Educación, a terapia intensiva por Covid-19

Brisa Gómez

Xalapa, Ver.- Un arco de globos, que lejos de parecer festivo, lucía nostálgico, colgado afuera de una escuela primaria, donde no había gritos de juego, ni abrazos de despedida, esa era la fachada de la escuela Pedro de Gante.

Los globos de colores parecieran anticipar el inicio de una fiesta, una graduación, se esperaría ver llegar a estudiantes bien plantados con el uniforme impecable y su mejor peinado, acompañados de sus familias, con globos, peluches y arreglos florales para felicitarles por el logro alcanzado. Pero no fue así.

Algunas maestras estaban paradas afuera de la puerta que se ubica en la calle de Juárez, al costado de la Escuela Industrial. Abajo del arco de globos, esperando ver pasar coches familiares, en su interior a los alumnos que desde hace tres meses sólo han visto a través de las pantallas o cuyas voces sólo escucharon al conocer sus dudas por WhatsApp.

Las maestras esperaban la llegada de los coches adornados, ahí dentro venían los graduados de sexto de primaria, acompañados de sus familias. Los vehículos se detenían un par de minutos en la puerta de la escuela para recibir una carpetita con papeles y un pequeño regalo por el fin de seis años de estudio.

El ambiente festivo se diluía con rapidez, el riesgo de un contagio de coronavirus mantiene a las familias en casa y salidas extraordinarias como estas son poco frecuentes y resultan breves, sin embargo la necesidad de rescatar un poco de la normalidad anterior y de reconocer al graduado les hizo salir a la calle.

En otras escuelas, las maestras plantean clases muestra virtuales, para que las familias puedan ver los avances de cada estudiante en las diferentes materias que se impartieron. Esto se volvió una necesidad para este cierre de curso, pues el próximo ciclo es incierto, sobre si habrá que hacerlo nuevamente virtual o si se podrá regresar a las aulas con restricciones.

Es por ello que para las maestras era importante mostrar a las familias dónde se habían quedado, qué contenidos se habían asimilado y cuáles quedaron pendientes por las condiciones extraordinarias del ciclo escolar.

Esta es sólo una de las formas que las diferentes escuelas de primaria, secundaria, bachillerato e incluso universidad han implementado para graduar a sus estudiantes en medio de una pandemia de coronavirus. El semáforo epidemiológico se mantiene en rojo en Veracruz por los más de 8 mil 600 casos reportados y los más de mil 360 decesos, esto hasta el 23 de junio.

Otros egresados son menos afortunados, pues tendrán una graduación simbólica o de plano descargarán sus documentos de la plataforma de internet que implementaron la Secretaría de Educación en Veracruz.

Un cierre difícil, para un curso aún más difícil

Desde el 23 de marzo, los más de 2 millones de estudiantes en el Estado de Veracruz se toparon de frente con una realidad para la que no estaban preparados, pues el coronavirus obligó a las autoridades a cerrar los planteles y a instruir a sus docentes a instrumentar un sistema educativo desde lo virtual, de la nada, con sus propios recursos económicos, su computadora, su internet, su capacidad autodidacta y la esperanza de que sus estudiantes contaran con un aparato conectado a internet.

Fue así que 137 mil 277 docentes de los diferentes subsistemas de educación en la entidad, tanto de instituciones públicas como privadas, tuvieron que hacer malabares para empezar a dar clases “a distancia”. Así hubo quienes no tenían ni un teléfono inteligente en sus manos, mucho menos internet en casa; otros ni siquiera sabían usar redes de “networking” que les permitieran compartir contenidos con sus estudiantes y tuvieron que aprender a marchas forzadas a usar una computadora, grabar un video, compartir contenidos y armar dinámicas virtuales.

Para los estudiantes tampoco fue una situación fácil, pues si bien muchos estaban más inmersos en la tecnología que sus docentes y contaban con algunos conocimientos que les permitía asimilar los contenidos, hubo otros, en condiciones de marginación, quienes no tenían en sus manos esa ventaja.

