La declaración de guerra

Nazario Romero Díaz

En 1942, luego del hundimiento de los barcos petroleros «Faja de Oro» y «Potrero del Llano» en aguas del Golfo de México, frente a los puertos de Tuxpan y Nautla, el gobierno federal, presidido por don Manuel Ávila Camacho, declaró la guerra a las potencias del Eje.

Los barcos de referencia fueron hundidos y los sobrevivientes lograron salir a Nautla, donde fueron recogidos por el Ejército Mexicano. El comboy militar, integrado por media docena de pesadas unidades verde olivo, llegó a Nautla en auxilio de las víctimas y a su paso por Martínez de la Torre, la gente salió al camino real para presenciar con dolor, angustia y temor, el imponente espectáculo visto por primera vez en la región.

Así, el patriotismo se vio incrementado en toda la zona. Días después, Ávila Camacho emitió la declaración de guerra tras culpar al Eje del artero ataque submarino a las embarcaciones de bandera mexicana.

En consecuencia, el gobernador del Estado determinó, en audiencia colectiva con todos los alcaldes, que se constituyeran en los principales centros de población Comités De Defensa Civil y Servicios Sociales De Emergencia, impartiéndose cursos gratuitos de primeros auxilios y de preparación militar, a fin de capacitar a los ciudadanos para defender con las armas la soberanía nacional y los ideales democráticos del pueblo mexicano.

El gobierno consideró inconveniente la presencia de extranjeros en las costas y en lugares cercanos a ellas. Ordenó la detención y la confiscación de bienes y negocios de todos los residentes alemanes, italianos y japoneses, siendo confinados en la fortaleza de Perote; ahí estuvieron doscientos setenta alemanes y doscientos italianos y japoneses, hasta que en 1944 el conflicto bélico mundial llegó a su fin.

El Congreso de la Unión decretó la suspensión de las garantías individuales, abrogando el mandato el 28 de Diciembre de 1945 y estableciendo el servicio militar obligatorio para los mexicanos de dieciocho años.

El entonces presidente municipal de Martínez de la Torre, Roberto Grajales, y el comandante del 21 Regimiento de Caballería, convocaron a los ciudadanos del lugar para que se enlistaran y causaran «alta» en el Primer Batallón Civil De Martínez De La Torre.

Pronto acudieron comerciantes, empleados, ganaderos, jornaleros y profesionistas para formar la corporación. Afortunadamente, la guerra llegó a su fin en 1944, y por ello la corporación fue desaparecida y la tropa licenciada.

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