Pompeya

Nazario Romero Díaz

Peones de la finca “Pompeya”, que fue de don Torcuato Belli, y de la hacienda La Providencia, de la familia Cassaza, ambos de origen italiano, se organizaron en 1929 para gestionar la dotación ejidal, cuya resolución les fue concedida tres años después, en 1932.

De esta manera, la finca de don Torcuato quedó convertida en ejido.

La ranchería se ubicaba en los límites de La Providencia. En 1942, el entonces presidente de México, general Ávila Camacho, adquirió La Providencia y le puso el nombre de “La Soledad”; le propuso a los ejidatarios la permuta de algunas tierras a cambio de construir casas para las familias de los titulares de las parcelas. Corría entonces el año 1945.

La propuesta de don Manuel fue discutida y aprobada en la asamblea general y fue una comisión integrada por Pablo Gutiérrez, Ernesto Gonzáles, Román Campos y Amparo Hernández, quienes acudieron a entrevistar al primer mandatario para pedir la construcción de una escuela. El maestro del lugar era entonces el profesor Isidoro Hoyos.

Pompeya era una ciudad italiana que fue sepultada bajo cenizas y lava por la erupción volcánica ocurrida en el año 79; sus ruinas fueron descubiertas hasta 1748. Siendo don Torcuato Belli de origen italiano, le puso el nombre de Pompeya a su finca, en recuerdo de su tierra natal; los ejidatarios conservaron el nombre.

Para 1947 ya estaban terminadas y entregadas a los ejidatarios las veintisiete casas de material, todas uniformes, así como la escuela “Justo Sierra”, el edificio para un hospital, terreno para un campo deportivo y un mercado popular.

También dotó a la comunidad de los servicios básicos, como son agua potable, drenaje y luz eléctrica. Las obras fueron diseñadas y ejecutadas bajo la dirección del señor Odilón Sánchez, quien también dirigió la construcción del puente Martínez – Independencia.

En agradecimiento, los ejidatarios acordaron cambiar el nombre a la escuela “Justo Sierra”, imponiéndole el de “General Ávila Camacho”.

El ejido “Pompeya” se ubica a poco más de 3 kilómetros de Martínez de la Torre. La zona urbana tiene una extensión de 23 hectáreas. De la superficie total, que es de 713 hectáreas, 462 pertenecen al municipio de Atzalan y 251 hectáreas, a Martínez de la Torre.

La pequeña población de Pompeya es cruzada de norte a sur por el arroyo “Pedernales”, que es límite entre los municipios de Martínez de la Torre y Atzalan; se ubica dentro de la zona del Totonacapan; los vestigios que existieron de esa cultura quedaron desaparecidos desde que fue concedida la dotación ejidal, entre cañales, platanares y otros cultivos.

El asentamiento totonaco llevó el nombre de Huapala y, según la historia, revistió mucha importancia.

El más alto relieve de esa comunidad se conoce como el Cerro de Pompeya, que se yergue vigilante al suroeste de la zona urbana.

Originalmente, en 1947, el poblado se alumbraba con una planta de luz a gasolina, pero en 1957 llegó la energía eléctrica proporcionada por la Comisión Federal de Electricidad.

Los promotores del ejido arriesgaron sus vidas porque en ese tiempo operaba en la región y en casi todo Veracruz la temible organización criminal de la “Mano Negra”, que fue creada para combatir el agrarismo y el sindicalismo.

Los dueños de las haciendas pagaban cuotas (pero no fue el caso de don Torcuato) a esa organización que dirigía Manuel Parra desde el Ingenio de Almolonga, en Naolinco, para eliminar a los solicitantes de tierras.

Gobernaba entonces el Estado, el coronel Adalberto Tejeda, quien aplicó puntualmente la ley agraria.

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