Así se construyó la carretera Nautla-Martínez-Tlapacoyan-Teziutlán

El comercio, tributario de Teziutlán

Nazario Romero Díaz

Durante más de un siglo, Teziutlán fue la capital del comercio de la zona serrano-costeña. Tlapacoyan, Misantla, San Rafael, Martínez de la Torre y todos los pueblos de la región dependieron comercialmente de la llamada «Perla de la Sierra».

Inicialmente, el transporte de las mercancías se hacía a lomo de mulas y después en carretas y camiones cuando el tiempo lo permitía, pues la sierra de Teziutlán, densamente enmontada como estaba, era muy lluviosa, con cerrada neblina y por lo tanto peligrosa por las pronunciadas pendientes y barrancas del camino real que comunicaba con la zona costera.

Fueron los arrieros quienes buscaron y encontraron las mejores rutas en atajos y veredas, para que los pueblos se comunicaran uno con otro.

La arriería floreció en aquellos tiempos.

Don Laureano Sánchez y don Dionisio Pañeda fueron arrieros, como lo fueron don Manuel Ávila Castillo y muchos más.

El comercio de la región dependía de Teziutlán, desde antes que Paso de Novillos (hoy Martínez de la Torre) dejara de ser congregación, en 1982, hasta mediados del siglo pasado, cuando el comercio de la zona pudo proveerse directamente de las fábricas merced a la carretera federal.

Todas las mercancías que se consumían en la región pasaban por las grandes bodegas y almacenes que los comerciantes españoles tenían en Teziutlán.

Además, toda (o casi toda) la producción agrícola era acaparada por los teziutecos.

Barrientos, Delgado, Barranco, Ballesteros y otros españoles, fueron distribuidores exclusivos de las principales marcas refresqueras, cerveceras y demás productos de alto consumo.

Los arrieros fueron los transportistas de su tiempo. Centenares de ellos surcaban los caminos con sus recuas de mulas rumbo a Teziutlán cargadas de vainilla, tabaco (productos de alto valor) maíz, frijol, chile, etcétera.

Las grandes bodegas de los comerciantes y hacendados recibían las cargas de frutas y semillas y a la vez cargaban las bestias con las diversas mercancías que se consumían en la región costeña.

Teziutlán se veía cotidianamente invadida de mulas y arrieros que llegaban y salían por las empinadas y estrechas calles de la ciudad poblana, que registraba una gran ebullición. Los empresarios peninsulares se reunieron entonces para dialogar y formar una empresa cooperativa para la construcción de una carretera que uniera a Teziutlán con Tlapacoyan, Martínez de la Torre y San Rafael.

Los visionarios empresarios teziutecos formaron la cooperativa denominada «Vía Especial Para Automóviles y Camiones, Teziutlán – Nautla – Papantla», la cual quedó constituida por escritura pública ante el notario licenciado Ramón Vargas el 30 de Mayo de 1921 con domicilio en Teziutlán.

El proyecto estuvo en ejecución pero quedó frustrado tiempo después por las razones que mencionaré más adelante.

Las principales familias de la zona enviaban a sus hijos a estudiar al Liceo de Teziutlán, que era uno de los colegios elitistas más cercanos a Martínez de la Torre.

En el Liceo estudiaron los Ávila Camacho, los Bringas, los Descomps y muchos jóvenes de la añeja «alta sociedad» de aquellos tiempos pretéritos.

En materia de comercio, Martínez de la Torre fue mercado importante para Teziutlán. Los consumidores directos e indirectos fueron tributarios de la Perla de la Sierra por la vía de los precios y ganancias de los proveedores de las mercancías.

De hecho, la región fue una mina de oro para los empresarios que amasaron sus fortunas negociando, comerciando, acaparando, especulando, que tales son los objetivos de los empresarios de siempre. Comprar barato y vender caro ha sido y es el principio, la regla y la ley del comercio.

Otra norma, costumbre o sistema era y es la de comprar fiado a largo plazo, para vender de contado riguroso. De esta manera, el negocio es doble: el comercial y el financiero, como lo hacen ahora las grandes cadenas que otorgan créditos con altísimos intereses pagaderos en abonos chiquitos o paguitos, convirtiendo al cliente en una víctima, ya que paga el doble, el triple o hasta más el valor de la mercancía fiada. Y para quedarse con todo el pastel, las grandes cadenas tienen sus propios bancos.

El comercio de Martínez de la Torre y la región, siempre fue floreciente. Las tiendas, changarros y estanquillos siempre se veían con muchos clientes de rancheros comprando lo que necesitaban o vendiendo lo que producían.

Valentín Fuentes en Nautla, Nicolás Segura y Rafael Sáinz en Jicaltepec eran los grandes comerciantes de principios del siglo pasado; recibían mercancías diversas procedentes de Francia, España y de otros países de ultramar que distribuían en la zona costera. Así, los consumidores disponían de productos como vinos, ropa, alimentos, enseres y herramientas.

En el pasado remoto, Teziutlán y otros municipios pertenecieron a Veracruz y el puerto de Tuxpan era de Puebla, Estado que en el siglo XIX se quedó sin el acceso al Golfo de México.

Los poblanos necesitaban el mar; de ahí el interés de los teziutecos por contar con una salida al Golfo porque además tenían intereses en esta región. Tanto los comerciantes como los agricultores, hacendados y ganaderos, dueños que fueron de miles de hectáreas en toda la zona serrano-costeña, se organizaron a iniciativa de los señores Zorrila y Arámburo para formalizar la sociedad cooperativa ya mencionada.

Emitieron una serie de acciones con valor de cien pesos oro nacional que colocaron entre la mayoría de las empresas agropecuarias y entre las personas interesadas. Para el efecto, la Secretaría de Comunicaciones había otorgado la concesión a favor del ingeniero J. Raygada Vértis quien la negoció y traspasó a los señores Arámburo y Zorrilla.

La cooperativa quedó integrada por Francisco Arámburo, presidente; Aurelio Núñez, secretario; y Gabriel Lobato, tesorero. Como gerente de la empresa quedó Alberto Peredo Danini.

Con los recursos de los títulos accionarios se inició la obra titánica, pues la ruta de Teziutlán a Martínez era selvática y peligrosa por lo difícil de la topografía y la existencia de animales salvajes.

La tarea fue muy difícil y costosa; lo que las cuadrillas de trabajadores dirigidas por don José Bigurra hacían durante el día era destruido por las noches debido a las intensas lluvias de la zona.

Dos años después de trabajos forzados, la obra fue suspendida porque la empresa pretendía establecer casetas para el cobro de peaje por toda la ruta, lo cual motivó la protesta del gobernador de Estado, Adalberto Tejeda.

Sea por la inconformidad del Gobierno o porque la concesión fue traspasada por el titular sin el permiso de la Secretaria de Comunicaciones, los trabajos fueron cancelados.

Ya para 1924 pudo arribar a Martínez el primer automóvil y llegó para quedarse pues ya no pudo salir del pueblo.

Fue hasta la década de los cuarentas del siglo pasado cuando el Gobierno de Manuel Ávila Camacho construyó la carretera Federal. Antes, el camino Real era de cascos y de huaraches.

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