El Coronavirus no está domado y el hambre crece: Samuel Aguirre

Samuel Aguirre Ochoa *

Desde hace casi un mes, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha venido sosteniendo reiteradamente que el sistema de salud de su gobierno ha logrado domar al coronavirus, aplanar la curva de contagios y decesos, lo que le ha permitido controlar la pandemia, no saturar los hospitales, contar con camas y ventiladores suficientes para atender a los enfermos y ha presumido que los resultados de México son mejores a los de otros países más desarrollados. Sin embargo, la realidad muestra otra cosa muy diferente: en los últimos días el número de contagios y fallecidos se ha venido incrementando en mayor cantidad y de manera continúa. Solo el día de ayer, 20 de mayo, los decesos alcanzaron 424 en 24 horas, el mayor número desde que se inició la pandemia; en el número de contagios, el día en que más casos nuevos se reportaron fue apenas el 19 de mayo con 713, el día 20 de mayo fue el segundo con más contagios con 2,448.
Esto conforme a los datos proporcionados por la Secretaría de Salud, que han sido bastante criticados por esconder los números reales.

Aparte, podemos ver en los noticieros a enfermos que deambulan de hospital en hospital buscando un lugar para ser atendidos y a otros sentados esperando camas disponibles, debido a que éstos se encuentran saturados, lo que también contradice la versión del presidente.
México ocupa ya el décimo lugar en el número de muertos a nivel mundial, echando abajo las cifras alegres y la soberbia manifestada por López Obrador y más bien refleja un mal manejo de la estrategia para combatir la covid-19.

Vamos en el día 60 del confinamiento social, es decir, desde que el gobierno llamó a la población a quedarse en casa y de la orden para cerrar las empresas y negocios no esenciales. Durante este tiempo se han perdido 700 mil empleos del sector formal y miles de fuentes de trabajo en el sector informal, hecho que ha dejado sin ingresos a millones de personas que hoy se encuentran en una situación desastroza en sus hogares pues no tienen qué comer. Hemos observado diversas manifestaciones públicas de estos sectores exigiendo apoyos alimenticios, condonación de pago de servicios o algún apoyo económico para sostenerse durante la crisis y la mayoría de los gobierno estatales y el federal y no los han hecho caso, incluso algunos han usado la represión en su contra. No han querido invertir recursos para salvar las cadenas productivas y para sacar a la gente de esta hambruna, mostrando que en realidad no están del lado de los pobres.

Hoy la situación es verdaderamente desesperante porque la gente ya no aguanta más está situación, necesita y quiere salir a trabajar para no morir de inanición y con toda razón; los que perdieron sus empleos, al principio se las ingeniaron para elaborar productos y salir a la calle a venderlos, otros intercambiaron sus mercancías por comida, fueron a las casas de empeño, familias completas se juntaron en una sola casa para ahorrar, muchos salieron a realizar colectas a las calles o recurrieron a los municipios o con la iniciativa privada a pedir despensas, pero todo tiene un límite, las cosas ya no pueden seguir así y la gente lo dice claramente, que prefiere exponerse al contagio que morir de hambre. A esto se ha sumado la presión del capital y del gobierno de Estados Unidos hacia el gobierno mexicano para reactivar las manufacturas que le surten de partes y materias primas a la industria militar, aeroespacial y automotriz. Estas dos útimas variables le metieron presión al gobierno de López Obrador, quien anunció el pasado 14 de mayo el plan para regresar a la «nueva normalidad». El gobierno ahora se encuentra ante el dilema de que si mantiene la cuarentena puede haber un brote de rebelión social, como consecuencia de la brutal pobreza de la gente, o que si levanta el confinamiento los contagios y decesos se multiplicarán por muchos.

Y aquí es donde la puerca torció el rabo, porque al mal manejo que los López han estado haciendo de la pandemia con el escaso número de pruebas para detectar covid-19, el encubrimiento de los datos y las balandronadas del presidente de que ya domó al coronavirus, han confundido a la población y la ha llevado a un relajamiento prematuro del confinamiento. También rebela la actitud inhumana de Andrés Manuel López Obrador al no haber establecido ningún programa de rescate alimenticio a los que dice defender, a los pobres; su mentira, porque la gente que se quedó sin empleo y sin fuente de trabajo, son aquellos que no están siendo beneficiados por los programas de transferencia monetaria directa que su gobierno viene dando, pues no son ni estudiantes, ni ninis, ni adultos mayores, son gente que de una o de otra manera tenía trabajo y ahora no. Y su desapego a la ciencia en el control epidemiológico de un mal tan grande como el covid-19, pues la reapertura de las actividades económicas y sociales obedece más a criterios políticos que de salud pública.

La corrupción en Veracruz.

Sorprende lo anunciado por el INEGI de que en Veracruz aumentó la corrupción en 24.9%, según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, la cantidad de personas víctimas de corrupción en la realización de pagos, trámites o solicitudes de servicios públicos ante el gobierno de Veracruz pasó de 10 mil 592 en 2017 a 13 mil 225 en 2019.

 

* Dirigente estatal del Movimiento Antorchista en Veracruz

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