Fiestas de Xico, tradición, cultura, fervor religioso y ambulantaje

Luis Alberto Romero

Color, tradición, cultura, gastronomía y fervor religioso; Xico celebra sus fiestas patronales en honor a Santa María Magdalena.

En este lugar, uno de los seis pueblos mágicos de Veracruz, se respira olor a copal, a excelente gastronomía, a verde y a mora, las bebidas tradicionales que por décadas han caracterizado a este lugar húmedo, enclavado en una zona montañosa y rodeado de cascadas y de una exuberante vegetación.

Las calles principales de Xico, como la Miguel Hidalgo, se visten de colores; y como ocurre desde hace más de un siglo, la población entera sale a la vía pública para participar en esta celebración, en la que los lugareños presumen al mundo sus tradiciones, cultura y hospitalidad.

En las fiestas de Santa María Magdalena no falta nada: decenas de casas se habilitan como hostales, restaurantes, cervecerías o licorerías.

En las calles más céntricas, la muchedumbre convive sin importar edades, género o condición social; es un hervidero en las calles de piedra adornadas con flores y papel multicolor; porque, además, así es esta fiesta: colorida.

Xico es un pequeño municipio veracruzano situado en las faldas del Cofre de Perote; colinda con Coatepec, otro pueblo mágico veracruzano; y está muy cerca de la capital del Estado.

En medio de la fiesta patronal, las calles parecen pequeñas e insuficientes para la gran cantidad de automóviles que llegan a esta cabecera.

Quienes cada año visitan Xico desde los pueblos vecinos indican que es mejor llegar muy temprano; el día más importante de la fiesta, 22 de julio, entrar al municipio parece una tarea imposible por las enormes filas de autos que se prolongan por kilómetros.

Aquí, para celebrar las fiestas patronales no faltan los toros con pirotecnia; la música y el baile en las calles; las peregrinaciones y rituales religiosos; y la vestimenta de todo tipo; hay quienes se disfrazan de santos, de políticos en activo o de jerarcas religiosos; no falta el niño con ropas y máscara de payaso; los conjuntos musicales; y hasta los grupos de personas que participan en algo que podría definirse como comparsas aparentemente desorganizadas, improvisadas porque al final, cada participante lleva su ritmo y sus pasos.

El comercio informal satura las calles y una fiesta tradicional se convirtió en tianguis de artículos chinos.

Con notables diferencias, esta celebración podría compararse con el carnaval de Veracruz, cuyo antecedente, también decimonónico, está en “la fiesta de las máscaras” que se organizaba hace 15 décadas. La de Xico en honor a Santa María Magdalena comenzó a celebrarse a mediados de Siglo XIX. De hecho, los pobladores dicen con orgullo que existen registros históricos que se remontan a 1853.

Si el carnaval jarocho se caracteriza por la alegría, la celebración de Xico representa la cohesión social, la cultura y la identidad comunitaria de este pueblo.

A diferencia de del Xico antiguo, en los años recientes la fiesta xiqueña no sólo se ha caracterizado por las sueltas de toros de lidia por las calles empedradas del lugar; por las alfombras de aserrín; por el fervor religioso; o por los ingredientes culturales e indígenas incorporados a la celebración religiosa; hoy, en las calles de Xico también se observa un enorme movimiento comercial: las viejas casonas son habilitadas como tiendas, restaurantes o cervecerías; y los grupos de baile dejan de lado los disfraces para promocionar a las empresas del lugar.

En Xico no falta la buena comida, la hospitalidad de la población, las bebidas tradicionales y el ingrediente religioso de la celebración.

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