Amo a dos y los tres estamos de acuerdo

El poliamor, la alternativa abierta y honesta a la monogamia tradicional

Miguel Valera

Carlos González “El Samurai” y Akire San se enamoraron un día en la Ciudad de México y se casaron. Sin embargo, ella descubrió que le seguían gustando los chicos y que se enamoraba con facilidad. Él, formado en la tradicional monogamia no lo aceptaba, hasta que un día, ya en Xalapa, apareció otra chica, Yazmín Zárate y el Samurai se rindió a los brazos de Cupido. Se dieron cuenta que ellos seguían enamorados, pero que se enamoraban de otras personas.

¿Cómo vivir esta experiencia sin afectar a la otra persona, sin los dañinos celos o los deseos de posesión y pertenencia de la pareja? Luego de un largo conflicto interior, como Hernán Cortés, quemaron las naves de sus religiones, prejuicios y preceptos morales e iniciaron una relación amorosa de tres, abierta, sin tapujos, en donde podrían ser cuatro, cinco, seis o más, con una única condición y regla, que todos supieran de todo, que nada permaneciera oculto,  que todo fuera honesto y transparente.

En el camino, encontraron el nombre a lo que estaban viviendo, “Poliamor”, una práctica humana que va en crecimiento en nuestra sociedad y que se ha convertido en una alternativa a la monogamia. Hoy, “El Samurai”, Akire San y Yazmín Zárate viven una feliz relación íntima, amorosa, sexual, de emociones abiertas y honestas, en donde nadie oculta nada de lo que siente por la otra persona u otras personas, en el caso de que aparecieran.

Aunque ahora son tres, podrían ser más, aceptan. Me cuentan que cada uno siente atracción por otras personas e incluso ha intentado otra relación. Yazmín dice que recientemente se enamoró de un chico y empezó a salir con él, pero cuando le planteó lo que ella estaba viviendo, él ya no quiso seguir. El Samurai acepta que chatea con otra persona, en plan amoroso, pero aún no se ha encontrado con ella y lo mismo Akire San.

Akire, la poliamorosa

En el café “Lago”, ubicado en J. J. Herrera, esquina Allende, frente a un gran espejo, tres peces goldfish que nunca cerraron los ojos ante nosotros, y una pareja de jóvenes enamorados que en la ventana tomaron cerveza, Akire San me contó que desde la adolescencia se enamoraba una vez y otra e incluso llegó a tener dos novios al mismo tiempo. Claro, sin que uno supiera del otro.

“Para mí era muy normal que de pronto me enamorara de alguien y después de alguien más y de alguien más. Los sentimientos no eran igual, porque cada persona es diferente. Veía a uno de los chicos que me gustaba y tiraba baba y veía a otro y tiraba baba y me pasó, al menos en dos ocasiones, antes de conocer al Samurai, que tuve dos novios al mismo tiempo”, me dice, mientras en la música ambiental se escucha la voz de José José cantando “Si me dejas ahora”, la famosa canción que le escribió Camilo Sesto  en 1979.

Reconoce que en general, en nuestra cultura, eso es mal visto. “Al hombre de algún modo se le permite, se ve como algo normal que tenga dos o tres parejas, pero en una mujer es mal visto. En esa época no era fácil que yo lo dijera. Si andaba con dos chicos tenía que ser a escondidas”, cuenta Akire.

En el ambiente, la rola de José José a todo lo que daba, con sus acordes en Re, Sol y Do: Estoy preso entre las redes de un poema, eres tú, quien me puede ayudar o me condena. Eres lo mejor de mi pasado, eres tú quien aún me tiene enamorado. Eres tú, solo tú, eres tú, solo tú.

A los 18 años, cuando conoció al Samurai, le dijo con toda honestidad cuál era su forma de ver las cosas y todo lo que había vivido. “Él aceptó y se aventó a salir conmigo. Empezamos nuestra relación y nos casamos. Nos rodeaba un ambiente muy religioso y eso nos impedía seguir nuestras emociones tal y como aparecían”.

“Cuando me llegaba a buscar alguien, yo le decía: fíjate que esta persona me gusta y quisiera tratarla, salir con ella. A él no le gustaba la idea. Teníamos nuestros conflictos, generados por celos. Era complicado. Yo me escribía cartas con amigos a quienes sabía que les gustaba y él me decía no, ya no puedes, ya tienes novio, ya estás comprometida. Yo entré en el rollo de la reciprocidad y bueno, si yo no iba a ver a nadie pues él tampoco”, comenta Akire San, ante una taza de té de limón.

Ya en Xalapa, añade Akire, administradora hotelera, escritora, fotógrafa, microempresaria, conoció a un chico que por su edad, wow, le impactó. “Nunca pude hacer nada, nunca pude decirle nada, porque había un acuerdo monogámico, exclusivo, de que yo puedo decirle a alguien que me gustaba, pero no tener una relación. Nunca concreté nada con esa persona”.

