La vuelta a Veracruz en un teclazo

Barcelata, contra la cultura

Por Yamiri Rodríguez Madrid

Abraham Oceransky es una institución del teatro en México. En Xalapa, el director teatral y dramaturgo ha echado raíces. Más de 80 obras puestas en escena en América, Europa, multigalardonado más allá de nuestras fronteras.

Su genuina pasión ha hecho que a lo largo de las décadas y, con sus propios recursos, habilitara más espacios para el teatro: la Carpa Alicia, en el Auditorio Nacional (1969-1971), Teatro el Galeón (1970) y Teatro T (1976) en Ciudad de México; Teatro Estudio T (1989) y Teatro de la Facultad de Teatro (1987) en Xalapa y La libertad (2009).

Desafortunadamente este último cerró sus puertas hace unos días después de que el director del Instituto de Pensiones del Estado (IPE), Hilario Barcelata Chávez, acusara legalmente al maestro, prácticamente de ladrón.

El doctor en Finanzas Públicas, consentido economista en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, exigió la devolución del inmueble ubicado Ignacio de la Llave 105, en la colonia Salud, pues este había sido cedido en 2009 por Fidel Herrera Beltrán, para este fin, aunque mañosamente, la donación fue sin papeles.

El teatro La Libertad corrió por primera vez su telón el 28 de agosto de 2009. De acuerdo con el Sistema de Información Cultural, de la Secretaría de Cultural, este espacio tiene un aforo para 180 personas, y lo define como “un recinto autogestivo, cuyo objetivo es fortalecer la experimentación y el desarrollo de la actividad teatral, al mismo tiempo que ofrece un espacio para la realización espectáculos escénicos en general”.

Pero el IPE y su director lo exigieron de regreso. Si bien en términos legales les asiste la razón, pues papelito habla, lo cierto es que el recinto ahí se quedará cerrado, olvidado y derrumbándose, como están todas las propiedades del IPE, sin un peso para mantenimiento.

En un estado donde tenemos más muertos que obras de teatro, donde hay más balas que boletos en las taquillas, más jóvenes asesinados y desaparecidos que aprendiendo una de las artes, es reprobable se cierre un espacio cultural.

Maneras de negociar había muchas, pero cuando se empecinan y se aferran y en todo solo buscan números y el beneficio económico de las cosas, es difícil que la cultura florezca. Insisto: ahora somos un estado que es más reconocido por la sangre que se derrama a diario que por su aportación a la cultura.

@YamiriRodríguez

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