Con biotecnología, universitarios crean productos alimenticios sanos y novedosos

Redacción Hora Cero

Estudiantes de la Facultad de Biología de la Universidad Veracruzana (UV) descubrieron que la biotecnología alimentaria es una buena opción para crear y elaborar productos sanos, nutritivos y novedosos. 

Como resultado de este aprendizaje en la experiencia educativa (EE) Biotecnología Alimentaria, el pasado 9 de julio los universitarios realizaron una exposición gastronómica donde los asistentes degustaron alimentos elaborados a base búlgaros, tejuino, atole morado, frutas, huitlacoche, bacterias ácido-lácticas provenientes del tepache, e insectos como tenebrios y chapulín. 

Orientados por la académica e investigadora, María Guiomar Melgar Lalanne, titular de la EE, hicieron una bebida fermentada a partir del tejuino y paletas de hielo de atole morado, fermentados de leche, búlgaro untable de leche de vaca y cabra sabor maracuyá, queso fresco con acidificadores de jugo de mango y naranja, mazapán de tenebrios, así como un queso botanero con huitlacoche y sal de chapulín. 

A decir de los jóvenes, esta labor que les llevó todo el semestre pasado realizarla significó muchas ventajas, sobre todo en el fortalecimiento de sus conocimientos y de futuras aspiraciones profesionales relacionadas con la biotecnología alimentaria. 

 

Tejuitole 

Se trata de una bebida fermentada a partir de tejuino y atole morado en una presentación de paletas de hielo, creada por Obed Val Alfonso Hidalgo, Carlos Enrique Domínguez Vega, Cindy Denysse Montano Contreras, Alejandra Guadalupe Juárez Navarro, Sara Carolina Santiago González y Natalia Briseida Vega Castellanos. 

Explicaron que es una combinación de atole morado típico de Papantla y el Totonacapan, y tejuino, bebida hecha a base de maíz que lleva una fermentación mixta, la cual le confiere su sabor ligeramente ácido y color característico que va de blanco a amarillo pardo, típica de los estados de Jalisco, Nayarit y Colima. 

A esta combinación le agregaron sabores naturales de frutas como guayaba y piña, y se congeló para obtener paletas de hielo. 

Pero para conocer más a fondo el proceso de elaboración del atole morado, los integrantes del equipo visitaron a las personas que expenden este producto en el mercado de Papantla, lo cual le dio mayor proyección a su trabajo. 

De esta manera, escucharon de viva voz la importancia que el consumo de este producto tiene para las comunidades indígenas de la región, pues va ligada a su cultura y valores culinarios ancestrales. 

Se trata de una tradición que han rescatado a lo largo del tiempo. Además, mediante esta experiencia pudieron conocer cómo se conserva el color a través de una fermentación láctica. 

 

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