Cuando la vida avanza sobre una silla de ruedas

Francisco De Luna

Xalapa, Ver.-La vida de Arturo Grajales Domínguez avanza sobre una silla de ruedas. Una chamarra color guinda, el cabello que empieza a pintar algunas canas y su estatura que no rebasa un metro 20 centímetros, caracterizan a este personaje urbano de la ciudad de Xalapa.

Cuenta con mucha tranquilidad y confianza que la deformidad de sus extremidades, tanto en manos como pies, se deben a la poliomielitis –según los dictámenes médicos-.

Él tiene 41 años de edad, es originario de la comunidad de Chicuasén, municipio de Actopan. Tiene abuelos, viven su mamá y papá, es el mayor de cinco hermanos; tres hombres y dos mujeres.

Se levanta a las 05:30 de la mañana, llega a Xalapa las 07:15. Relata que es complicado subir al transporte público, pero como se ha convertido en una persona muy popular y estimada, los mismos choferes y pasajeros le ayudan a sortear cada obstáculo.

Viaja todos los días a la capital veracruzana. Las primeras ocasiones se instalaba en la Plaza Crystal para pedir el apoyo económico de los transeúntes, pero actualmente se ubica en el pasillo de la calle Juan de la Luz Enríquez, frente al popular café La Parroquia.

Ahí sus amistades, son los mismos trabajadores de la cafetería, pero también de algunos reporteros que cubren esa fuente informativa “me hacen bromas, pero yo también los hago repelar”, relata y después le da un sorbo al lechero con doble carga de café.

Su mejor amistad es con Toby, un compañero de los medios de comunicación, a quien agradece por todo el apoyo que de él recibe “me ayuda a subir al taxi, siempre está al tanto de mí”, dice Arturo, sentado en esa pequeña silla de ruedas.

Es la única herramienta que tiene para desplazarse, pero esta se nota un tanto desgastada, en llantas, frenos, asiento y manubrios.

Arturo sonríe constantemente, sacude los pies, se le nota nervioso –no está acostumbrado a las entrevistas-, aunque refiere que le gustaría ser más expresivo como los funcionarios y líderes de opinión que a diario observa cómo desfilan por las mesas para hacer pronunciamientos sobre la política veracruzana.

Describe que primero avanzaba con muletas, pero cuando cumplió 20 años comenzó a utilizar la silla. Aunque en su infancia sus padres eran quienes a cuestas lo llevaban a la escuela primaria y le apoyaban para que pudiera realizar casi todas sus actividades.

Recuerda que nació sin ninguna complicación –pues el parto fue normal-. Comenzó a caminar a pocos meses de haber cumplido un año, pero cuando tuvo cuatro, sufrió un accidente. Se cayó de la cama y su cadera fue la que recibió el golpe más fuerte.

Fue en ese instante que inició con molestias en la pierna, después otra, posteriormente la cadera y finalmente los brazos.

“Me pegué en la columna, días después el cuerpo se me fue desfigurando, los pies los tenía encogidos, no los podía estirar”, relata y muestra el pie izquierdo y el zapato más ancho de la suela que le ayuda a nivelar su postura.

Él y su familia creen que éste también es uno de los motivos que provocaron la deformidad, aunque confían más en la versión médica que indicó, se trata del virus de la poliomielitis.

Arturo nació el 16 de noviembre de 1976 y en 1980 su vida comenzó a cambiar. Pero también recuerda que nada lo detuvo para poder estudiar hasta el sexto grado de primaria donde se destacó en matemáticas y también en sus participaciones para declamar.

Dejo de acudir porque sus padres trabajaban y la abuela era la única que podía ir por él a la escuela “pero me tenía que cargar y ya no podía hacerlo, sentí feo y por eso decidí abandonar los estudios”.

Entonces optó por colocar un puesto de caramelos. En una mesa y frente a la puerta de su casa instaló el negocio provisional.

A los pocos años tuvo muletas, pero sufrió tres accidentes pues al no tener fuerza en los brazos caía constantemente. Fue a los 20 cuando tuvo la silla de ruedas y ahora en ella ha hecho su vida.

“Veo la vida normal, no me aflijo ni me desespero y la vida la tomo como Dios me la dio, porque así quiso él…siempre estoy contento…” dice y mira a la cámara mientras le da otro sorbo al lechero. Sostiene el vaso con sus dedos cortos, pero poca dificultad asegurando que podrá estar un tanto discapacitado de las extremidades, más no de su mente.

Sus ojos tienen carnosidad, el derecho es el más afectado pues desde hace diez años inició con los problemas de la vista. Pide el apoyo de las autoridades estatales

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