Niñas del Totonacapan, entre la pobreza y la trata

Palabra de Nimbe.

Nimbe Romero

Las niñas y jóvenes del Totonapan viven en riesgos múltiples. Recuerdo que hace una década se documentaron casos de una red de trata que plagiaba a jovencitas de la Sierra Totonaca para explotarlas en prostíbulos de Puebla, Tlaxcala y Estado de México.

Escogían particularmente niñas de entre 12 y 15 años y en los municipios que colindan con el Estado de Puebla, secuestraban y huían aprovechando que la policía no les podía dar alcance por los límites territoriales

Hubo casos en que incluso la población logró capturar a los plagiarios y hasta estuvieron a punto de lincharlos en Filomeno Mata.

Pero también por «usos y costumbres» existe el fenómeno de las «destinarlas», que consiste en que las niñas de entre 8 y 10 años se van con sus padrinos o familiares a la ciudad, para hacer labores domésticas a cambio de techo y comida; en algunos casos bajo salario o la oportunidad de que les paguen su educación primaria o secundaria.

Ahí, muchas veces son abusadas sexualmente por el padrino o el hijo mayor de los padrinos.

No hay una estadística al respecto, ni se puede precisar cuántos casos han terminado en abuso sexual, por la falta de denuncias e investigaciones de esos casos, pero los que saben nada hacen por cambiar esa realidad.

La pobreza extrema y el embarazo adolescente parece que van de la mano, y en el ejercicio periodístico, hay una frase que no puedo superar y me retumba en la memoria… Hace más de 12 años hubo un problema de muerte de infantes por enfermedades gastrointestinales a causa del hacinamiento, falta de agua, drenaje e higiene en los municipios serranos, llegue hasta el centro de salud, a una mujer con el cuerpo de un bebé en brazos le pregunto: ¿es tu hijo?; respondió, es mi nieto, pero para el siguiente año lo repone, ya le dije que no llore, y señala a su hija de 15 años. Era la madre del bebé fallecido, toda escuálida, aún con los senos aumentados por la lactancia, con la cara agachada y los hombros caídos.

Hay cosas que como mujer, madre y periodista, no puedo superar, revivo la escena y sigo sin comprender… No asimilo que un hijo pueda sustituirse.

Pero entonces veo que ninguna estrategia al respecto, de los diferentes órdenes de gobierno, ni de las ONGs, se esfuerza por cambiar una realidad tan dolorosa.

También los índices de votación femenina se encuentran muy por debajo de la media, porque los maridos les prohíben participar en las elecciones.

Lo triste es que ni la era digital, ni los discursos feministas, ni las buenas intenciones de las ONGs, han cambiado la realidad de las mujeres de las comunidades indígenas. Porque en el día a día, si no son víctimas de secuestro, las “destinan”, las explotan, o dejan la escuela y se convierten en madres adolescentes, y si se le muere un bebé…pues lo reponen en un año.

NOTA: Gracias a mis amig@s que me insistieron en volver a escribir, fue duro el silencio… Ya saque la pluma del cajón, ¿content@s?

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