Correr, una droga con más adictos cada día

Es la píldora mágica de la salud y la felicidad

Miguel Valera

A los 26 años, Alicia se veía en fotografías y no le gustaba su físico. Tenía sobrepeso, se veía mayor. Pensó en mejorar su aspecto, su salud y bajar esos kilos de más. Lo intentó, pero no logró mucho. Llegó a pensar que sólo podría tener una buena figura en “el país de las maravillas”.

Y sí, a los 31 años, como en las aventuras del británico Lewis Carrol, Alicia se vio corriendo detrás de un conejo, de un ideal, para entrar a una vida extraordinaria, en donde todo es posible con la voluntad humana. “A los 31 años vi nuevamente otras fotografías. ¿Qué me ha pasado?, fue la pregunta que saltó en mi mente”.

Fue en ese año, añade, que se plantó frente a una encrucijada, en el punto donde se cortan varios caminos o calles y ahí, ante esas fotografías de sí misma, frente al silencioso espejo del paso del tiempo, en la soledad, se dijo: “tengo que hacerlo en serio” y tomó la decisión de convertirse en runner. “Bébeme”, “cómeme”, fue el grito interior que escuchó, como en las etiquetas de aquella pócima o pastel mágico, en las aventuras de Carrol.

Desde ese día, ahora con 36 años de edad, Alicia Aguilar Guevara no ha parado y como el Forrest Gump de Winston Groom y Tom Hanks, corre, corre, corre y lleva detrás de ella a cientos, a muchos seguidores, compañeros de la vida, a quienes sirve de ejemplo, porque se han involucrado en este fascinante mundo de los corredores del siglo XXI.

Alicia, como esta multitud de runners que inundan las calles de Xalapa, de Veracruz, de México y el mundo, corre por su vida, por su salud, por el deseo de vencerse cada día a sí misma, de imponerse nuevos retos y correr se ha vuelto una adicción, algo fundamental, esencial, que ya no se imagina la vida sin una carrera diaria al amanecer o al despuntar el día.

Su primera carrera fue en el circuito del segundo lago —en Los Lagos de El Dique en Xalapa— y casi se muere, por esos 600 metros. Después empezó a entrenar y se inscribió a la primera carrera de 5 kilómetros en el puerto de Veracruz. A la fecha ha corrido tres medio maratones —21 K—, tres maratones —42.195 K— en la Ciudad de México, carreras de montaña y carreras de campo traviesa, un trail de 36 kilómetros en la región de Teocelo y su primer ultra maratón de 50 kilómetros en Misantla, con una sensación térmica de más de 40 grados.

Ahora se prepara para otro ultra trail en Huasca de Ocampo, Hidalgo, que será en el mes de octubre.

Sus primeros pasos

La clave, dice, es empezar despacio, pero de forma permanente. Al principio buscaba bajar de peso, mejorar su figura, su físico, “hoy lo que me interesa es la fortaleza, ser fuerte, capacitar a mi cuerpo para que tenga una mayor resistencia”:

También, añade, se tienen que mejorar los hábitos alimenticios, aprender a comer de forma balanceada. “Yo no acostumbro dietas. Suelo comer de todo, pero sí aprende uno a comer mejor, a cuidar los alimentos que se ingieren, porque tu cuerpo crecerá dependiendo de lo que comas”.

“Desde que empecé a correr no he parado. Lo primero que hice hace cinco años fue inscribirme a una carrera de 5 kilómetros y me encargué de anunciarlo. El reto era mayor, porque todas mis amistades sabían lo que estaba haciendo. Esa carrera fue en el puerto de Veracruz. Era inexperta. Llegué tres minutos antes, no calenté y sin embargo no tuve malos resultados”.

Esa primera medalla fue algo maravilloso, me dice Alicia. De 300 mujeres en la categoría “libre”, yo estaba en el número 30, con 31 minutos, un tiempo bastante aceptable para una principiante. Me emocionó, me motivó y ese día pensé que podía hacerlo mejor, “había empezado a pensar que casi nada era en realidad imposible”, añade, como citando al autor de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas.

De los 5 K, Alicia saltó a los 10 K y de ahí al medio maratón de 21 kilómetros. “Cada vez que corría y superaba una prueba, sentía la necesidad de seguir, de llegar a otra meta. Correr se volvió una adicción, con sensaciones en mi cuerpo que ya no podía detener”.

