La vuelta a Veracruz en un teclazo

La radio comunitaria en Veracruz

Yamiri Rodríguez Madrid

En días pasados, en la Cámara de Diputados, la Comisión de Radio y Televisión presentó una iniciativa para castigar con penas de hasta 6 años de cárcel y 300 días de multa, a quien usurpe frecuencias radiales o las use sin autorización o concesión formal alguna; lo que es lo mismo: se busca frenar a las llamadas radio piratas.
Según los diputados, no es sólo una competencia desleal, sino una apropiación ilícita del espectro radioeléctrico que es propiedad de la nación en términos de lo previsto por el artículo 27 de la Constitución de la República. Aunque claro, lo que no dicen es que las concesiones de radio permanecen desde hace décadas en manos de las mismas familias acaudalas o incluso de políticos, que ven en los medios una forma de hacerse de más recursos y difundir sus intereses.
Como justificante exponen que entre 2013 y 2015, el Instituto Federal de Telecomunicaciones detectó 235 estaciones pirata de radio y televisión que tendrían que haber pagado alrededor de 11 millones 801 mil 507 pesos por derechos anuales y el otorgamiento de concesión y que entidades como Chiapas y Oaxaca son donde más estaciones sin concesión se hallaron, aunque también se presentaron casos en el Estado de México, Puebla, Morelos y la Ciudad de México. En su mayoría, dichas estaciones de radio tienen un uso de tipo religioso y esotérico, e incluso algunas han sido relacionadas con el crimen organizado.
Los diputados reconocen que la molestia proviene de los concesionarios de Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión, toda vez que acceder a una concesión no es un tema sencillo: requiere acreditar solvencia económica suficiente. Pero si hay radios así, es porque también hay una audiencia sino, simplemente no tendrían razón de ser.
Curiosamente Chiapas y Oaxaca son dos de los estados con mayor población indígena. La programación de la radio comercial parece no satisface a los oyentes, no se adapta a sus necesidades y, las permisionarias, son demasiado elevadas. Desafortunadamente tampoco hay permisos suficientes para radios permisionarias, por lo que dan paso a la clandestinidad.
Apenas en abril del año pasado, el IFT autorizó 23 permisos de uso cultural al régimen de concesión social a diversos permisionarios (culturales) incluida una para uso comunitario a favor de la Asociación Veracruzana de Comunicadores Populares, mejor conocida como Radio Teocelo.
Durante décadas, este ejemplo nacional de radio comunitaria fue considerada por los empresarios radiofónicos, como pirata. Su trabajo data de 1965, y su éxito radica en el hecho de que toda la comunidad participa, por lo que se mantiene a través de donaciones, tal y como lo hacen ahora los proyectos periodísticos digitales innovadores.
Radio Huayacocotla, la voz de los campesinos, en la sierra norte limítrofe con Hidalgo, es otro gran ejemplo del cómo opera la radio en servicio de la gente de sus comunidades.
En la radio comercial si usted quiere pasar el aviso de que alguien falleció, le van a cobrar. Las solicitudes de donación de sangre en muchas ya no pasan porque rompen el esquema de radio moderna, por eso muchos ya no sienten suya la radio y se van con las piratas, con las que hoy se escuchan en Internet.
A final de cuentas todo se trata no solo de que se escuchen, sino también de escuchar a la gente. Para todos sale el sol…
@YamiriRodríguez

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