Sólo en Veracruz, alrededor de 3 millones 466 mil personas viven con carencias en el acceso a los servicios básicos en la vivienda, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre ellos energía eléctrica y por supuesto internet.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), en México apenas el 65.8 por ciento de la población de seis años y más es usuaria de internet, es decir que tres de cada diez no utiliza ninguna aplicación de este tipo.

También el INEGI reporta que sólo uno de cada dos hogares en México cuenta con internet, por lo que sus ocupantes deben hacer uso de “datos móviles” de sus teléfonos celulares o salir a buscar wi-fi en algún sitio público.

En el caso de Veracruz, la entidad se encuentra entre las últimas tres del país en cuanto a uso de telefonía celular (por debajo nuestro sólo quedan Oaxaca, Guerrero y Chiapas), pues si bien el promedio nacional es del 73.5 por ciento, en Veracruz apenas llega al 60 por ciento, señala el INEGI en última Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), levantada en 2018 y publicada en 2019.

En cuanto al acceso a internet dentro de los hogares, también Veracruz se mantiene por debajo de la media nacional, esta llega al 52.9 por ciento, pero la entidad apenas alcanza el 40 por ciento, es decir que en el estado con el tercer lugar en población, apenas cuatro de cada diez hogares tiene acceso a internet.

Estos datos que parecieran fríos y y difíciles de comprender, se vieron aterrizado a la realidad en los kioscos y palacios municipales de lugares como Naolinco, Chiconquiaco, Zongolica y otros, donde a lo largo de tres meses se podía ver llegar a estudiantes de primaria a licenciatura, quienes se sentaban en las bancas, en las escalinatas, en las banquetas e incluso en los bajos de los edificios, tratando de colgarse del internet público, el “MX-Conectado” o de los pocos negocios que pudieran estar abiertos y permitieran la contraseña de su wi-fi.

Ese internet público, el “MX-Conectado”, -antes “e-méxico”- se instaló durante el gobierno de Vicente Fox Quezada en Palacios Municipales y en algunas escuelas públicas para “conectar” a la población, sin embargo la señal es baja y dificulta que puedan mantenerse conectados todos los estudiantes que requieren unirse a plataformas, sin importar que sean tan básicas como classroom o tan pesadas como eminus de la Universidad Veracruzana.

Esta es una situación que incluso reconocieron académicas de la Universidad Veracruzana, como su propia rectora, Sara Ladrón de Guevara, quien dijo que algunos de los estudiantes manifestaron las carencias para acceder al internet y la necesidad de ir diariamente al Palacio Municipal o a los puntos altos de sus comunidades a “cachar” la señal para poder acceder a los materiales de sus diferentes clases en la facultad.

Los estudiantes de la Universidad Veracruzana no son los únicos que se toparon con estas barreras para acceder a los contenidos de sus clases, muchos jóvenes inscritos en universidades privadas modestas, también enfrentaron dificultades, las cuales se agravaron además con el pago de las mensualidades.

Las escuelas privadas funcionan mediante reglas internas que atienden la falta de pago con distintos “incentivos”, uno de ellos es negar el acceso a sus estudiantes a las clases y otro la negativa a entregar calificaciones, con el riesgo de que los jóvenes lleguen a reprobar el ciclo escolar por un “cero” asentado en sus boletas.

Muchos de los estudiantes son de familias de escasos recursos, algunos son la primera generación que llega al bachillerato o a la universidad, con padres o madres que se dedican al comercio y los servicios, quienes llegaron a perder sus empleos o incluso sus negocios durante la contingencia, por el cierre obligado durante la jornada de “sana distancia”.

Esos estudiantes, como es el caso de un joven a quien llamaremos “Mario” -pues prefiere resguardar su identidad- inscrito en una universidad privada en Xalapa, enfrentaron una crisis que fue de lo sencillo a lo catastrófico, pues su familia se quedó sin recursos, no pudieron pagar las mensualidades de la escuela, después dejaron de pagar el internet de casa y del celular, por lo que tuvieron que conseguir wi-fi público; luego dejaron de tener para pagar los camiones que les permitían ir de su comunidad a la cabecera municipal o a casa de sus amistades para usar la red. Al final se quedaron sin luz y tuvieron que tomar una decisión entre continuar estudiando o comer.

