María de la Torre, poderosa encomendera tres veces viuda

Nazario Romero Díaz

Un río y una congregación de este municipio llevan el nombre de María de la Torre, quien fue beneficiaria de la Encomienda que le fue concedida a su esposo, el conquistador Alonso de Benavides, a cuya muerte la viuda se hace dueña de todo el territorio de esta región que perteneció a la república de Atzalan, donde radicó el matrimonio, procreando varias hijas.

Dueña y señora de miles de hectáreas de tierra y de miles de esclavos totonacos, doña María hubo de abandonar Atzalan para radicar en la antigua Nueva España por disposición del virrey, don Antonio de Mendoza, con quien la dama compartía afectos.

La viuda se casa en segundas núpcias con el capitán Andrés Dorantes, quien al igual que Benavides, le dio varios hijos, siendo el primogénito Baltazar Dorantes.

Andrés Dorantes fue sobreviviente del grupo de soldados hispanos que salió a la conquista del norte de la Colonia. Eran cuatrocientos elementos y de ellos sólo pudieron regresar cuatro, diez años después, entre ellos el capitán Dorantes. Fueron recibidos con grandes honores por el virreinato, y como recompensa el virrey entregó por esposa a Dorantes a la viuda de Benavides, doña María de la Torre.

La señora enviuda otra vez y se casa por tercera ocasión; cede la administración de la «Encomienda» y de sus esclavos a su hijo Baltazar Dorantes quien tuvo su residencia temporal en la estancia ganadera «Cabrestos», ubicada en Paso de Novillos, hoy Martínez de la Torre. El escritor, Fernando Benítez nos dice que la dama española se casó por cuarta ocasión y a su muerte hereda la Encomienda a una de sus hijas de su primer marido, Antonia de Benavides. Por ello Baltazar Dorantes se ve obligado a entregar los bienes a su media hermana, yéndose a trabajar al puerto de Veracruz al servicio del virreinato.

Años más tarde, el Rey de España decreta «nuevas leyes» y despoja a todos los que fueron beneficiarios de las encomiendas, así como la liberación de los esclavos de la Nueva España. De esta manera, las tierras fueron adjudicadas en menores superficies a otros españoles. Los esclavos totonacos (muchos de ellos marcados con el fierro quemador en los corrillos o en la cara) quedaron en libertad al ser abolida la esclavitud.

Doña María de la Torre fue poderosa por su cercanía con el virrey Antonio de Mendoza, hermosa porque se casó cuatro veces, dice la historia.

Durante la Colonia, los «criollos» fueron los nacidos en México, hijos de madre y padre españoles. En España eran considerados mexicanos y en México eran españoles. No tenían patria, ni disfrutaban de prebendas ni favores; por ello Baltazar Dorantes emprendió una campaña en favor de los criollos exigiendo derechos hereditarios.

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