San Bruno, a 93 años de la matanza del 28 de agosto

Francisco De Luna / Hora Cero

Xalapa, Ver.- Hace 93 años, el 28 de agosto de 1924, se registró un hecho sangriento que marcó la historia de Veracruz y dio nombres a calles a uno de los barrios más populares de la capital, “San Bruno”.

En esa fecha, los líderes de la fábrica de textil fueron secuestrados y luego asesinados. Al paso de los años, en memoria de los empleados que fueron luchadores sociales, el acceso principal lleva por nombre “Mártires del 28 de Agosto”.

Las condiciones inadecuadas llevaron a los empleados a exigir a los patrones horarios justos y aumento salarial, peticiones que se lograron luego de seis meses de huelga en 1927.

En esta empresa, las jornadas eran de hasta 15 horas al día para lograr la producción. Y el descanso, sólo de vez en cuando. En el papel los trabajadores tenían un día de descanso, pero en la práctica esto casi nunca se llevaba a cabo.

En aquel tiempo los bandos de dividían en comunistas y capitalistas, y los obreros eran seguidores de la doctrina comunista. A pesar de la sangre, de las imposiciones y hasta de los desaparecidos, lograron defender sus ideales y mantener su centro de trabajo, que los capitalistas intentaron clausurar.

La textilera cerró en 1990 y el sindicato de los trabajadores desapareció un año después. A principios del siglo XX, la ciudad de Xalapa se convirtió en una de las textileras de mayor importancia en el país.

La historia de este inmueble se palpa y se siente en cada uno los pasillos, en los acueductos, en la chimenea, también en el área conocida como “La Bolsa del Diablo” lugar anexo a la empresa donde las familias que trabajaban para ella vivían hacinados; ahí también nacieron hijos de los trabajadores.

Entre los muros del inmueble de la antigua fábrica de textil “San Bruno” se encierran las historias de luchas sindicales. Ahí resuenan los ecos laborales que datan de 1852.

Pero las décadas transcurrieron hasta convertir al lugar en guarida de pandilleros que al paso de los años destruyeron y “pintaron” sus propias leyendas urbanas.

Recorrer el sitio es perderse entre laberintos, cada puerta conduce a otra, da paso a cuartos espaciosos, pero también a pasillos reducidos, ahí donde la vista se pierde entre los paredones con amplias ventanas y muros destruidos.

El edificio es muy antiguo, las paredes están carcomidas, húmedas y grisáceas; la hierba se ha apoderado de los cimientos; hierba que se aferra a ellos como la historia y los relatos que parecen atrapados en las tres hectáreas que integran este predio.

En este lugar la historia se mezcla con la vida urbana, donde los rayones y grafitis cuentan momentos de inseguridad, peleas callejeras, de amores clandestinos y el consumo de drogas.

Adentro aún quedan las evidencias de la producción de telas, hay hilos, algodón, rondanas, herrería de la maquinaria, los pozos donde se coloreaban los telares, el silbato de la fábrica, así como fotografías en sepia, blanco y negro; también planos e imágenes de los jornaleros.

El recorrido por la fábrica lo hace el reportero en compañía de los colonos que intentan rescatar del edificio para que sea nombrado monumento histórico y se conserve el área que en algunas partes se ha caído a pedazos.

La fábrica se ubica en la calle “Mártires 28 de agosto” donde anteriormente la congregación llevó por nombre “Molino de la Pedreguera”; actualmente entre el terreno de “San Bruno” han sido localizados pilares elaborados con piedra volcánica que podrían ser parte de las herramientas de la molienda.

Entrar a la extinta fábrica es como adentrarse a una zona de guerra, donde gran parte del inmueble está destruido. El techo de uno de los espacios se ha desplomado por completo y sólo han quedado las columnas endebles; todo ello empeoró por el saqueo de cobre y bronce.

Durante la década de los 90 cuando el inmueble quedó completamente en el abandono, los pandilleros se apoderaron del lugar. De acuerdo con las leyendas urbanas en uno de los túneles fueron encontrados seis cadáveres, sin embargo nunca se supo más de la situación.

Los vecinos se organizaron desde el 11 de abril 2014 para limpiar la zona, donde había ropa percudida de vagabundos, colchones, latas de aerosol con los que fueron marcados los territorios, también sacaron y removieron pedazos de concreto, vidrios y pedazos de muros.

Ahora el lugar es frío, pero se siente la presencia de quienes alguna vez lo habitaron, laboraron en él y reclaman su espacio en la historia.

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