Para los más jóvenes tampoco fue fácil

Para un joven de 15 a 20 años, el acceder a contenidos, leer, hacer resúmenes y comprender conceptos complejos es algo que aprendieron a lo largo de su vida académica en la educación básica; el obtener conocimientos mediante el ingreso a una plataforma como google classroom o en su caso Teams de microsoft, o las creadas por cada institución educativa es una cuestión más de responsabilidad y acceso tecnológico que de habilidad.

Para los más pequeños, aquellos estudiantes en nivel primaria, que están adquiriendo conocimientos y habilidades como la lectura, escritura, la habilidad de sumar, restar, multiplicar, dividir y otros el acceso es más complejo y obliga a darles mayor atención de parte de sus docentes e incluso de sus familias.

Por tres meses, las maestras y maestros tuvieron que ir a un paso más lento en la impartición de contenidos, en la enseñanza mediante video conferencias y videos grabados de forma rústica, pues sus estudiantes tenían que asimilar primero los conocimientos académicos y luego las habilidades tecnológicas que habrán de utilizar de ahora en adelante, al menos durante el próximo ciclo escolar.

Mientras el cuerpo docente trata de impartir conocimientos a distancia, al lado de niños y niñas están sus familias, quienes anotan, ayudan, llaman la atención ante las distracciones y tratan de resolver dudas académicas para las que a veces no están preparados.

“Es que así no me lo enseñó la maestra, me haces bolas y luego me regañas cuando sale mal” reclamó Amelia -entre lágrimas de frustración- con nueve años de edad, de tercer año de primaria en Coatepec, a su mamá cuando trata de corregirle las divisiones y multiplicaciones que aprendió este ciclo escolar.

Esta historia se repitió diario también con su papá, ambos haciendo “Home office”, en medio de hacer su trabajo a distancia, atendiendo la limpieza a conciencia del hogar y ocupándose de mantener una rutina de acompañamiento a las clases virtuales de su hija para que en medio de la pandemia pudiera al menos salvar el ciclo escolar.

Hubo clases en las que definitivamente los padres quedaron fuera de combate, algunas materias como informática o chino los rebasaron, pues no entendían lo que estaban enseñándole en una primaria a una niña de nueve años que respondía a las preguntas que le hacían a través de zoom.

Kari, es una niña de 11 años, cursaba el quinto grado de primaria en la escuela Benito Juárez en Xalapa. Su papá se dedica al comercio y su mamá es ama de casa, rentan una pequeña vivienda a menos de una cuadra de su escuela.

Antes de la llegada de la pandemia, Kari tenía un celular viejo, que alguna vez fue propiedad de su mamá, se conectaba sólo por wi-fi y le servía para funciones básicas, como ver videos y jugar con algunas aplicaciones que sólo costaban al momento de la descarga, pero no durante su uso.

Este celular terminó siendo el instrumento para atender las demandas de la escuela en cuanto a las clases virtuales, lo que tuvo que completar con las clases que se impartían en RadioTelevisión de Veracruz, y cuyos horarios estaban quebrados para satisfacer la demanda de un espacio para nueve diferentes grados escolares en la educación básica.

Las clases de Cuitláhuac

Una hora en radio televisión de Veracruz, hablando de matemáticas, fue la manera en que el gobernador Cuitláhuac García contribuyó al sistema educativo a distancia que le tocó implementar al Gobierno de Veracruz cuando se decretó la jornada de sana distancia.

Se anunció con bulla, ya antes se había visto a gobernadores descalzos repartiendo despensas en el lodazal de las inundaciones, nadando en laguna verde para demostrar que las aguas no eran peligrosas pese a estar junto a la central nuclear, se había visto a un gobernador detener con sus propias manos a saqueadores, pero nunca se había visto a un mandatario enseñar matemáticas por televisión.

Apenas el 18 de marzo, en una conferencia de prensa, el gobernador Cuitláhuac García, junto con el secretario de Educación Zenyazen Escobar, anunciaban el programa de clases y los horarios en que se transmitirían los contenidos educativos por la televisión de los veracruzanos.

