Desde el café

Amorcitos corazones comprados con el erario

Bernardo Gutiérrez Parra

“El peor de los negocios es comprar un cariño y al comprar el tuyo me devalué y perdí”, dice una canción de arrabal que le queda como guante a la diputada Adriana Esther Martínez Sánchez, a la que un joven y aventurero Palomo le partió su maduro corazón en mil pedazos.

Va la sinopsis.

Cuando la maestra Adriana Esther ganó la diputación local por el distrito de Martínez de la Torre, llevó al Congreso en calidad de “asesor” a un sujeto joven y arrancherado llamado José Luis Arcos, conocido como El Palomo ganando un sueldo de 56 mil 756 pesos. Pero a pesar de eso el Palomo le jugó chueco.

Quizá nadie sabría lo anterior de no ser por un audio que circuló en redes hace unas semanas y se hizo viral. En él se escucha a Adriana reclamarle al Palomo su deslealtad desatenciones y malos tratos: “Pero ya se acabó Pepe, ya no te voy a apoyar. A mí sí me afecta que estés conmigo como mi asesor; pero he aguantado vara y he aguantado todo lo que me dice la gente”.

El Palomo objeta que no tiene compromisos con ella, pero la diputada le contesta: “Ya sé que no tienes compromiso conmigo, pero cuando necesitas cosas siempre estoy ahí para ti. Pero se acabó, te voy a sacar de la nómina; discúlpame”.

Engallado, el Palomo le revira: “Si pensaba que me iba a amarrar por dinero está usted muy equivocada maestra… y si le debo algo con mucho gusto se lo pago porque no me agrada que me echen en cara los favores”.

Hasta ahí el melodrama ranchero-legislativo, sainete que en lo personal no me interesa y que terminó con un reencuentro amoroso en la Cumbre Tajín. Y es que 56 mil pesos deben jalar más que una yunta.

Por otro lado, nadie le refuta a la senadora de Morena, María Esther Balderas Espinoza la relación sentimental que sostiene con un vividor alto y bien plantado (está mamadón el muchacho) ya que ella es joven y soltera. Lo que sí calienta es que lo calce, lo vista y le dé de comer con dinero ajeno, además de tenerlo de asesor ganando en números redondos 120 mil pesos por sus “asesorías”.

Si bien la relación era conocida en el sur de la entidad, lo que gana el gigolo salió a la luz porque fue detenido el domingo anterior a bordo de una camioneta de lujo, acusado de haber violado a una menor de 13 años en un motel de Villa Aldama.

Reitero, los líos sentimentales de los legisladores y legisladoras me importan pura corneta. Lo que no se puede pasar por alto es que usen el dinero público para mantener a sus parejas vía costosas “asesorías”.

Si pagaran esos servicios de su bolsillo no habría bronca, pero como ordenaron que pagaran a esos zánganos con dinero de mis impuestos y de los tuyos lector, me gustaría saber con qué derecho lo hicieron y cuándo lo reintegrarán a la Tesorería del Congreso, porque eso es corrupción, abuso de autoridad, conflicto de intereses y cohecho.

No se vale que el dinero que nos descuenta el fisco para que hagan leyes lo gasten en amiguitos (y/o amiguitas) cariñosos, cuando hay miles de veracruzanos que por pagar sus impuestos no tienen ni para comprarse calzones.

Como en los Congresos aún hay gente honesta, es urgente que legislen sobre este punto que también es una forma de latrocinio.

Y mientras esto sucede es bueno tener presente lo que dice la canción arrabalera: Comprar cariño nunca ha sido un buen negocio.

Es ley de la vida que cuando el vividor o la nena guapa por la cual te divorciaste se dan cuenta que el dinero se acabó y que ya chafeaste, inevitablemente terminarán por largarse.

bernardogup@hotmail.com

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