es de 1 millón 57 mil pesos y se acabarían los problemas de inundación a las 40 propiedades que llevan casi dos décadas sufriendo por ese problema.

Fernanda Juárez Espinoza, otra de las vecinas afectadas, contó que ha sido necesario construir quicios en las puertas de casi todas las casas para evitar que el agua entre; sin embargo, eso no ha sido suficiente porque los niveles siguen incrementando.

«Ahora tenemos que saltar el pequeño muro que construimos; no hay vivienda que no tenga esas compuertas… además, acondicionamos los marcos de las puertas para colocar pedazos de madera y hacer aún más altas las barreras».

Isabel Verdejo, habitante de ese fraccionamiento, relató que durante estos meses ya tienen sus pertenencias empacadas para huir en caso necesario, pues en la última inundación que ocurrió hace dos semanas volvieron a perder aparatos electrónicos.

Explicó que la inundación ocurre porque lo que sería la planta de tratamiento de aguas residuales está atascada de tierra; se desborda.

Los vecinos coinciden en que los escurrimientos de las colonias de las partes altas se acumulan en el fraccionamiento Bugambilias «y sale de las tazas, llegan ratas y animales muertos; caen en la planta de tratamiento y se generan focos de infección».

La señora Judith Álvarez recuerda que por las inundaciones, hay quienes se han quedado atrapados «eran dos niños que estaban en su casa; tenían el agua arriba de la cintura. Si estamos adentro no hay manera de salir… si estamos afuera no hay modo de entrar».

Hay quienes compraron sus casas en 400 mil pesos con la esperanza de forjar un patrimonio; jamás pensaron que la adquisición se convertiría en una «pesadilla» familiar.

Ahí, decenas de autos han terminado navegando en esas calles que tienen nombres de desiertos.

Las calles se llaman desiertos, pero deberían llamarse ríos dice uno de los habitantes que se asoma por la ventana de su casa y muestra las marcas de los diferentes niveles que han alcanzado las inundaciones.

Recordaron que la primera inundación ocurrió el 24 de mayo del año 2000, a seis meses de haber recibido sus casas.

Han hecho todo –desde manifestaciones, reuniones con funcionarios y hasta han exigido al Infonavit que haga descuentos-, pero pareciera que eso ha sido en vano; aun así, dicen que no desistirán en la lucha.

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