Ahí se anunció el programa “matemáticas para todos”, cuya primera clase sería impartida por el Gobernador. Esta no era su primera vez frente a grupo, ya había dado cátedra en las aulas de la Universidad Veracruzana; tampoco era nuevo a cuadro.

Con una escenografía que incluía un escritorio, un librero, un pintarrón y un árbol bonzai, García Jiménez impartió una clase de matemáticas, dibujó esquemas en un programa que buscaba “enseñar” a los docentes a dar una clase de matemáticas.

Su intervención se concretó en resolver un ejercicio matemático, dibujó el esquema y escribió las fórmulas, ahí fue resolviendo paso a paso el problema que se aplicaría a estudiantes de secundaria y bachillerato.

Fuera de esa clase, Cuitláhuac García no regresó a impartir otra lección durante el periodo escolar, eso se lo dejó a las y los docentes que día a día buscaron la manera de impartir conocimientos a estudiantes de todos los grados.

 

Un fin de semana que no tiene fin

El 23 de marzo inició la cuarentena, la “jornada de sana distancia” se aplicó de manera generalizada a nivel nacional, aunque ya algunas entidades y municipios la habían iniciado días antes; el plan original era que la frase “quédate en casa” se cumpliera sólo un mes.

En ese periodo que de por si era inédito en la historia del país, se contemplaba el periodo vacacional de semana santa, por lo que se esperaba que la pérdida de clases sería mínimo, un par de semanas a lo sumo, si es que no se encontraban alternativas para enviar contenidos vía correo electrónico.

Esas primeras semanas, las y los docentes de Veracruz no tenían como tal contemplado dar clases virtuales, hasta que se supo que la jornada de sana distancia se extendería, entonces el sistema educativo entró en caos, no todas las maestras tenían internet en casa, no todos los estudiantes tenían este servicio tampoco.

Además, había docentes con más de 30 años de experiencia en el sistema educativo que nunca se enfrentaron a un grupo a través de una pantalla, algunos apenas contaban con los conocimientos básicos para usar una computadora y el internet para hacer trámites.

Esto ocurrió en todos los niveles educativos, incluso en el de licenciatura, cuyos integrantes tuvieron que tomar cursos sobre cómo usar las plataformas como classroom, algunos incluso necesitaron comprar un teléfono inteligente para poder grabar sus clases y enviarlas por correo.

A unos días de vencerse el primer mes de la cuarentena el anuncio fue la extensión de la misma, un mes más, y esto obligó a replantear calendarios, actividades y a recibir instrucciones de parte de la Secretaría de Educación Pública, donde se dio la instrucción de “no reprobar a nadie”.

La decisión fue tomada con base en la certeza de que buena parte de la población educativa no estaba en condiciones de atender las clases a distancia; las redes sociales y los noticiarios se llenaron de imágenes en donde niños y niñas junto a sus madres caminaban incluso horas para tener señal de internet que les permitiera recibir las tareas por whats app o hacer una llamada para aclarar alguna duda.

Hubo imágenes de maestras que improvisaron pequeños salones de clases individuales a bordo de vehículos, con mesas y sillas para dar lecciones a sus estudiantes sobre las bateas de camionetas. Otras recorrieron rancherías a bordo de cualquier transporte que tuvieran a la mano para hacer llegar las tareas a los que carecían de acceso a internet.

La tarea

Una plana, un resumen, la resolución de un bloque de problemas matemáticos, una investigación en internet, ver un video, fueron parte de las tareas que tuvieron que hacer niños y niñas de primaria, secundaria y bachillerato.

A eso sumaron la lectura de largos archivos en pdf, el colorear varios dibujos, en armar  proyectos, maquetas, planos, y múltiples asignaciones más.

“La tarea fue un exceso”, fue la queja de estudiantes y de sus familias, padres de alumnos de secundaria que se acostaron hasta altas horas de la noche tratando de ayudarles a resolver las 50 páginas de las guías didácticas que les encargaban por día o por semana.

Miguel, padre de un estudiante de secundaria, dijo que pasó tardes y noches, sentado en la mesa del comedor con su hijo, resolviendo páginas de cuestionarios y hojas de problemas, con temas que el niño decía que ni siquiera le habían enseñado.

