El hotel destruido por el mar

Nazario Romero Díaz

Nautla, pueblo prehispánico y puerto de cabotaje que fue ocupado por el insurgente Guadalupe Victoria en el siglo XIX, se ubica a sólo cuatro metros sobre el nivel del mar; en esa villa se localiza el balneario natural conocido como Maracaibo, nombre que lleva el Golfo de Venezuela en el mar Caribe.

En Maracaibo-Nautla se construyó en los años cuarentas el gran hotel Maracaibo, que le dio fama y prestigio a ese hermoso lugar, ya que las familias pudientes de Teziutlán, Tlapacoyan, Martínez de la Torre y toda la región, solían acudir los fines de semana y en vacaciones para disfrutar de las bellezas naturales, hospedándose en ese establecimiento turístico que se ubicaba a unos treinta metros de la playa.

Era considerado el más hermoso lugar de descanso entre Tampico y Veracruz; ofrecía todas las comodidades y su tarifa era en 1947 de 20 y 25 pesos diarios por habitación por persona, incluyendo los alimentos. Contaba con treinta cuartos con baños y restaurant-bar.

En ese tiempo, Nautla registraba mucho movimiento que le daban los vacacionistas y visitantes; el comercio, los pescadores y los estibadores que descargaban las mercancías de los barcos y los cargaban con los productos regionales, principalmente plátano.

Embarcaciones de gran calado eran ancladas frente a Nautla para el movimiento de carga y descarga a bordo de grandes chalanes.

Nautla era entonces receptor de todos los productos de la región que eran enviados a Veracruz por la vía marítima.

Para llegar a Nautla era necesario atravesar el río a bordo de un enorme chalán propiedad de Valentín Fuentes, dueño que fue de varias embarcaciones, plataformas y remolcadores.

El hotel Maracaibo empezó a decaer cuando llegó la carretera y fue construido el puente, lo cual perjudicó a esa cabecera municipal, que se volvió lugar de paso.

Además, en aquel tiempo Maracaibo era un lugar peligroso para los bañistas y hubo temporadas vacacionales en que ocurrían de uno a dos ahogados al día, además de que el mar avanzaba y las olas llegaban furiosas hasta los muros del hotel.

Por esas razones, mucha gente dejó de acudir; los dueños se desalentaron y abandonaron el hotel y para colmo de males, la furia del ciclón Gilberto lo destruyó por completo en 1988.

Las personas mayores de la región han de recordar con nostalgia aquellas temporadas en que disfrutaron felices en ese famoso hotel que tuvo por huéspedes a las más distinguidas familias de la región en aquellos tiempos pretéritos.

Hoy, el hotel Maracaibo es una leyenda de felicidad y también de tristeza para las familias de quienes perdieron la vida cuando recibían las caricias de las olas del mar.

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