A un mes del sismo del 7 de septiembre Juchitán está devastado y huele a olvido y soledad

Francisco De Luna / Hora Cero

Juchitán, Oaxaca.- Las enfermedades y la migración son la otras desgracias que trajo el sismo del 7 de septiembre en Juchitán, Oaxaca. Las familias comenzaron a abandonar sus viviendas, mientras otras esperan a que éstas terminen de caer, para buscar otros horizontes.

Son decenas de familias que ahora viven en las calles, bajo cubiertas de lona y camas improvisadas las cuales desde hace un mes les ha servido como refugio.

Aquí los damnificados se solidarizaron para cuidarse unos a otros. Cuentan que los temblores en esta región del Istmo, no han cesado y tienen miedo que la desgracia sea peor.

Las cicatrices del temblor están marcadas en cada una de las casas. Las paredes están partidas, otras dan la impresión de que hubieran sido bombardeadas. Las nueve secciones de Juchitán quedaron destruidas.

El terremoto no sólo destruyó las casas, también rompió sus esperanzas, porque sus patrimonios que con tantos sacrificios levantaron quedaron reducidos a la nada. “Ahora es puro escombro, puro cascajo” dijo con tristeza la señora Gabriela Luis López.

Su vivienda estaba marcada con el número 52 de la calle Cuauhtémoc, en la Octava Sección de Juchitán. La casa se perdió en su totalidad.

En ella vivían sólo dos mujeres de 85 y 74 años de edad quienes la noche del temblor, dormían, pero salieron ilesas. Desde ese día duermen en el patio acompañadas de otros familiares que también se han quedado sin nada.

La orilla del río así como solares baldíos y las calles se convirtieron en albergues.

Hay quienes no soportaron ver la destrucción de sus hogares y prefirieron migrar hacia ciudades como México, Veracruz, Boca del Río, Xalapa, Coatzacoalcos, Minatitlán o buscaron refugio con familiares en otras entidades del país.

A las enfermedades gastrointestinales y de la piel hay que agregar los mosquitos transmisores del zika, dengue y chikungunya.

Es la tarde del domingo 8 de octubre. Los sismos en Juchitán no han cesado. Ha pasado un mes con un día y el miedo aún está presente. En el fondo, nadie quiere abandonar sus casas y perder lo poco que les queda pero saben que al final tendrán que emigrar.

Las familias juegan barajas, comen, se comparten los víveres, descansan y otras han optado por terminar de derrumbar las paredes y quitar los fierros retorcidos de sus hogares. Se trata de las escenas de devastación que predominan en la Sección Octava de Juchitán.

Ahora, sobreviene el otro drama: el agua ha comenzado a escasear, los pozos que garantizaban el suministro del líquido se han secado porque se agrietaron con los últimos dos temblores. Juchitán está devastado.

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