Años después, sigue en su narrativa, entró con Samurai a una congregación cristiano-evangélica y ahí conocieron a Yazmín. “Desde que la vio yo me di cuenta que le gustaba. Un día le dije que reconociera que le gustaba. Él no sabía cómo enfrentarlo, porque le parecería algo incongruente. Para mí era de lo más normal. Si te gusta o estás enamorado de ella eso no significa que dejes de amarme a mí”, le decía.

Sé que es algo muy difícil, reconoce Akire. “En nuestra sociedad y en el ambiente religioso que nos domina, si dices que amas a alguien más, es el fin de tu vida social y religiosa. Para mí era diferente. Yo no tengo ningún problema de que estés enamorado”, le decía a Samurai.

Además, añade, su hija Zabdi González, de cuatro años en ese entonces, conoció a Yazmín y la aceptó también, sin ningún problema. “Para mí, insisto, el enamorarse de otra persona no representaba ningún problema, pero era importante reconocerlo y decirlo abiertamente, porque la honestidad ha sido mi bandera de vida”, indica Akire.

Samurai, del cristianismo al agnosticismo y ateísmo

Diseñador, dibujante, fotógrafo, autodidacta, periodista, librepensador y poliamorista, como se define en su perfil de Facebook, Carlos González, “El Samurai”, acepta que tuvo que pasar un largo proceso de pensamiento para llegar a este status existencial de poliamorista.

“No me costó mucho la parte de enamorarme de más personas, porque ya me pasaba, ya me sucedía. En preparatoria tuve una novia de una semana y ella me puso el cuerno con otro chico y yo lo vi como algo normal. Cuando terminamos le dije que no tenía problemas. Después entré al mundo religioso y lo veía más bien como un pecado, porque debía de tener una solo pareja”.

“Ya recién casado —añade—, había dos chicas que me gustaban muchísimo, muchísimo, y me inventaba mis historias y las dibujaba, pero no podía hacerlo de manera honesta, no lo podía externar, porque iba a perder el encanto del matrimonio reciente. Akire sí llegó a molestarse conmigo cuando vivía esas fantasías, pero no porque estuviera mal, sino porque le estaba mintiendo, estaba contradiciéndome. Yo le dije que solo iba a sentir eso por ella, pero en realidad no, porque las chicas me gustaban”.

Cuando conoció a Yazmín, se le fueron los ojos definitivamente. “Empezó a trabajar en algunos proyectos conmigo y yo estaba encantado de tenerla cerca. Pero ella me veía como un amigo y aunque yo la trataba como una amiga, en realidad yo sentía algo por ella”, cuenta Samu, mientras en las viejas bocinas del café “Lago”, José José ya cantaba Volcán: “Besabas como nadie se lo imagina, igual que una mar en calma, igual que un golpe de mar”, esa pieza musical construida en 4 minutos con 52 segundos por el español Rafael Pérez Botija.

Akire se daba cuenta de todo esto, añade Samurai. “Al momento de enfrentarlo me costó mucho trabajo, porque tenía que salirme de la idea de si estaba bien o estaba mal. Pensaba en la historia de la poligamia. Creía que no era algo tan malo. Al estudiar algo de teología, me daba cuenta de que el hombre debía ser de una sola mujer, pero también encontré pasajes bíblicos de hombres que tenían concubinas”.

“Fui tomando decisiones, para ir pasando al laicismo, alejándome de la religión, convirtiéndome en agnóstico y luego en ateo. En este tema vi muchos ejemplos de hombres y mujeres que tenían otros amores, una vida abierta, liberal. Me puse a estudiar más y lo enfrenté. Di ese paso y empecé mi relación con Yazmín”.

Akire y Samurai han sido una pareja matrimonial normal, con altas y bajas. En un fraccionamiento de Xalapa viven en una casa con su pequeña hija. Muy cerca, Samu y Yazmín rentaron un departamento. Un día duerme con Akire y otro día con Yaz, siempre que las condiciones de trabajo lo permitan.

Al fondo, en el ambiente, en la tercera sección, de este café xalapeño, otra rola de José José, aderezaba el café frío que Yazmín pidió, el capuchino del samurái y el té de limón de Akire. Yo, con un americano, escuchaba el trasfondo de esa música que guiaba, que orientaba, el ritmo de esta historia: “Desesperado. Necesito tu cuerpo caliente a mi lado. Para darme esa fuerza que solo tú me has dado. Ten piedad de mí”.

Los conocí juntos; deseaba tener una relación así: Yazmín

Yazmín buscó y encontró en Carlos González “El Samurai” a un amigo. “Cuando éramos amigos, ambos respetábamos su estatus de ‘casado’. Para mí era un amigo. No me permitía otra cosa. Cuando los conocí, los conocía juntos. Su relación era muy respetable y me gustaba. Deseaba tener una relación así”, cuenta y los tres sonríen, al reconocer que ya la tienen, una relación de tres.

