Rinden homenaje al ex gobernador Rafael Hernández Ochoa

Redacción

Xalapa, Ver. El gobierno del estado rindió este viernes un homenaje luctuoso al ex gobernador veracruzano Rafael Hernández Ochoa.

Al recordar el vigésimo octavo aniversario del ex ejecutivo estatal, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares destacó:

“Hoy, nos congrega un homenaje a un gran gobernador, al licenciado Rafael Hernández Ochoa. Venimos a homenajear a quien se distinguiera por su capacidad, por su honestidad, por su entrega a Veracruz, como gobernador.

Pero quisiera que recordáramos también, en esta mañana, al ser humano, al hombre que amó con toda intensidad a Veracruz; que recordáramos al Rafael Hernández Ochoa de carne y hueso.

Yo tuve el honor de iniciar mi carrera con el licenciado Rafael Hernández Ochoa.

Él nos abrió las puertas del servicio público a cientos de jóvenes veracruzanos; a muchos jóvenes que queríamos servirle a Veracruz y que no encontrábamos una puerta para hacerlo.

Él abrió las dos puertas; incorporó a su Gobierno a jóvenes que recién egresábamos de la Universidad Veracruzana, y lo hizo no sólo para darnos la oportunidad, sino también para ejercer lo que, estoy seguro, fue su verdadera vocación, la vocación de maestro.

Hernández Ochoa fue, en efecto, un gran gobernador, y me referiré a algunas de sus obras; pero también fue un extraordinario maestro, y diría que sigue siendo, hoy, maestro de los veracruzanos que vivimos este momento histórico; por su ejemplo, por su enseñanza, por su legado.

Recuerdo muy bien sus lecciones diarias de geografía; no había nadie que conociera el territorio veracruzano como él.

Lo conocía porque lo había transitado por tierra: en vehículo, a caballo, de todas maneras; lo conocía por aire, lo conocía caminando; conocía la geografía física y humana de Veracruz, sabía cómo era la gente de cada región, cómo era cada punto de Veracruz.

Y le gustaba enseñar, le gustaba dialogar con los jóvenes y mostrarnos ese Veracruz que él conocía y quería como nadie; pero era un gran maestro también de historia. Conocía, como pocos, la historia de Veracruz y la historia de México.

Igualmente, sabía de Derecho; fue un gran abogado, un hombre que, sin duda, llega a la gubernatura de Veracruz con una formación amplísima, que aquí ya detalló el Secretario de Gobierno; ocupó cargos de alta relevancia en el Gobierno Federal y eso le hizo llegar con la madurez que debía llegar al Gobierno del Estado.

Recuerdo muchos momentos al lado de Hernández Ochoa; siempre que lo recuerdo, y lo recuerdo con mucha frecuencia, me emociono y recuerdo en él a mi maestro, a quien me dio la mano, pero también al ser humano al que yo quería y a quien él quería; una relación de afecto, una relación profunda, que duró por siempre.

Don Rafael le dejó a Veracruz un importantísimo legado. El primero, y muy relevante, llegó a ser gobernador bajo el lema, bajo el principio de que buscaría la unidad y el trabajo de los veracruzanos. «Unidad y trabajo» fue el lema de su campaña y gobernó con esa divisa; logró unirnos a los veracruzanos y trabajó intensamente en beneficio de Veracruz.

Dejó una obra pública relevante; en efecto, buena parte de esa obra pública se expresó en carreteras y caminos; puso especial interés en comunicar al estado.

Pero no es en la obra pública donde se refleja lo mejor del legado de Hernández Ochoa; hay un tema que, en el momento en que Hernández Ochoa toma posesión como Gobernador, nadie, absolutamente nadie, estaba interesado, un tema en el que nadie estaba interesado: el de la conservación ecológica de los recursos naturales.

Desde el primer día, desde el primer evento de campaña, en Pánuco, lo recuerdo, don Rafael habló de la urgencia de conservar los recursos naturales de Veracruz.

En el segundo evento, en Tempoal, volvió a hablar de lo mismo; en Tantoyuca, nuevamente se refirió al tema, y así fue toda su campaña.

