La historia de Aarón, un hondureño que hizo escala en Xalapa

Francisco De Luna

Xalapa, Ver.- El hondureño Aarón Padilla cuenta lo que ha vivido en el estado de Veracruz. Asegura que se cuida de no ser una víctima más de los servidores públicos como los policías de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

Busca llegar a Estados Unidos de América, pero en la capital de Veracruz, se topó con una persecución policiaca en contra de sus hermanos hondureños.

Relata que él no ha sido molestado por los elementos, “pero sé que se han sobrepasado con otros amigos. Cuando la policía los halla aquí pidiendo para comer, les quitan el dinero”.

El joven de 18 años abandonó a su madre y hermano. Dejó su país en busca de un mejor modo de vida. Lleva tres semanas alojado en la capital veracruzana.

“Tenemos que andar pidiendo y mucha gente nos mira con recelo, pero ellos no saben que si no pedimos no comemos y no dormimos. Y si no dormimos en un lugar caliente, lo tenemos que hacer debajo de un puente y los fríos son insoportables, sobre todo en las madrugadas”, dice.

Hay días que no le alcanza el dinero para comer ni para dormir bajo un techo. En ocasiones, el único techo que lo protege de la lluvia es el puente de algún distribuidor vial.

Su sueño es llegar a Nueva York. Su meta diaria es conseguir al menos 60 pesos, pues es el costo por una noche en una casa de huéspedes localizada en la zona centro de la ciudad.

Asegura que no le agrada el hecho de pedir dinero, “Pero lo tengo que hacer. Mi destino todavía sigue, no he parado, el simple hecho de que me miren aquí dos o tres días, no es un hecho de que yo me voy a quedar aquí, mi destino sigue para más arriba”.

Hay días buenos y días malos para él. A veces recauda 200 o hasta 300 pesos en 24 horas, pero en algunos casos no completa ni la cuota del refugio.

Dice que su familia se dedicaba a vender tabletas y pan de coco en la playas de la República de Honduras que está conformada por las ciudades de Tegucigalpa y Comayagüela. Y es considerado un Estado unitario, libre, soberano e independiente, así como unitario e indivisible.

Aarón anhelaba mejores oportunidades, un empleo más remunerado y una vida digna; el mismo sueño de miles de hondureños que dejan cada año su lugar natal por las carencias que existen em Centroamérica.

“Dejé a mi madre y a mi hermano, pues, los dejé allá en Honduras. Mi mamá tiene un trabajo digno, pero la mera neta yo ya me cansé de estar viendo eso, yo quiero algo también para mi mamá, estoy buscando mi futuro”.

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