Así, a pesar de las condiciones de humedad, que le afectan, porque ella prefiere las ciudades frías, ha corrido tres veces los 21 kilómetros de los medios maratones del puerto de Veracruz.

Además, dice con orgullo, ha surfeado en el asfalto de la portentosa Ciudad de México, con tres maratones y sus 42.195 kilómetros, pero prefiere las carreras de montaña y las carreras de campo traviesa, porque tienen otras exigencias y son pruebas de alto rendimiento.

Las maravillosas carreras en la montaña

Su primer ultra maratón de 50 kilómetros lo hizo en el “ultra trail del venado” en la región de Misantla. “Pareciera difícil. Para mí es un reto. Tenía mucho miedo de correr a campo traviesa. En los entrenamientos regresaba llorando, raspada, adolorida de todo el cuerpo. Sin embargo me fueron enseñando técnicas, a hidratarme a comer ciertas cosas en el camino, pero sobre todo a mantener firme mi voluntad”, expresa.

Alicia disfruta mucho más las carreras a campo abierto que en la ciudad. “Me puedo ir a la montaña y estar cinco o seis horas y regreso muy cansada pero muy contenta. La de montaña es una experiencia totalmente diferente a la ciudad”.

“La carrera es una sorpresa. Puedes ir en tierra firme, en pantano, entre rocas, entre el lodo, cruzando ríos. A veces la ruta es solamente lodo. Es una aventura. Tienes que ir bien preparada. Es un deporte mucho más completo el de montaña. Me llenan más las carreras que tienen que ver con la naturaleza. Es una prueba de alto rendimiento”.

—¿Te has encontrado con animales, con víboras o culebras? Solo en el Cerro del Macuiltépetl o en el Parque Natura, aquí en Xalapa. En las otras carreras de montaña no, me dice, tranquila, calmada, a pesar de que le tiene pavor a los reptiles.

Apenas en febrero de este año, Alicia hizo el trail de montaña de 36 kilómetros en Teocelo, Veracruz, como preparación para participar en octubre en su segundo ultra trail en Huasca de Ocampo, Hidalgo.

El cuerpo, tu vehículo

Las sensaciones de tu cuerpo al correr son muchas, dice Alicia. La sangre empieza a circular con mayor velocidad. Corres. Empiezas a sudar. Sientes la energía correr por tu cuerpo. Sientes con toda claridad la sístole y diástole de tu corazón. Sientes tu respiración.

Corres. Te mueve la salud, te mueve la vida, te mueve el reto de superarte a ti mismo. Piensas en el hoy. Piensas en todo. Eso es lo que permite el oxígeno que alimenta la sangre de las venas.

“Al principio, obviamente me era muy difícil, no tenía condición, no sabía que tenía que tomar agua. Terminaba muy cansada con hacer casi nada. El maratón ha sido la mayor exigencia física. Al correr más de cuatro horas, el cuerpo se queda sin energía. El maratón ha sido de mis pruebas más exigentes, físicamente. Las piernas se cansan después del kilómetro 30. Por momentos tienes problemas con la respiración, dos o tres veces he sentido que no puedo respirar. Me calmo y no pasa de ahí. Al principio me dolía la espalda. Sabía que tenía que fortalecer todo mi cuerpo. No sabía que tenía que hacer abdominales, sentadillas. Las molestias disminuyen con esos ejercicios”.

Alicia dice que correr le ha ayudado también a conocer más su cuerpo, sus límites, sus exigencias. “Sé distinguir cuando tengo cansancio o cuando he sufrido alguna lesión. Después de un maratón las piernas te quedan destrozadas, no puedes ni caminar”.

Hace dos semanas, Alicia participó en el maratón de la Ciudad de México. Corrió los 42.195 kilómetros sin problema, pero se sintió un poco decepcionada, porque su cuerpo le dio sorpresas. “Esperaba el cansancio en el kilómetro 30, pero en el 15 empecé a sentir un dolor en las rodillas. Nunca pasó por mi cabeza salirme. Esa molestia física me afectó en mi objetivo, que era reducir el tiempo. No pude mejorar el tiempo del año pasado que fue de 4 horas con 34 minutos”.

Correr, escuchar, ser feliz

—¿Sientes felicidad al correr?, le pregunto.

“Sí, es como ir a una fiesta”, me contesta.

