Hora Cero

Atentados contra alcaldes, historias de impunidad

Luis Alberto Romero
Este lunes por la mañana, el alcalde de Astacinga, Antonio Ramírez Itehua, sufrió un atentado. Uno o más sujetos abrieron fuego contra el edil, cuando se encontraba en los límites territoriales entre su municipio y Tlaquilpan.

Astacinga es un pequeño municipio veracruzano enclavado en la región de las altas montañas, sierra de Zongolica; tiene unos seis mil habitantes que en su inmensa mayoría enfrentan carencias y condiciones de pobreza.

93 de cada 100 habitantes de Astacinga viven en pobreza; y más de la mitad de la población municipal, 55 por ciento, es paupérrima.

Bien, pues el presidente municipal de este lugar fue agredido a balazos por la mañana de este lunes.

Tras el atentado, el edil fue trasladado a un hospital de Córdoba, donde su estado de salud se reporta como grave; incluso, fue ingresado al área de terapia intensiva, debido a que presentó dos heridas de bala; una, con entrada por el hombro izquierdo y salida en el cuello; y la otra, en el tórax.

Tras los hechos, la Secretaría de Seguridad Pública implementó un operativo en Astacinga y en otros municipios de la sierra de Zongolica; pero como en casi todos los casos de agresiones similares, no hubo resultados, ni detenidos.

Lo que sí hubo es un aumento en la percepción de inseguridad en esa zona de Veracruz y diversas expresiones de condena, así como llamados para que se implementen acciones para dar con los responsables.

El problema es que si bien es el primer caso de un atentado contra una autoridad municipal en los primeros meses del actual gobierno estatal, la lista de agresiones similares en la última década es larguísima en Veracruz.

Gregorio Barradas Miravete, presidente municipal de Juan Rodríguez Clara, fue victimado en 2010.
Saturnino Valdés Llanos, alcalde priista de Tampico Alto, fue asesinado en 2011. Marisol Mora Cuevas, ex alcaldesa panista de Tlacojalpan, corrió con la misma suerte un año después. En 2013 fue Gerónimo Manuel García Rosas, priista de Aquila.

Hay otros casos de atentados más recientes, como los ocurridos en noviembre de 2017, y que cobraron la vida de Víctor Manuel Espinoza, de Ixhuatlán de Madero; y Santana Cruz Bahena, presidente municipal electo de Hidalgotitlán, quien no alcanzó a rendir protesta.
Recordamos también el homicidio de Víctor Molina Dorantes, prestigioso abogado especialista en derecho laboral, ex alcalde de Colipa y ex diputado local, asesinado al comenzar 2018.

Es una larga lista de atentados contra ediles veracruzanos, que incluye autoridades que al momento de ser agredidas se encontraban en funciones; alcaldes suplentes, como Rafael Landa Fernández, de Atzalan; José Luis Cervantes Ortiz, de Pueblo Viejo; y Teódulo Gea Domínguez, de Pánuco.

De igual manera, se recuerda también a ex presidentes municipales veracruzanos, como Gaffet Romero Mendoza, de Tezonapa; Reyes Fortunato Ruiz, de Ixhuacán; Nahum Tress, de Isla; Enrique Marín Lara, de Soledad de Doblado; Cándido Morales Andrade, de Acultzingo; y Ambrosio Borbonio, de Cuitláhuac.

Eso sin contar con decenas de activistas políticos que han sido asesinados en la entidad durante la última década.

Lamentablemente, muy contados casos terminaron con la captura de los agresores; en Veracruz, la impunidad es regla y no excepción.

Por otro lado, de la violencia que ha registrado Veracruz en los diez años recientes parece que nadie escapa; en la lista de víctimas hay empresarios, profesionistas, estudiantes, comerciantes, periodistas, políticos y gobernantes. @luisromero85

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