En los casos más leves, el exceso de tareas ocasionó un bajo desempeño, tal vez bajas calificaciones, incluso dolores de cabeza a padres y madres desacostumbrados a hacer raíces cuadradas o declinaciones verbales.

En los casos más graves, el exceso de tarea ocasionó depresión y hasta el suicidio de un menor de nueve años en Ciudad Serdán, Puebla, o al menos eso figuró en la justificación que dieron los familiares, pues relataron que el niño estaba preocupado por sus tareas, y en un momento de enojo salió al patio y se colgó de un árbol.

 

La violencia que se recrudeció

La docencia no fue el único rol que tuvieron las maestras durante el periodo de escuela en casa, pues las necesidades de sus estudiantes fueron más allá de lo académico y llegaron a lo personal.

Debido al tiempo que las familias permanecen en casa, la violencia se disparó y muchos de los y las estudiantes vivieron agresiones de todo tipo, de parte de sus padres, hermanos e incluso parejas -en el caso de los mayores-.

De acuerdo con Estela Casados, coordinadora del Observatorio Universitario de las Violencias contra las Mujeres, los números de las agresiones contra la población femenina aumentó, estas en el ámbito doméstico.

Por ello, fue que muchas de las maestras se convirtieron en la válvula de escape de esas realidades, muchos de las víctimas comentaron su situación con sus maestras, a quienes les mostraron los golpes y les pidieron ayuda.

Para muestra un botón, la doctora Gloria Odila Lira González, dijo que al dar clase a sus estudiantes en la facultad de derecho de la Universidad Veracruzana, algunas chicas han mantenido sus cámaras apagadas, pues le confiesan haber sido golpeadas en sus casas por sus padres, por sus hermanos o por sus parejas y prefieren que no les vean los golpes en la cara.

Este aislamiento, que obligaba además a mantener contacto vía redes sociales con sus compañeros de escuela, también expuso y recrudeció otra forma de violencia contra las jóvenes estudiantes, la que se ejerce en el espacio virtual.

Una joven, estudiante foránea, por la contingencia volvió a la casa de su familia para mantenerse resguardada. Ahí enfrentó la falta de conectividad, la lejanía con la cabecera municipal para acceder al internet público.

En los ratos en que la señal llegaba a su celular, esta chica recibió mensajes de acoso que derivaron en el robo de identidad a través de las redes sociales, lo que alteró su estado de ánimo y le complicó seguir estudiando.

Esta situación de violencia se prolongó por varios días, pues intentó presentar una denuncia y que se iniciara una investigación por lo que había ocurrido, sin embargo la Fiscalía Regional que le correspondía no la atendió.

 

El calvario de los trámites virtuales

Ante las medidas de sana distancia que se impusieron para evitar los contagios de covid19, no sólo se suspendieron las clases en las escuelas, también los trámites. Incluso los pagos, las evaluaciones y por supuesto la entrega de certificados de estudio y documentos de cambio de grado.

Ante esta situación, las dependencias de educación instrumentaron un sitio para la descarga de los certificados y las boletas, trámite que se haría mediante una contraseña entregada al padre madre o tutor.

Sin embargo, tanto la Secretaría de Educación, como las escuelas, enviaron el formato pre-llenado, a nombre del padre de cada estudiante. La falta de perspectiva de género en el llenado de los formatos generó conflictos en muchas de las familias.

Hogares monoparentales, donde la madre es la que tiene la custodia, la que se ocupa de los menores o la que paga las colegiaturas, quedaron excluidas y obligadas a buscar la firma de sus exparejas para poder llenar el formato y enviarlo.

En algunas escuelas esto obligó a rehacer los trámites, ante las quejas de muchas de las madres, a quienes se debió reenviar el documento, retrasando los trámites para que pudieran descargar los documentos que necesitaban.

Al año, en México, hay un promedio de 150 mil divorcios, de ellos al menos el 49 por ciento tienen de uno a tres hijos, cuya custodia en su mayoría queda en manos de las madres, aunque en muchos casos donde hay custodias compartidas, la guarda de los menores queda en casa de ellas; de ahí que el envío de documentos a nombre de los padres, en medio de la pandemia se volviera complicado.

