Veracruz, segundo estado con más menores que viven con sus madres en prisiones

Redacción

De acuerdo con un trabajado elaborado por el Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República, Veracruz es la segunda entidad del país con mayor población de menores de seis años que viven en centros penitenciarios.

Dicho trabajo establece que 52 menores veracruzanos viven con sus madres en cárceles ubicadas en territorio estatal.

El primer estado de esa lista es la Ciudad de México, donde 105 niños se encuentran en esa situación.

Las primeras cinco entidades con más población de menores que acompañan a sus madres en la reclusión en centros penitenciarios son Ciudad de México, Veracruz, Guerrero, Tamaulipas y Estado de México.

De acuerdo con el Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatales 2015, en 2014 había 549 menores de 6 años viviendo con sus madres en los centros penitenciarios en el país. De ellos, 247 tenían menos de un año; 126, un año; 94 niños tenían la edad de 2 años; 53, 3 años; 16, cuatros; y 13 niños tenían cinco años.

El Informe de la CNDH sobre mujeres internas de 2015, establece que en 10 centros de los estados de Baja California, Chiapas, Distrito Federal, Jalisco, Nayarit, San Luis Potosí, Yucatán y Zacatecas, no se permite la estancia de menores de edad con sus madres internas.

La legislación nacional aplicable a los casos de niñas y niños que viven con sus madres en prisión abarca desde la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos hasta la Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes y la Ley Nacional de Ejecución Penal.

En el caso de Veracruz, la Ley Número 573 de Ejecución de Sanciones y Reinserción Social para el Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave, de 2012, establece, en su Artículo 5, que los sentenciados gozarán de los derechos siguientes: … X. Tener las mujeres bajo su cuidado a sus menores hijos durante el período de lactancia, con la supervisión de la Dirección.

La investigación del Instituto Belisario Domínguez apunta que el número de mujeres en los reclusorios o centros de readaptación social ha ido en aumento en nuestro país.

En el caso de las madres que están encerradas, una de esas consecuencias es la situación de invisibilidad que viven día con día los hijos.

Los hijos de madres reclusas presentan un desarrollo diferente, y la brusca separación que tienen de sus madres es también, causante de discriminación a esos menores.

En el Informe Especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre las Mujeres Internas en los Centros de Reclusión de la República Mexicana se menciona la “preocupación por las condiciones y el trabajo que se brinda a las mujeres que se encuentran privadas de la libertad y a los niños y niñas que viven con sus madres internas, a partir de una evaluación a los centros de internamiento donde se alojan”. De ahí que la propia CNDH estime necesario que la autoridades tomen medidas y acciones para que se garantice el pleno respeto a los derechos humanos de estas personas.

En ese sentido, en el informe de 2013 se muestran datos sobre centros de reclusorios en el país. Se supervisaron 81 centros de reclusión, 70 con población mixta y 11 exclusivos de mujeres. En el “Informe Especial sobre el Estado que Guardan los Derechos Humanos de las Mujeres Internas en Centros de Reclusión de la República Mexicana” se pronunció la transgresión de derechos fundamentales tanto por irregularidades en instalaciones, como por las deficiencias en servicios de alimentación, atención médica, entre otros.

En ese tiempo, la población penitenciaria ascendía a 249,912 personas y únicamente 5.08% (12,960) correspondía a mujeres, de las cuales 9,529 era población penitenciaria del fuero común (5,019 en proceso y 4,510 sentenciadas) y, 3,161 del fuero federal (1,866 en proceso y 1,295 sentenciadas). La diferencia en la cantidad de hombres y mujeres reclusas ocasiona, en sí misma, una desigualdad en la toma de decisiones en los centros penitenciarios. Es decir, las políticas públicas se enfocan en las necesidades de los hombres, primordialmente.

Además, en diversos centros de readaptación, las internas no tienen un trato digno, ya que sufren de maltrato físico y psicológico (abuso sexual, golpes, amenazas, humillaciones, tratos discriminatorios). Por otro lado, en 51 centros de los observados por la CNDH se encontraron deficiencias en cuanto a condiciones materiales (no hay planchas para dormir, poco mantenimiento a servicios sanitarios, condiciones de ventilación deficiente, presencia de fauna nociva como cucarachas, chinches, ratas o moscas).3 , respecto de las áreas o espacios para actividades o servicios; y, respecto de la desigualdad en las instalaciones destinadas a las mujeres en los establecimientos mixtos (65 establecimientos). También se observaron deficiencias en la alimentación, sobrepoblación y hacinamiento, entre otros.

Asimismo, en el tema de legalidad y seguridad jurídica existe el autogobierno, cobros y privilegios, prostitución, inadecuada separación y clasificación, irregularidades en imposición de sanciones disciplinarias, entre otros elementos ilegales.

Lo anterior demuestra que, en general, los centros de readaptación social son, en realidad, centros donde se violentan frecuentemente derechos humanos tanto de hombres como de mujeres. Sin embargo, las mujeres siguen siendo mayormente vulneradas y discriminadas en este ámbito.

Ahora bien, si las mujeres son violentadas en sus derechos más fundamentales dentro de los centros penitenciarios ¿Qué sucede con los menores que viven con ellas? ¿Tienen condiciones dignas para vivir?

De acuerdo con el Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatales 2015, en el año 2014 había 549 menores de 6 años viviendo con su madre en los centros penitenciarios en el país.

Del total, 247 niños tenían menos de un año, 126 un año, 94 niños tenían la edad de 2 años, 53 tenían 3 años, 16 cuatros años y 13 niños tenían cinco años. La gráfica 1 muestra el número de menores viviendo con sus madres en los centros penitenciarios de cada estado.

Los centros penitenciarios del Distrito Federal (ahora Ciudad de México) tienen más cantidad de menores de 6 años viviendo con sus madres que cualquier otra entidad. Le siguen Veracruz, Guerrero, Tamaulipas, Estado de México y Chiapas; con 105, 52, 51, 41, 32 y 31 respectivamente.

Asimismo, se puede notar que el grupo de los niños menores de un año representa 44.9% del total de los menores viviendo en centros penitenciarios con sus madres y el resto se reparte entre los grupos de edades más avanzadas. Lo anterior se relaciona también con la legislación aplicable ya que, como se analizará más adelante, los menores pueden estar con su madre hasta los tres años.

A pesar de las cifras anteriores, conforme al mismo Informe de la CNDH sobre mujeres internas de 2015, “en 10 centros de los estados de Baja California, Chiapas, Distrito Federal, Jalisco, Nayarit, San Luis Potosí, Yucatán y Zacatecas, no se permite la estancia de menores de edad con sus madres internas, lo que, por supuesto vulnera el derecho de los menores de estar y convivir con sus madres, así como el interés superior de la infancia”.

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