Hora Cero

La destitución del fiscal veracruzano

Luis Alberto Romero

Parece que la suerte está echada para el fiscal General de Veracruz, Jorge Winckler Ortiz.

En el juicio político que se le sigue en la Legislatura del Estado, todo indica que los diputados veracruzanos mostrarán este jueves por la tarde el puño cerrado con el pulgar apuntando al suelo.

En el Congreso local se definirá el rumbo de dicho organismo autónomo, que ha carecido desde su creación de un titular que cumpla con el periodo para el que fue designado.

Primero fue Luis Ángel Bravo Contreras, hoy recluido en una celda del penal de Pacho Viejo, en el municipio de Coatepec. El siguiente podría ser el actual fiscal, Jorge Winckler Ortiz, quien se atrinchera en las oficinas del Circuito Rafael Guízar y Valencia, Arco Sur de Xalapa; y camina con media docena de amparos bajo el brazo en los que pide la protección de la justicia para no ser removido del cargo. Una empresa, la suya, que parece sumamente complicada debido a que todos los factores y actores involucrados están en su contra.

Con un Poder Ejecutivo que parece resuelto a echarlo; con una Legislatura del Estado en que predomina el Movimiento de Regeneración Nacional y sus aliados; y con un Tribunal Superior de Justicia cuyos magistrados prefieren no apoyar una causa que parece perdida, a Winckler no le quedaría demasiado tiempo como procurador.

Aun así, con todo en contra, Winckler se aferra al sillón de su oficina, y no deja pasar la oportunidad para lanzar de vez en vez algún torpedo contra el secretario de Gobierno, Eric Cisneros Burgos, a quien se ubica como uno de sus principales adversarios.

Recordemos que los pasados días 29 y 30 de enero, la Comisión Instructora de la Legislatura, que integran los diputados Rubén Ríos Uribe (Encuentro Social), Jessica Ramírez Cisneros (Morena) y Enrique Cambranis Torres (Acción Nacional),  emitió los dictámenes correspondientes a los juicios políticos contra el titular de la citada oficina, quien desde su llegada al cargo ha sido descalificado por sus muchos detractores, por un cuestionable nivel de autonomía e independencia de criterio.

A Winckler se le ubica más como un alfil en el tablero de ajedrez del ex gobernador Yunes Linares que como un fiscal imparcial y autónomo; basta comentar que se trató de una designación de los diputados panistas, que en la pasada Legislatura sólo respondían a los intereses del entonces gobernador. Fiscal carnal, le decían, aludiendo a un personaje incondicional, a modo.

Por si todo eso fuera poco, la personalidad de Winckler, que algunos califican como banal, no abona mucho a su causa, al igual que el ánimo de confrontación con los nuevos inquilinos de Palacio de Gobierno.

Como un intento desesperado por tener algún avance, aunque sea mínimo en términos de opinión pública, el fiscal veracruzano recurre a los pronunciamientos en contra de su destitución.

Este miércoles, por ejemplo, una asociación civil  lanzó un exhorto al gobernador y al secretario de Gobierno de Veracruz, para que respeten “la autonomía de las instituciones…”; “la figura del Fiscal no debe ser afín al gobierno en turno para que haya equilibrio”, difunden los promotores de la permanencia de Winckler.

Parece que olvidan que fue la pasada administración estatal la que designó, impuso al actual titular de esa oficina; es decir, Yunes Linares, consciente de la importancia del organismo, no mantuvo al fiscal que heredó Duarte, Luis Ángel Bravo, porque no confiaba en él; ¿por qué el actual gobierno estatal tendría que hacer algo diferente con el fiscal del ex gobernador?.

Al final, Winckler tomó el lugar que dejó Bravo Contreras; y quien llegue después al cargo correrá con la misma suerte que sus dos antecesores; de esa forma cobra mayor sentido el adagio que indica que los carniceros de hoy serán las reses de mañana. @luisromero85

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