Y su gobierno se distinguió por eso: por luchar de tal manera que esta belleza de Veracruz, que esta riqueza de recursos naturales en Veracruz no sólo no se perdiera, sino que lográramos recuperar todo aquello que se había perdido.

Y para hacerlo, logró, a pesar de que no tenía plenas facultades constitucionales, expedir la primera ley que tuvo como objetivo preservar los recursos naturales de Veracruz.

Y también, para materializar esta decisión de luchar en favor de la naturaleza y de los bienes y recursos naturales de Veracruz, tomó decisiones importantísimas, que lo pintan de cuerpo entero; comento dos, que me tocó vivir de cerca.

Un día, le ofrecen en venta el Rancho Guadalupe, pegado a Xalapa; una de las mejores propiedades por su entorno ecológico, por su riqueza natural, con una casa de muy buenas dimensiones. Se lo ofrecen para él, en lo personal, para que él adquiriera un rancho.

Dice: «sí, lo adquiero, pero será para que se instale en ese lugar el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos», lo que hoy es el Instituto Nacional de Ecología. Ése era Rafael Hernández Ochoa.

Y recuerdo muy bien, un día, me pide que vayamos a su rancho, aquí por la zona de Vega de Alatorre, en Santa Gertrudis, y nos convoca a dos de sus colaboradores, al licenciado Othoniel Rodríguez Bazarte, un gran veracruzano, que fuera Procurador, y que en ese entonces era asesor jurídico de don Rafael.

Convoca también a Gerardo Guzmán Araujo, que era su secretario particular, y me hace el honor de convocarme a mí.

Llegamos a Santa Gertrudis, nos hospedamos en una casa modestísima, que era la casa del gobernador.

Al día siguiente, por la mañana, muy temprano, 4 y media, 5:00 de la mañana, uno de sus auxiliares llegó a tocar la puerta de la recámara donde dormíamos los tres, el licenciado Rodríguez Bazarte, Gerardo Guzmán y yo.

Me dijo: «el Gobernador del Estado le quiere invitar a escuchar una sinfonía». Recuerdo perfectamente bien, era un domingo. Me levanté, me vestí y salí sorprendido; dije: «seguramente hay un error; regresaremos a Xalapa y habrá, hoy por la tarde, en Xalapa, una presentación de la Sinfónica».

Cuando salí de mi habitación, estaba don Rafael esperándome, listo para montar un caballo; apenas empezaba a amanecer. Nos dirigimos hacia un lugar donde había una naturaleza, un monte totalmente cerrado; nos bajamos del caballo, le pidió al ayudante que se quedara.

Entramos a través del monte; él, abriendo con una vara, hasta llegar a un lugar desde donde se veía perfectamente el amanecer y se escuchaba el susurro del viento y la caída del agua.

Al llegar, me dijo: «calla y escucha, escucha la sinfonía de la naturaleza, que es la más bella sinfonía».

Y ese mismo día, me ordenó que ese rancho se afectara a un fideicomiso, de tal manera que para siempre se conservara de la manera en que estaba y se recuperara todo lo que se había perdido como consecuencia de la explotación ganadera.

Recuerdo bien que Teresita, preocupada por su futuro, preocupada por su patrimonio, me dijo: «Migue, haz pensar a Rafael en su decisión». Y don Rafael mantuvo su decisión, y ese rancho, que era su patrimonio, se destinó a la conservación ecológica de los recursos naturales de Veracruz. Ese era Rafael Hernández Ochoa.

Podría hablar muchas horas de él, y podría hablar de obras y podría hablar de acciones, pero me referiré a instituciones. Fue un creador de instituciones; parte de su legado se refleja en instituciones jurídicas, en códigos, en leyes, en reformas constitucionales.

Si hablamos de educación, don Rafael impulsa y logra que el Congreso del Estado apruebe una Ley de Educación de avanzada. Si hablamos de ecología, se crea la primera Dirección de Asuntos Ecológicos, en todo el país.

Si hablamos en materia penal, se expide el Código Penal más avanzado en esa época, coordinado por el licenciado Celestino Porte Petit, el mejor penalista mexicano, cordobés de origen.

Si hablamos de desarrollo político, se reforma la Constitución de Veracruz para crear la figura de regidores de representación proporcional; la más avanzada en todo el país.

