Darwin Tomás, un migrante hondureño en Xalapa

“Si aquí vos trabajas, caminas adelante ¿verdá?; allá no tienes esperanza, naces pobre y así mueres”.

Luis Alberto Romero

Para Darwin Tomás, el recorrido desde Honduras, en el centro del continente americano, a Veracruz, fue casi un infierno.

Dos veces fue deportado por las autoridades migratorias mexicanas; en el tercer intento tuvo suerte y hoy deambula por las calles de Xalapa, capital de Veracruz, donde se mueve en busca de un poco de dinero; recurre a la caridad acompañado por su esposa y su pequeña hija.

Cuenta que hace un par de meses, no recuerda la fecha exacta, salió de su lugar de origen, cerca de Tegucigalpa, en el Distrito Central de Honduras; atrás dejó a padres, hermanos y raíces en busca de un mejor futuro.

Huye de la pobreza y el desempleo; por eso busca llegar a la Ciudad de México, donde pretende conseguir trabajo.

Darwin Tomás tiene 28 años; con su esposa juntó dinero para pagar al traficante que prometió llevarlos a la Ciudad de México.

“Sólo nos alcanzó para que la trajeran a ella a Veracruz y de ahí a Xalapa”; agrega que pagaron por el traslado de su esposa y se quedaron sin dinero; él decidió alcanzarla pero nunca imaginó que tardaría tanto tiempo en hacerlo.

El hondureño platica que su travesía duró cerca de dos meses: una vez fue detenido en el estado de Chiapas; en la otra ocasión, la captura de lo que él llama “la migra” se registró cerca de Coatzacoalcos.

Su recorrido fue en tren y caminando; no tenía dinero para pagar por transporte seguro, ni papeles para acreditar una estancia legal en México.

Instalada ya en Xalapa, su mujer pudo rentar un pequeño cuarto en una colonia donde la pobreza le recuerda a su natal Honduras.

Al llegar a Xalapa, Darwin Tomás compró dos bolsas de dulces que él y su pareja ofrecen a los automovilistas a cambio de unas monedas.

Huyendo de la pobreza

Dice Darwin Tomás que en Honduras, 8 de cada diez personas son “muy pobres”; de hecho, su apreciación, subjetiva y producto de la observación, no está muy alejada de las estadísticas oficiales. Datos del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras establecen que en ese país, 75 por ciento de los habitantes son pobres; y casi 40 por ciento se encuentran en pobreza extrema.

Organizaciones no gubernamentales estiman que en los últimos dos años, el número de pobres en Honduras registra un incremento de 380 mil habitantes.

Honduras es uno de los países más pobres del continente; de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, los índices de pobreza en dicho país son de 67.4 por ciento, lo que supera las cifras de Nicaragua, Guatemala, Paraguay, El Salvador, Bolivia y República Dominicana.

De esa pobreza huye Darwin Tomás, quien sobrevive con su familia en condiciones de hacinamiento y mala alimentación en Xalapa.

Recorre las calles de la capital de Veracruz en busca de un crucero libre, una zona de semáforos o topes donde los automovilistas deban hacer alto total; trata de encontrar un punto, además, que no tenga cerca a otros centroamericanos pidiendo dinero, agua o comida para continuar su tránsito.

Naces pobre y así mueres

Apunta que si las condiciones que enfrenta en Xalapa son adversas, la vida en su natal Honduras es mucho peor no sólo por la pobreza, sino también por la falta de expectativas: “si aquí vos trabajas, caminas adelante ¿verdá?; allá no tienes esperanza, naces pobre y así mueres”.

Mientras Darwin Tomás narra su historia, su pareja, que no suelta a su hija de la mano, pide apoyo a los conductores que circulan por una calle de la colonia Obrero Campesina. Algunos los ven con desdén; otros los ignoran, como si fueran parte del entorno natural de Xalapa; los menos entregan alguna moneda, nada que afecte al bolsillo, dos o cuando mucho cinco pesos.

El hondureño señala que en Xalapa se sienten seguros, dado que al no ser un lugar considerado como paso de indocumentados, tampoco tiene mucha vigilancia, como sí ocurre en la zona sur y en la costera; “por eso ves a tanta gente de allá”.

Aclara que si bien se puede observar a muchos centroamericanos en las calles de Xalapa, este no es considerado como un punto de destino, sino más bien un lugar de paso; “aquí juntamos un poco de dinero, nos alimentamos y seguimos el camino; aquí nadie se queda”.

En su caso, dice que no busca llegar, como muchos otros centroamericanos, a Estados Unidos porque allá “es más difícil”; intenta establecerse en la Ciudad de México; ese lugar es grande, reflexiona, y entre tantos millones de personas, “seguro encuentras trabajo para vivir”.

En unos días, él y su pareja continuarán su camino; dejarán Xalapa para ir en busca del empleo en la Ciudad de México que les permitirá vivir bien, así lo piensan; y se aleja con la bolsa de dulces en la mano, al encuentro de otro automóvil, con la esperanza de conseguir, dos, cinco o, con suerte, diez pesos, para salir de esa pobreza histórica, generacional, por la que luchan miles de hondureños todos los días.

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