Tengo que pedalearle todos los días: Carlos Morales Tapia

Xalapa, Ver.- Desayunamos un día de diciembre en La Casona del Beaterio, un restaurante del Centro Histórico de Xalapa, que visito desde que mi amigo, el doctor Víctor Antonio Tejeda-Moreno, me invitaba a degustar huevos rancheros tiernos con tocino, para conversar sobre filosofía, teología y política.

Él tomaba café americano y yo pedía un lechero, que Héctor Hernández nos traía diligentemente.

En la mesa de junto, cada sábado, nos encontrábamos al ingeniero Liberato D’Arcángelis con su grupo de amigos —“los ingenieros”, decía Tejeda— para quienes desfilaban jarras y jarras de café, mientras platicaban amenamente por largas horas.

Ahí, atendidos también por Héctor, muy cerca de la mesa de Tejeda, que diviso con añoranza, converso con Carlos Morales Tapia, un periodista veracruzano que me cuenta de sus primeras lecturas, de su natal Córdoba, de sus estudios de Biología en Peñuela, hasta su paso por las aulas de Letras Españolas, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Mientras esperamos unos huevos motuleños que él pidió, y mis “rancheros” de siempre”, le comento que lo conocí allá en los albores del nuevo siglo, cuando viajábamos de Xalapa a Papantla, para cubrir Cumbre Tajín, a invitación del gobierno de Miguel Alemán Velasco.

Lo recuerdo, en efecto, sentado en el vehículo de prensa, pegado a la lectura de algún libro.

“Aprendí a leer a los cinco años”, me dice. Sus primeras lecturas fueron los cómics de Conan el bárbaro, Kalimán y Lágrimas y risas, esa revista de historietas románticas publicada por Editorial Argumentos.

Yo también leí Kalimán, El Águila Solitaria y los libros Vaquero y Policiaco, le digo, mientras disfrutábamos del café que humeante inundaba nuestros sentidos y el iluminado pasillo de este típico restaurante xalapeño.

“Leí cómics, añade, hasta que descubrí una caja con libros de la secundaria de un primo que me llevaba diez años. Ese día se acabaron los cómics”, refiere.

Aunque nació el 23 de junio de 1969, sus padres —me cuenta Carlos— estuvieron involucrados en el movimiento del 68 y él, de alguna manera, en su infancia, escuchó ideas de izquierda y de lucha social, en la casa paterna.

No fue fortuito, que el primer libro o quizá el que más le impactó, en su primera juventud, haya sido La batalla de Nicaragua, de Ernesto Cardenal, Gabriel García Márquez, Gregorio Selser y Daniel Waksman Schinca.

Ahí, conoció de primera mano, la experiencia de la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Cuando llegué al texto de Gabriel García Márquez —Los sandinistas se toman el Palacio Nacional de Managua— me quedé en wow, impactado, enmudecido, absorto”, dice Carlos Morales Tapia.

Luego llegaron Cuba libre, de Eduardo del Río “Rius”y otros títulos de este célebre y mordaz autor: Marx para principiantes, Los Supermachos, Cuba para principiantes, La Panza es Primero, La trukulenta historia del Kapitalismo, entre otros.

Esas fueron sus primeras lecturas, hasta llegar a Jorge Cuesta, su paisano, su poeta de cabecera, quizá el más grande e inteligente de los escritores de su generación.

Cuando estudió en la Escuela Secundaria y de Bachilleres de Artes y Oficios (ESBAO) de Córdoba, fundó, junto con otros compañeros, entre ellos Mario Martell, Procesito, el primer proyecto periodístico en el que se involucraría.

Después pasaría por la redacción de El Mundo de Córdoba, en su tierra natal, hasta seguir su vocación por las letras, que lo llevarían a publicar dos cuadernos de cuentos y dos de poesía.

En sus registros históricos, Charly Morales cuenta haber participado en el primer streaming que se transmitió en la Ciudad de México, promocionando un partido de los Burros blancos del IPN contra los Pumas de la UNAM.

“Fue una experiencia única, de 15 minutos, donde apenas se lograron colgar 150 personas”, indicó.

Luego en Xalapa, dirigió un programa, también por streaming, que denominó “El ombligo de la luna”, siguiendo un símil de la radio española, en donde ponía música de José Alfredo Jiménez, leía poesía y comentaba temas con trasnochados. En sus transmisiones, de audio, también las primeras de la web, se llegaban a colgar unas 80 personas.

Hoy, con una larga trayectoria periodística, desde su blog Yo acuso Multimedios, Carlos Morales Tapia sigue, apasionadamente, describiendo la realidad, comentándola, criticándola, buscando sobrevivir en este, uno de los oficios más apasionantes del mundo.

“Tengo que pedalearle todos los días”, me dice, apresurando los últimos sorbos de café, porque ya tiene que seguirle a la chamba, alguna conferencia de prensa, una sesión en el Congreso o alguna cita con algún político o funcionario que tiene interés en charlar con él.

“Tengo que pedalearle todos los días”, refiere, ofreciéndome visitar la casa de su ex esposa, para conseguirme algún cuaderno de cuentos o de la poesía que escribió en ediciones ya agotadas.

Se despide de mi mesa, mientras Héctor me trae la cuenta y yo escucho, en la música ambiental, la famosa canción de Pedro Navajas, escrita por Rubén Blades y que interpretó por primera vez Willie Colón desde 1978. (Miguel Valera Hernández).

Posted by Miguel Valera on Tuesday, January 23, 2018

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