Podríamos hablar de muchas otras cosas, pero algo que debemos significar, y que forma parte de este legado importantísimo de Hernández Ochoa, es su honestidad plena y su austeridad total.

Fue un gobernado que salió de Veracruz sin robar un peso a los veracruzanos, que vivió con austeridad y con total modestia; que cuando murió, sus bienes, su herencia era tan limitada que no permitía ni siquiera la subsistencia de Teresita y de sus hijos.

Así se condujo Rafael Hernández Ochoa; manejó el dinero de los veracruzanos, manejó los recursos de los veracruzanos con total y absoluta honestidad, y tuvo siempre como distintivo el conducirse con respeto a las instituciones.

Hoy, se cumplen 28 años de que Don Rafael perdió la vida, y me siento muy honrado, como Gobernador, como amigo, como discípulo de Hernández Ochoa, en tener la enorme oportunidad de venir a rendirle homenaje.

Termino mi intervención recordando mis últimos momentos con Hernández Ochoa, hace 28 años.

Él murió un sábado; el viernes previo, nos reunimos a comer en la Ciudad de México. Estaba, en ese momento, desempeñando un cargo en la Secretaría de Agricultura; era Coordinador de Asesores.

Me invitó a comer, nos reunimos; yo llegué un poco tarde, y en la síntesis de prensa de la Secretaría había escrito, con esa letra extraordinaria y con esa sintaxis que tenía, había escrito su renuncia al cargo y una carta al Presidente de la República, explicándole las razones de la renuncia.

Llegué, me las mostró, me pidió que las leyera, y me dijo: «he tomado la decisión de renunciar, porque tengo que estar más cerca de Teresita y de mis hijos».

Él y Teresita vivían en un modestísimo hotel, en la calle de Álvaro Obregón. Don Rafael estaba con ella entre semana, en la Ciudad de México, y el fin de semana iba a Querétaro, donde vivía.

Me dijo: «voy a renunciar y voy a dedicarle más tiempo a María y a Jerónimo, y a doña Terry», como él le decía a Teresita. «Estaré muchos más tiempo en Querétaro; vendré a la Ciudad de México sólo cuando sea indispensable, no perdamos el contacto».

El sábado, por la mañana, me llamó, antes de salir a Querétaro, para sugerirme que viéramos a un médico en Puebla, porque uno de mis hijos estaba enfermo.

Yo fui a Durango y, al regresar de Durango, me esperaba un auxiliar, en la puerta del avión, para informarme que don Rafael había perdido la vida, en un accidente, en la autopista a Querétaro.

Ahí mismo, convoqué a un querido amigo de don Rafael, a Jorge Pasquel, que lo acompañó muchos años de su vida.

Fuimos Jorge y yo, y llegamos a Polotitlán, y ahí estaba el cuerpo de mi querido amigo y jefe Rafael Hernández Ochoa, en el anfiteatro de Polotitlán; vestido con las mismas botas de cierre cafés, que usó durante muchos años, y con una chamarra caqui, de algodón, que yo le había regalado.

Ahí estaba el hombre que le había servido a México y a Veracruz; que había perdido la vida en un modesto vehículo.

Me pareció terrible, me pareció injusto; me pareció que don Rafael tenía todavía tenía mucho que darle a su familia, mucho que darle a México; pero así es la vida.

A partir de ese momento, hicimos lo que teníamos que hacer: procurar que don Rafael recibiera el trato digno que merecía, pero sobre todo preocuparnos por Teresita, que estaba gravemente herida.

Hoy, el recuerdo de Hernández Ochoa me emociona, me conmueve y trato, en mi actuar cotidiano como Gobernador, de tener presente su enseñanza; su enseñanza de honestidad, de austeridad, de cercanía; su enseñanza de apego a la Constitución, como en este monumento lo vemos; su enseñanza de apego al Estado de Derecho.

Eso es lo que Rafael Hernández Ochoa me enseñó y eso es lo que hoy, como Gobernador, trato de aplicar. Homenaje a Hernández Ochoa como gobernador, homenaje a un gran veracruzano, homenaje a un gran ser humano.

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