Hora Cero

La huelga de hambre
¿Presos políticos?, más bien políticos presos
Luis Alberto Romero
El anuncio del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, en el sentido de que iniciaría una huelga de hambre en protesta por la persecución que se orquestaría desde el gobierno estatal contra él y sus colaboradores ha provocado más burlas y escarnio que reacciones y opiniones en serio.
Con su declaración escrita del pasado jueves, Javier Duarte no logró más que intensificar la andanada de memes en su contra: que no es huelga de hambre, sino dieta; que se trata de un intento de fuga kilo por kilo… las reacciones que se observan son más de ironía y mofa que de preocupación por su estado de salud, que parece no importar demasiado, al menos por el momento.
Duarte notificó oficialmente al sistema penitenciario de la Ciudad de México el inicio de ese ayuno por la noche del jueves; sin embargo, no existe un registro sobre cuál fue la hora en que dejó de alimentarse; se ha especulado que su última comida fue por la tarde de ese día, aunque otras versiones apuntan a que fue por la mañana.
Como sea, el caso es que el reo ha dejado de comer desde hace cuatro días y sólo es apoyado con hidratación y con revisión y vigilancia médica constante.
En el Reclusorio Norte se reporta que su estado de salud sigue estable y que se le suministra agua, limón y miel, en los términos del Protocolo de Malta, sobre personas que en reclusión deciden dejar de comer.
Al respecto, valdría la pena comentar que a diferencia de otros casos, incluso históricos, de personas que optaron por la huelga de hambre, Javier Duarte no plantea como motivación causas elevadas (como los derechos humanos, defensa de sectores vulnerables o prácticas antidemocráticas), y ello hace parecer su determinación de ayuno como parte de su estrategia desesperada de defensa, en un caso en el que el ex gobernador se hunde cada vez más: las denuncias por actos de corrupción durante su administración estatal.
En México, por cierto, tenemos el antecedente del ex mandatario Carlos Salinas de Gortari, quien en 1995 inició una huelga de hambre en protesta por la detención de su hermano Raúl, en un ayuno que duró 36 horas más o menos, marca que Duarte ya ha duplicado.
Ahora bien, en huelgas reconocidas por su relevancia histórica tenemos el caso de Mahatma Gandhi, político y pacifista de India, que es probablemente el caso más emblemático; en esa lista figuran también la israelí Golda Meir; el anarquista español Amadeu Casellas; la exguerrillera nicaragüense Dora María Téllez; la colombiana Ingrid Betancourt; Evo Morales, de Bolivia; el cubano Guillermo Fariñas; y más recientemente los venezolanos Daniel Ceballos y Leopoldo López.
Ninguno de ellos, por cierto, tuvo la motivación y el argumento del encarcelamiento; y ninguno había sido señalado por corrupción, abuso de autoridad o enriquecimiento ilícito.

¿Presos políticos?, más bien políticos presos
Javier Duarte es uno de los pocos casos de personas que deciden recurrir a la huelga de hambre como un estrategia de defensa mediática y política; dice que es perseguido y que él y sus ex colaboradores recluidos son “presos políticos”, como si haber ocupado cargos públicos y estar actualmente encarcelados les diera en automático esa categoría; debería saber el ex gobernador que no es lo mismo un preso político que un político preso; el primero es un sujeto encarcelado por sus ideas opuestas al sistema; el segundo es un ladrón de cuello blanco, una persona que se enriqueció con dinero público o que incurrió en actos delictivos durante el desempeño de su cargo. @luisromero85}

Este es el ejemplo de un texto alternativo

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here