 

El colapso del sistema

Para terminar con la pesadilla electrónica que resultó ser este cierre del ciclo escolar, la SEV implementó una página, denominada “misev” donde cada familia podía ingresar y descargar las boletas de calificaciones y los certificados de estudios.

Pasaron casi tres semanas del término de clases en las escuelas públicas y una del cierre en las particulares, pero hasta el 27 de junio no se había podido bajar esos documentos, aparece un mensaje de “error” en el que se dice que las boletas no han sido firmadas, por lo tanto no pueden ser descargadas.

Pareciera cosa menor, pero en algunos sitios donde se entregan becas por rendimiento y promedio a estudiantes, se les piden las calificaciones, es decir, las boletas, para poder entregarles el recurso.

 

Las caravanas de coches con birretes de graduados

Para no dejar pasar desapercibido el logro académico de sus estudiantes, en algunas escuelas convocaron a los graduados y sus familias a organizar caravanas, donde irían dentro de los vehículos adornados con birretes de cartón, globos y papeles de colores.

Sonando las bocinas de los coches, el claxon y con gritos de celebración, recorrieron algunas avenidas como Ávila Camacho, donde llamaban la atención de las personas que caminaban o esperaban el camión.

Ahí se podía ver camionetas de lujo con la cinta adhesiva sosteniendo los birretes de cartón al tamaño del toldo del vehículo, pero también taxis adornados donde iban las familias menos privilegiadas, quienes también se sumaron a la caravana para cerrar este caótico ciclo escolar.

 

Fin para algunos, pérdida para otros

El periodo de escuela en casa, mediante clases virtuales y por televisión, en medio de una crisis económica para las familias que dependían de negocios con rubros no prioritarios obligó a muchos niños y niñas a dejar la escuela.

En casa no había para internet, menos para una computadora, la familia además debía seguir saliendo a la calle para ganarse el sustento, entonces no podían acompañar el aprendizaje a distancia por televisión de sus hijos.

Los niños dejaron la escuela y se unieron a sus padres en la búsqueda del alimento diario y del dinero suficiente para pagar los servicios y la renta, pues con los negocios cerrados, los vendedores no podían vender, las empleadas domésticas fueron enviadas a sus casas sin sueldo.

En los cruceros se pudo ver el aumento en el número de niños haciendo malabares, vendiendo chicles, cubrebocas o cualquier otro artículo de temporada. No es fácil contarlos, cambian de crucero, pasan la mitad del día en un lugar y luego se mueven a otro.

Algunos acompañaron a sus padres, otros lo hacían solos, sin supervisión, pues sus familias tenían que repartirse en varias calles para poder ampliar la posibilidad de ganar dinero. No hay cifras oficiales sobre cuántos menores se incorporaron a las filas del trabajo en las calles.

El riesgo de contagiarse, para estos menores y sus familias era alto, pero la necesidad les obligó a correrlo, pues de otra forma no habría comida en la mesa.

Un cierre más bien triste, aun así para la historia

En medio de estos tropiezos, el ciclo escolar más complejo en la historia de la educación en México llegó a su fin, las clases no se habían interrumpido de esta manera ni siquiera durante la segunda guerra mundial o durante la epidemia del cólera, apenas en algunas partes del país cuando ocurrieron los sismos de 1985 y 2017.

Niños, niñas y jóvenes que terminaron la primaria, la secundaria, el bachillerato o la universidad, tendrán que conformarse con graduaciones virtuales o entregas de papeles en espacios abiertos, a bordo de vehículos adornados, a través de sesiones masivas de zoom o meet.

Para ellos no llegará la foto con toga y birrete que ahora se acostumbra hasta para las graduaciones de kinder, tampoco habrá cena-baile o viaje de graduación entre amigos o con familias.

Lo que han recibido a cambio son conciertos virtuales de cantantes como Lady Gaga, que transmitieron todo un programa con discursos de personajes de la política, la cultura y el arte a través de redes sociales como instagram.

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