El Pital y el emporio ganadero

Nazario Romero Díaz

Durante los primeros años del siglo pasado florecía la hacienda El Pital, que fue propiedad del entonces gobernador del Estado, Antonio Pérez Rivera, quién era la ilusión y la esperanza de muchos hacendados que fincaron el emporio ganadero que fue toda la región costeña.

Los productores pecuarios estuvieron entusiasmados por el anuncio que hizo Pérez Rivera de construir una vía férrea que comunicara a la capital del Estado con el entonces Puerto de Nautla.

Con esa vía ya podrían sacar su ganado por ferrocarril hacia la Ciudad de México, ya que en aquel tiempo se veían obligados a conducir grandes partidas de ganado en largas distancias perdiendo peso en el camino.

Pero el proyecto de construcción de la vía férrea quedó truncado porque a la mitad de su gobierno, don Antonio Pérez Rivera fue llamado por Victoriano Huerta, tras ocurrida la Decena Trágica en que fueron asesinados el presidente Francisco I. Madero y el Vicepresidente Pino Suárez, por órdenes de Huerta.

El gobernante veracruzano se vio en la disyuntiva de aceptar o rechazar el puesto que le fue ofrecido y decidió aceptarlo solicitando licencia a la Legislatura del Estado para servir al gobierno de «El Chacal».

Como servidor público enfrentó problemas y fue enjuiciado; tuvo por cárcel el Distrito Federal, hoy Ciudad De México.

Escapó con ayuda del general Aureliano Blanquet y se refugió en los Estados Unidos hasta 1920 en que regresó. Murió en 1938.

La hacienda de El Pital contaba con siete mil hectáreas de potreros con abundantes pastos; producía miles de bovinos y también ganado bravo, de lidia, que enviaba a varias plazas de toros de la República, pero la hacienda fue decayendo poco a poco hasta que finalmente apareció la fiebre ejidal impulsada por el coronel Adalberto Tejeda en cumplimiento de la Ley Agraria.

Toda la superficie de ese latifundio fue destinado para varios ejidos, como El Pital, Paso de Telaya – Potrero Nuevo, Paso Largo y María de la Torre.

La Hacienda de El Pital contaba con centenares de trabajadores, vaqueros y demás personal; era administrada por el señor Ramón Campillo González.

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