La inseguridad y violencia no se solucionarán con tarjetas mágicas

Andi Uriel Hernández Sánchez *
Las últimas semanas se ha puesto en el centro de la palestra mediática el tema de la inseguridad y la violencia, que desde hace muchos años se vive en México, pues recientemente el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública- órgano dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública- calificó al primer trimestre del año actual como el más violento desde 1997. El gobierno federal afirma que en los próximos 6 meses el nivel de inseguridad disminuirá radicalmente a menos del 50% de lo que actualmente se reporta, pues la solución mágica, que el presidente de la República ha planteado, es la entrega de las tarjetas con dinero de los programas sociales que viene impulsando.

Veracruz es uno de los estados con mayor índice delictivo en el país, aquí han ocurrido hechos trágicos como la masacre del pasado Viernes Santo, en donde murieron 14 personas, entre ellos un bebé; Coatzacoalcos es la quinta ciudad del país en el que la población percibe más inseguridad según el INEGI. Ahora mismo la mayor preocupación de los veracruzanos es el asunto de la seguridad pública, la poca claridad en la solución del problema que han mostrado las autoridades estatales, iniciando por el Gobernador, Cuitláhuac García Jiménez, le han costado un desplome en la popularidad que gozaba al inicio de su mandato, por ejemplo, según datos de la consultora Arias su nivel de aprobación entre los veracruzanos es de tan solo 11.7%, siendo el rubro de “aumento de la seguridad” en donde peor punteado sale, pues el 91% de los encuestados afirma que la situación ha empeorado. Los veracruzanos sienten que la promesa de disminuir la violencia se ha quedado en el discurso.

Las medidas de seguridad anunciadas no son distintas a lo intentado en otras administraciones, pues siguen contemplando básicamente mayor uso de la fuerza militar del Estado y recrudecimiento de penas, medidas que la historia no solo de México sino del mundo entero han demostrado como poco eficaces y es que a pesar de que la Guardia Nacional se encuentra en operaciones en Minatitlán, los muertos, los secuestros y los asaltos continúan; a esto se agrega la política de entrega de dinero contante y sonante a la gente, como la solución definitiva a este mal, así lo afirman todas las autoridades morenistas, pero además de que hay un lento avance en la entrega del dinero, los señores del gobierno parecen ignorar que los programas de transferencia monetaria directa no son nuevos, ni invento suyo, son tan viejos como andar en dos pies, en México existen ya desde hace rato, a pesar de lo cual estamos ante este oscuro panorama.

Los antorchistas hemos señalado desde hace 45 años que el mayor problema de México es la creciente desigualdad social, misma que se ha acelerado con el modelo económico neoliberal, la concentración de la riqueza del país en unas cuantas manos, no se debe solo a la corrupción gubernamental como afirma López Obrador, más importantes son las violentas e incontrolables fuerzas del mercado, las prácticas monopólicas, los míseros salarios, la política de impuestos que deja intactos las ganancias del capital, entre muchos otros que han conducido a que un solo hombre, Carlos Slim, concentre tanta riqueza como la mitad de los mexicanos (60 millones). Esta situación origina la pobreza lacerante y necesariamente una mayor inclinación delictiva entre los miembros de la sociedad.

Al respecto, el economista estadounidense Joseph Stiglitz escribe en su libro El precio de la desigualdad: “El estrés que provoca no tener el dinero suficiente para hacer frente a las necesidades urgentes puede efectivamente afectar la capacidad de tomar decisiones que podrían contribuir a aliviar la situación. Las limitadas reservas de recursos cognitivos se agotan, lo que puede llevar a las personas a tomar decisiones irracionales”. Por ende, aun cuando optar por enlistarse, por ejemplo, en el crimen organizado parezca una decisión irracional, en ocasiones es la salida más rápida a la carencia. No por nada los estados más pobres del país, como Veracruz que ocupa el cuarto lugar, son al mismo tiempo los más inseguros.

En este sentido, los programas de transferencia monetaria directa no mejorarán la calidad de vida de los mexicanos, pues el recurso que se entregará es raquítico, además para financiarlos se tuvo que recortar el dinero para otros rubros, como la inversión en infraestructura social, por lo que aun recibiendo los 26 pesos diarios que dará el gobierno, la falta de servicios básicos, de educación, de vivienda, de salud, etc.; no cambiarán la percepción de miseria de la gente. Este año, según la meta del mismo gobierno se pretende beneficiar a tan solo 20 millones de mexicanos con los programas sociales, de una cantidad de 100 millones de pobres.

Para reducir la brecha de desigualdad, es necesario que la gente tenga trabajo y un salario digno, se necesita que el gobierno destine más recursos a la infraestructura pública, a la realización de importantes obras sociales y para esto es preciso que se recaben más impuestos de entre los más ricos. Estas medidas están siendo propuestas por importantes economistas en el mundo entero y en México los únicos que hemos planteado con toda claridad que esto es lo que necesita el país, somos los antorchistas. Necesitamos acabar con la pobreza para disminuir seriamente la inseguridad, la historia reciente de México ha demostrado que para lograrlo las tarjetas milagrosas no son suficientes, en seis meses seguramente lo constataremos de nuevo.

 

* Vocero del Movimiento Antorchista en Veracruz.

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