Educadora, maestra egresada de la Escuela Normal Veracruzana, Yazmín Zárate dice que todo inició con una amistad “y cuando él me dijo, yo estaba terminando una relación con un chico y estaba lastimada. Yo siempre he sido como muy enamoradiza, siempre he tenido muchas relaciones. Tenía una relación con una persona, terminaba y empezaba con otra. Tenía corazón como de condominio”, indica.

Se le llama monogamia serial, aclara Samurai. “Se dice que todos de alguna manera somos poligámicos, pero vamos de una en una, es un tipo de poligamia”. Sí, sí, reconoce Yazmín. Y continúa: “pues esto estaba permitido. Yo tenía muchos novios y nadie sabía. Para los demás no era bien visto y menos dentro de mi familia y de la religión. Yo andaba con personas y trataba de que no se supiera. Al único que le contaba era a él, al Samurai. Era como mi confidente, me aconsejaba. A veces le hacía caso y a veces me los pasaba por el arco del triunfo”.

“Todo inició con una amistad muy sincera, insiste. No pensaba a futuro en una relación diferente. Siempre sentí su apoyo lo estimaba mucho. Sin embargo, cuando él me pide iniciar una relación, mi primera reacción fue que no, que esto no podía ser, porque estaríamos afectando a Akire. “No, yo no voy a hacer eso”, le dije. Fue totalmente negación.

Sin embargo, entre la crisis existencial que los tres sufrían y las circunstancias, todo se dio. “Los tres nos dejamos fluir, sin conceptos, sin ideologías, solo siendo, sintiendo”, comenta Yazmín.

“Yo, añade, no quería saber nada de ningún hombre o tomar algo serio y dije: lo que pase que pase. Samu habló conmigo. Me dijo que Akire sabía. Entonces le dijo, ok, va, vamos a intentarlo, pero le comenté: yo ahora no estoy enamorada de ti y vamos a ver qué pasa. En mi interior pensé: yo voy a disfrutar lo que tenga que disfrutar con él, porque era lo que necesitaba en ese momento”.

Hoy, con cuatro años y dos meses, Yazmín, Akire San y Samurai viven una relación amorosa estable y compartida. Salen juntos, comen juntos, van al parque con Zabdi. El amor que Samu siente por Akire sigue siendo el mismo, fuerte, intenso, apasionado, como cuando se enamoró por primera vez de ella y decidió casarse. El amor por Yazmín es igual.

Un día se dieron cuenta de que lo que ellos estaban viviendo tenía nombre y que no era nada nuevo. Se llamaba “poliamor” y la regla que lo regía era la honestidad. “Nos dimos cuenta de que esto existía y que nos pedía mucha honestidad. Todas las personas involucradas deben estar cien por ciento de acuerdo. Todo es derecho”.

En las relaciones de poliamor cada grupo pone sus reglas. “Nosotros acordamos vivir cada quien en nuestras casas. Yo soy el que me reparto”, dice Samurai, al explicar que pasa una noche con Akire y otra noche con Yaz. Ellas no son parejas entre sí, son pareja con Samurai.

En esta relación de honestidad y transparencia, todos saben si hay otra persona que a alguien del grupo le gusta. “Yo estoy chateando con una chica por teléfono y ellas saben que me gusta. Igual ellas. Si alguien les gusta, lo intentan y si funciona pues todos estaríamos enterados y de acuerdo”.

En Facebook, Yazmín, Akire San y Samurai crearon el grupo “Poliamor Xalapa”. Ahí aclaran que su grupo no es de contactos eróticos o sexuales. “Quien lo use para establecer contactos nuevos con fines sexuales, buscar tríos, intercambios de parejas o similares, será eliminado”.

De esta manera definen su relación. No se trata de un tipo de permisividad para degenerados o para prácticas con las que los tres no estén de acuerdo. Saben que hay grupos poliamorosos con parejas que son bisexuales o que tienen alguna filosofía de género distinto, pero en el caso de ellos, señalan, son tres individuos, tres personas que decidieron acompañarse.

“De momento somos tres, aunque estamos abiertos a que cada quien tenga relación con otra persona. Akire está enamorada de alguien. Yo tengo a alguien más con quien chateo. No la veo. No somos novios. Nos gustamos. No hay sexting ni nada por el estilo”, dice Samurai.

Por su parte, Yazmín reconoce que ha tenido tres relaciones dentro de estos cuatro años, “pero siempre es más complicado que un hombre esté abierto a este tipo de relaciones, porque quieren marcar su territorio, de que eres mía y no de otro hombre”, indica.

Yazmín, Akire San y Samurai no esconden nada. Cada uno tiene acceso a los teléfonos móviles de los otros o a los chats de Facebook. Los tres, enamorados, comparten su vida, su individualidad, respetan a los otros y saben que no son dueños de los otros, de su pareja, de sus compañeros de viaje.

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