Los meteoros

Nazario Romero Díaz

Los meses de septiembre y octubre han sido fatídicos en la región de Martínez de la Torre porque la mayoría de los fenómenos meteorológicos ocurridos en el pasado han sido, en su mayoría, en los citados meses.

Los ciclones y huracanes de mayor impacto que registra el pasado reciente, fueron el «Janet» en 1955; le siguieron los meteoros del 66, 77, 88 y 99 (cada 11 años), siendo este último el más espantoso y dañino de la historia regional, ya que entre Teziutlán y Costa Esmerada hubo más de un centenar de víctimas humanas (de manera extraoficial se hablaba de 800). Sólo en Teziutlán, las lluvias torrenciales provocaron una impresionante avalancha que se llevó a una colonia completa con todos sus habitantes.

El huracán de 1999 ha sido el peor que registra la historia en cuanto a pérdidas humanas.

Y 14 años después, en el 2013, golpeó con furia inesperada otra tormenta tropical con saldo de una decena de muertos. «Fernando», que así se llamó el meteoro, llegó de noche y tomó dormidos a los medios de comunicación y a Protección Civil. Los agarró de sorpresa y no pudieron alertar a la población sobre el peligro; en consecuencia, todos dormían cuando sintieron el agua en sus casas y muchos ya no pudieron salir.

Hubo tareas de salvamento y rescates, pero esa vez no se alertó previamente del peligro a los habitantes de los pueblos y rancherías ubicadas en las riberas de los ríos y arroyos de la región.

El río Bobos elevó su nivel con las lluvias torrenciales que cayeron en la zona serrana y en pocas horas inundó todas las riberas causando severos daños a El Pital, Cementeras, San Rafael y muchas localidades más.

Los afluentes del Bobos (los ríos Kilate y María de la Torre, así como varios arroyos) contribuyeron a elevar el nivel del agua, que inundó a los citados pueblos.

Fluyeron los llamados y las alertas de Protección Civil, cuando los daños ya estaban hechos, cuando el meteroro ya había pasado y cuando las familias damnificadas ya habían perdido sus pertenencias, sus estufas, refrigeradores, camas, colchones, etcétera; todo se llevó el agua.

 

El agua da y el agua quita

Antiguamente, cuando llegaba el peligro de una inundación en los pueblos y rancherías, los elementos que alertaban a los habitantes eran los vaqueros y ganaderos «tocando el cuerno», produciendo un sonido penetrante conocido ya por la población.

De esta manera ponían a resguardo sus vidas y sus bienes; y arreaban el ganado hacia las partes altas para salvarlo.

Entonces no había albergues, pero si gente solidaria que auxiliaba a quienes necesitaban ayuda.

Los días fatídicos han sido los últimos días de septiembre y los primeros días de octubre, San Mateo, San Miguel y San Francisco. En estos días han ocurrido las peores tragedias meteorológicas en esta región.

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