“Cuando he enfrentado retos grandes, como un trail, es como ir a una fiesta, porque es algo que planeaste desde meses, no solo con el entrenamiento, también con la ropa, con el viaje. Es el momento de decir: vamos a probar lo que estuvimos preparando”.

“Yo estoy muy contenta, muy feliz de correr. Cuando escucho el balazo se siente la adrenalina por todo tu cuerpo. Siempre empiezo las carreras con toda la energía. Te sientes vivo y puedes sentir todas las emociones del ser humano en ese momento. Empiezas muy feliz, muy contento. Mi primer maratón lo hice muy feliz”.

A pesar de toda esa felicidad física y emocional que te genera correr, también te enfrentas a miedos, a problemas, a retos que tienes que superar tomando siempre la decisión de seguir y seguir.

Aunque ha corrido con audífonos y música en los oídos, Alicia decidió dejar de hacerlo, para escuchar más y convivir mejor. “No corro con audífonos. Decidí esto porque creo que debes disfrutar el correr, escuchar tu cuerpo, tu respiración. En una carrera hay que escuchar a la gente, escuchar a la naturaleza. Por eso no corro con audífonos. Prefiero escuchar todo lo que está a mi alrededor, ni siquiera con el trail que son 10 horas. Sí, 10 horas es lo más largo que he corrido”, me confiesa.

—¿Crees que puedas dejar de correr algún día?

“Si fuera por salud sería algo que me dolería mucho. Correr me ha cambiado la vida en muchos aspectos. Ya es parte de mi vida. Es algo que necesito”.

—¿Es como una droga?

“Sí, te vuelves adicto, tu cuerpo te lo pide. Lo necesito, porque te ayuda a superar obstáculos. Si supero este obstáculo tengo fuerzas para superar otro, y así”.

A los 31 años, Alicia pesaba 73 kilos, se veía aseñorada, mayor de la edad que tenía. Hoy, con 60 kilos, a los 36 años, Alicia reflexiona: “En aquel momento me interesaba ser delgada, ahora me interesa más ser fuerte. Antes corría para adelgazar y ahora para ser fuerte”.

La disciplina, insiste, es fundamental, pero llevadera, porque cuando algo te gusta no lo sufres.

Alicia corre en la mañana o en la noche. No tiene un horario favorito. Sin embargo, ha disfrutado mucho las carreras o entrenamientos al amanecer. “Vas con lámparas, abrigado por el frío y terminas en playera, por el calor y tu sudor. Se siente bien”.

Algunas veces le ha tocado ver a gente saliendo de los bares, quienes, felices por el alcohol, ven la felicidad de los corredores y les dicen: “quiero ser como tú”. “Esto me llena, me da satisfacción el saber que puedo ser un ejemplo”. “Antes iba al antro, pero ahora no es mi prioridad”.

Alicia también ha perdido amistades, amigos, amigas, gente que le dice: “siempre tienes carrera”, “mañana vas a entrenar”, sin embargo, señala contundente: “Esto es lo que yo decidí y esto es lo que a mi gusta”.

En este gusto también ha tenido que invertir una gran cantidad de dinero. “Al principio ni sabía de eso, tenía unos tenis, dos mudas de ropa. Conforme vas avanzando, algunas cosas son necesarias, pero luego es por el gusto. Te motiva correr con una playera bonita. Luego es obligación: en los ultras necesitas banda térmica, mochila, lámpara. En las carreras las inscripciones son caras. Finalmente inviertes en algo que te gusta y en tu salud. Es algo que se disfruta”.

Alicia dice tener más ropa de correr, que ropa de vestir. “Tengo torres de camisas de carrera, muchos pares de tenis, casi no uso zapatillas y ni las extraño. Me gusta más la ropa deportiva”.

“Correr me ha cambiado la vida”

La charla concluye. Correr, definitivamente, le ha cambiado la vida, dice Alicia Aguilar Guevara.

“Correr ha sido una forma de desestresarme, de mejorar mi aspecto físico, mi salud, de ser una persona que cree más en mí, me ha dado mucha seguridad en mí misma. He conocido a personas muy valiosas y he sido ejemplo para personas. Ayúdame, llévame, quiero ser como tú, me dicen. Esto me compromete a no fallar, a continuar haciendo las cosas, para que ellos también mejoren. Me da gusto ser ejemplo para que otras personas sigan por este camino”.

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