Hora Cero

El reto priista

Luis Alberto Romero

En cuestión de horas, si no es que ya lo hizo, Américo Zúñiga Martínez podría dejar la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI para buscar un lugar en el Poder Judicial.

El ex alcalde de Xalapa todavía no cumple un año en dicho espacio de dirección partidista, al que llegó en enero de 2018, previo a la contienda por la gubernatura.

Identificado con el grupo de José Francisco Yunes Zorrilla, Américo Zúñiga llegó a la dirigencia estatal del PRI un año y medio después de la primera derrota del tricolor en unas elecciones estatales.

En 2016, el Partido fue derrotado con Héctor Yunes Landa como candidato; ese año, Felipe Amadeo Flores Espinosa era dirigente estatal.

Amadeo Flores estuvo un año en el comité estatal priista y fue relevado por Renato Alarcón, quien se mantuvo, igual, sólo durante doce meses.

Los últimos tres dirigentes de partido, Amadeo, Renato y Américo, tienen dos cosas en común: los tres fueron derrotados (Flores Espinosa en la contienda por la gubernatura y diputaciones de 2016; Alarcón Guevara en las municipales de 2017; y Zúñiga Martínez, en la elección por la gubernatura y diputaciones de 2018); y los tres fueron dirigentes interinos.

Lo cierto es que desde 2015, en la elección federal intermedia, el PRI de Veracruz no ha ganado prácticamente nada: en 2016 fue derrotado por primera vez en su historia estatal; en 2017 se quedó con un puñado de presidencias municipales; y en 2018 no pudo ganar ni la gubernatura, ni un solo distrito; además, se quedó sin representación en el Senado y de no ser por las dos posiciones plurinominales (Anilú Ingram y Héctor Yunes), tampoco tendría espacios en la Cámara Baja del Congreso de la Unión. Algo similar ocurrió en la Legislatura estatal, donde sólo cuenta con tres diputados, todos ellos por representación proporcional.

Si en 2016 se pensaba que el partido no podría caer más bajo, en 2018 esta fuerza política fue reducida todavía más.

En la elección del presente año, el PRI obtuvo unos 500 mil votos y fue relegado al tercer lugar.

Con esos números, tercer lugar en la elección para gobernador y ninguna victoria distrital, cualquiera evaluaría el año priista como un enorme fracaso; lo es; sin embargo, habría que decir que esa misma tendencia se observó en el contexto nacional debido al hartazgo que generaban PRI, PAN y PRD; y a la esperanza que representó el candidato de Morena a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.

En cuestión de horas, días, tras la cantada renuncia de Américo Zúñiga, el PRI deberá convocar a su Consejo Político Estatal para nombrar a su próximo dirigente.

El reto del partido, de cara a 2019 y sobre todo a 2021 (cuando se votará por presidentes municipales y diputados locales y federales) será la unidad interna, dado que la creación de nuevos partidos y la natural desbandada de cuadros para irse a Morena podría sepultar las probabilidades del partido para recuperar terreno político; por otro lado, dos factores que tendrá en contra el tricolor en la entidad son la reducción de las prerrogativas, recursos públicos, y las multas a las tendrá que hacer frente.

Así las cosas, si 2018 fue un mal año para el priismo, esperen a ver lo que viene para 2019 y 2021. @luisromero85

Compartir