Esténtor político

México: en riesgo de tener un sexenio perdido

Miguel Ángel Casique

La administración morenista terminó su primer año de gobierno muy mal, con varias crisis en marcha y, lo que es peor, el inicio de su segundo ciclo anual avanza en el mismo sentido. Además de esto, en junio y julio empezarán las operaciones políticas y los cabildeos para definir las candidaturas del proceso electoral 2021, al que se considera como el más grande y complejo en la historia del país y cuyos preparativos comenzarán en septiembre próximo. En un abrir y cerrar de ojos, el gobierno morenista tendrá que enfrentar más problemas.

Se rumora que el padrón para los siguientes comicios será de 96 millones de personas, seis millones más que en 2018; se disputarán alrededor de tres mil 500 cargos, 260 más que hace dos años. Se renovarán diputaciones locales, presidencias municipales y las gubernaturas de Baja California, (no considerando la “Ley Bonilla”) Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

Se elegirán nuevos congresos y alcaldías en Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Tabasco y Yucatán; en Quintana Roo, Tamaulipas y Coahuila solo se votará por ayuntamientos y en Aguascalientes, Durango e Hidalgo se renovará congresos locales. En junio de 2020, se elegirán ediles en Hidalgo y Coahuila.

Un año y medio del sexenio ha transcurrido, pero Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no parece querer cambiar; sigue centralizando decisiones y recursos; recortando apoyos a estados y municipios y tomando medidas como la remoción de Jorge Gage Francois, excoordinador del Programa Nacional de Fertilizantes, luego de las protestas de los productores de maíz en 2019, que denunciaron fallas en la distribución de estos insumos.

Entre las crisis que el gobierno del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) enfrenta hoy, están la falta de crecimiento económico, la inseguridad pública, la represión a los migrantes y la disputa por la dirección del partido en el poder, que la semana pasada amaneció con dos presidencias, asunto de carácter jurídico que se resolverá en tribunales o en el próximo congreso partidista y que exhibe las fracturas internas de Morena de cara a las elecciones de 2020 y 2021.

Perdido en la lucha encarnizada por el poder interno, Morena será incapaz de llegar unido y fuerte a las elecciones; ahora controla 20 de las 32 legislaturas locales y es gobierno en siete entidades de la República, pero en el futuro su división le hará perder posiciones. Da la impresión de que sus grupos ni siquiera prevén este destino. Morena tiene a su principal enemigo en casa y no ha podido renovar su presidencia desde noviembre de 2019.

Esta lucha interna se agudiza en la antesala de los comicios federales y locales de 2021, cuando se renovarán la Cámara de Diputados (500 curules), 29 congresos locales, 15 gubernaturas y cerca de dos mil alcaldías. La futura dirección nacional de Morena tendrá que definir miles de candidaturas, y ésta será la prueba de fuego para que se consolide y fortalezca; si sigue atado a la sombra de AMLO habrá sellado su destino.

Si AMLO no cumple su promesa de no respetar las decisiones de su partido o prefiere deshacerse de él antes que considerarlo, las cosas irán mal para Morena en los próximos meses y en 2021. Las posibilidades de que AMLO respete la vida interna de su partido no son muy grandes, dada su personalidad y su forma de entender el ejercicio del poder político en México.

Si AMLO persiste en la construcción de un poder autoritario, donde solo él habla y decide, cabe esperar que vaya a desentenderse de su partido, ya que éste es uno de los mejores instrumentos de su enfermizo deseo de poder para borrar todo lo hecho en el pasado; para moldear leyes ad hoc a sus creencias y ocurrencias; para polarizar a la sociedad; para afectar la vida diaria de millones de mexicanos y decretar desde su oficina el ilusorio fin del neoliberalismo.

Morena es responsable de la ineficiencia y las fallidas reglas operativas del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi); del burocratismo de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) que no entregó fertilizante y provocó, en Guerrero, que la producción de maíz se redujera a 50 por ciento; de la inseguridad pública y la violencia delictiva que asuelan al país mientras la Guardia Nacional se ocupa de contener y maltratar a los migrantes centroamericanos.

Morena no es un partido ajeno al aumento crítico de muchos de los problemas que hoy lastiman a la mayoría de los mexicanos de las clases trabajadoras, tampoco, por supuesto, de que, en sus conferencias mañaneras, el Presidente ofrezca pan y circo a la prensa que le es adicta, que reprima o agreda verbalmente a los periodistas críticos, a las organizaciones sociales y a todos aquellos que no son afines a la “filosofía” política de la “Cuarta Transformación”.

México corre hoy el riesgo no solo de iniciar un sexenio perdido, sino de retroceder varios lustros y aun décadas en muchos ámbitos. Por el momento, querido lector, es todo.

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