Agua, principal carencia en el Totonacapan

Palabra de Nimbe

Nimbe Romero

Ver a niñas y mujeres caminar kilómetros con una cubeta en la cabeza es una postal cotidiana en el alto Totonacapan y en muchas comunidades de la costa. El derecho universal  al agua es letra muerta en una zona donde la pobreza, la marginación y el rezago son parte de la realidad del día a día.

Hace años, en una jornada de trabajo como reportera en el Totonacapan, fui testigo de peleas entre mujeres por una cubeta de agua, y de hecho una de ellas sacó un machete para amenazar a la otra y quedarse con el preciado líquido; el acarreo del agua es una labor cotidiana de las mujeres en los municipios serranos, porque se asocia a su rol doméstico, y su necesidad de lavar la ropa, lavar los trastes, etcétera.

Historias como esa, aunque no tan extremas, son comunes en la zona rural de la sierra Totonaca, donde pareciera que 20 litros de agua valen más que una vida humana.

Si en Papantla la falta de agua entubada es evidente, en municipios como Mecatlan y Filomeno Mata la situación es todavía peor.

Papantla, el municipio más poblado y grande de la zona, registra cifras preocupantes en cuanto al acceso al agua entubada; en este lugar, donde habitan cerca de 170 mil personas de acuerdo a los datos que manejan Sedesol y Coneval, hay poco menos de 40 mil viviendas; de ellas, más de 23 mil, 59.6 por ciento, no disponen de agua entubada de la red pública; en tanto que casi 33 por ciento carece también de drenaje.

Sin embargo, Papantla no es el mejor ejemplo regional de rezago y carencias de agua entubada: en el pequeño municipio de Mecatlán, que tiene una población de 11 mil habitantes, hay poco más de 2 mil 600 casas; la mitad de ellas no disponen de agua; y cuatro de cada diez tampoco tienen drenaje.

Otro caso es Zozocolco de Hidalgo, donde mil 552 de las dos mil 920 familias del municipio carecen de agua.

El municipio con las mayores cifras de carencias de agua en el Totonacapan es sin duda Coxquihui, donde hay poco menos de 3 mil 500 hogares. Ahí, sin disposición de agua entubada de la red pública hay más de 2 mil 500 viviendas, lo que equivale a 72.5 por ciento.

Por supuesto, no deja de ser paradójico que siendo Veracruz una de las entidades con más escurrimientos de agua, el porcentaje de la población veracruzana de zonas rurales que no cuenta con el servicio de abastecimiento del líquido supere el 55 por ciento.

Un dato: en las zonas urbanas de la entidad, casi el 80 por ciento de la población cuenta con abastecimiento de agua entubada; sin embargo, en las zonas rurales, ese indicador ni siquiera llega a los 45 puntos porcentuales.

Lo lamentable es que el derecho al agua, que ha sido reconocido tanto en nuestro país como en foros internacionales, es letra muerta en las zonas rurales de la entidad veracruzana y particularmente en la región del Totonacapan, donde el trabajo que implica el traslado de agua en cubetas, desde los ríos y arroyos hasta los hogares, corresponde por usos y costumbres a las mujeres, sector que enfrenta situaciones por demás adversas; son ellas quienes más sufren marginación, pobreza e injusticias. Quienes hemos cargado una cubeta de agua en la cabeza,  caminando bajo los intensos rayos de sol, valoramos cada gota, y son precisamente aquellos que no saben lo que cuesta, ni su valor por ser un recurso no renovable, los que la desperdician.

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