En la mira

Dejó AMLO solo a Ahued. ¿Por qué? 

 

Silverio Quevedo Elox

Justo cuando el aún Administrador General de Aduanas, Ricardo Ahued Bardahuil cantaba su renuncia, y tras hablar de su tema el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador en la conferencia de prensa diaria, conocida como “la mañanera” en algunos medios electrónicos estatales y nacionales, se ventilaron  diversos hechos de corrupción registrados en las aduanas del país.

Ahued, el político xalapeño, al que varios etiquetan como probo e incorruptible, oriundo de Pachuca, Hidalgo, entregó su renuncia con fecha 30 de abril, salía de Palacio Nacional acompañado del líder del senado, Ricardo Monreal, tras estar con el presidente Andrés Manuel López Obrador, su amigo, el que previamente pareció dar, con una mesurada interpretación, el siguiente mensaje: “Tenemos un pendiente en aduanas, no hemos podido erradicar la corrupción… voy a hacer una limpia…”

Y con todo lo que en su momento le expresaría al designarlo en el cargo al que ha renunciado, se podría decir que para él fue un colaborador: “bueno y estimado, hasta honesto, pero no eficiente ni valiente”.

Esa misma mañana se retomaron algunos hechos que habrían sucedido durante la gestión del empresario de la capital veracruzana, el portal Vanguardia consignó lo siguiente:

“Dos de los mayores escándalos de corrupción en el gobierno de la Cuarta Transformación ocurrieron en el puerto de Tuxpan e involucraron a una red de funcionarios de Aduanas, que estaban bajo la responsabilidad directa de Ricardo Ahued, quien ya oficializó su salida de la Coordinación General de Aduanas”.

Y es que de acuerdo a los antecedentes expuestos, en agosto del 2019, Abel Cárdenas Lara llegó a hacerse cargo de la Aduana Tuxpan, pero cinco meses después la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda detectó operaciones ilegales y dio vista a la Fiscalía General de la República.

Otro caso ocurrió en Progreso, Yucatán, donde Guillermo César Calderón, encargado de la Aduana al que se le investigó por el tráfico de especies protegidas y por presuntamente permitir el ingreso de sustancias prohibidas.

El escándalo mayúsculo, según consigna también Vanguardia, ocurrió en marzo del 2020 cuando la Secretaría de Marina y la Unidad de Inteligencia Financiera desarticularon otra red de corrupción que salpicaba a la Aduana e involucraba a navieras y a empresas importadoras de combustible. Esta trilogía generaba una evasión al fisco de unos 200 millones de pesos al mes.

Dicho por el secretario de Marina, el descubrimiento de la millonaria fuga fiscal en ese recinto se logró debido a que iniciaron operaciones e investigación al darle seguimiento a un posible robo de combustibles dentro del puerto, para luego encontrar que se trataba de un caso de corrupción y evasión al fisco por parte de la Aduana.

El aún funcionario federal, pues según lo dicho en el encuentro con el mandatario su renuncia será efectiva del 30 de abril, declaró hace un par de días a algunos medios xalapeños que en Aduanas «es muy fácil corromperse. Encontramos prácticas que son nocivas, donde es muy común la corrupción».

«Quiero decirles que se hicieron más de 24 movimientos en las aduanas de México, en tranquilidad, sin ninguna situación de riesgo. Encontré gente valiosa y también encontramos prácticas que son nocivas, donde es muy común la corrupción. Donde es muy fácil corromperse».

Llama la atención la actitud del anticorruptible Ahued, puesto que si es “fácil corromperse” no puede dar el mensaje que para él es tentador el puesto que desempeñó, y entonces, se dejaría muy mal parados a sus “fans” que lo presumen como eso, como alguien que enarbola la bandera contra la corrupción. Casi casi “libre de pecado”.

Con esas declaraciones pues, Ahued da a entender que ha estado a punto de sucumbir, y que no está a prueba de fuego, como cualquier humano tiene debilidades y ésta pudo ser una de ellas, pero también está claro que no tuvo valentía para acabar con el monstruo de cien cabezas, como le llamó AMLO.

Ante esto, la gran incógnita que invade el tema del veracruzano por adopción y que pronto se va diluyendo en el imaginario colectivo es entre otras:

¿Por qué no lo rescató el Presidente? La estima, admiración y su intachable imagen que lo hizo nombrarlo en el cargo, ¿no fue suficiente para detenerlo y hacerlo cambiar de opinión?

Lo ha hecho en otros casos, como el del coordinador del programa Sembrando Vida, Javier May Rodríguez, que el 2 de marzo presentó su dimisión al cargo, pero al siguiente día  el Presidente afirmó que no la aceptaba por diferencias con la secretaria de Bienestar María Luisa Albores.

“Javier May se queda en el cargo”, lanzó entonces la sentencia el mandatario al rescatar al funcionario y señalar que no le aceptó su salida del gabinete, caso contrario con Ahued.

Y es que fue la misma novela, diferencias de un subalterno con su jefa, en este caso la titular del SAT,  pero a pesar de que entonces López Obrador expresó que “como en toda familia había diferencias”, esta vez no le dio el mismo tratamiento ni tuvo el mismo desenlace, y AMLO prefirió a Raquel Buenrostro Sánchez, la titular de Administración Tributaria que a su entrañable e incorruptible Ahued.

Por cierto que tampoco apareció en el escenario, Rocío Nahle quien codo a codo, logró con éste las senadurías por Veracruz en primera y segunda fórmula. Pero como dicen por ahí, esa es otra historia.

El que también se ha quedado solo y deberá encontrar algún espacio en la 4T es el suplente Ernesto Pérez Astorga que disfrutó por un año la curul del Senado que ahora le tendrá que devolver a Ahued.

Compartir