Hora cero

Economía y consensos, el reto

Luis Alberto Romero

Durante los últimos meses, diversos actores políticos, empresariales y sociales han externado su preocupación por el impacto de la pandemia en la economía veracruzana.

El tema recurrente ha sido la pérdida de empleos, que se estima en varios miles.

Cada establecimiento que cierra sus puertas implica el drama para las familias que de él dependían.

La Cámara Nacional de Comercio, los restauranteros y hoteleros han sido particularmente enfáticos cuando señalan que cientos de empresas locales han cerrado sus puertas y que muchas de ellas ya no volverán a abrir.

Diario de Xalapa hace un recuento este martes –nota de Itzel Molina– sobre dicho impacto. Retoma datos de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y advierte los efectos negativos de la falta de inversión.

Veracruz, de acuerdo con la fuente, se ubicó entre las 12 entidades con la menor confianza empresarial durante los primeros cinco meses del año.

En pocas palabras, la tendencia ya se observaba en niveles negativos y la pandemia terminó por empeorar el cuadro.

Las cámaras empresariales e incluso algunas autoridades como el regidor xalapeño Juan Gabriel Fernández Garibay han planteado que el efecto económico indeseable de la pandemia representó la puntilla para cientos de empresas locales.

Son voces que insisten en la necesidad de que los gobiernos instrumenten medidas no para rescatar empresas, sino para salvar empleos, como lo ha expresado en reiteradas ocasiones el empresario David Velasco Chedraui, ex presidente municipal de Xalapa.

En Xalapa, en Veracruz y en todo el país, miles de empleos se han perdido. El IMSS maneja que sólo durante junio pasado se perdieron más de 83 mil 300. En los recientes 4 meses, de marzo a junio, se habla de un millón 100 mil; casi un millón en 19 meses.

A eso se debe la desesperación del sector empresarial que prevé que esta crisis se extienda por muchos meses más.

El problema, sin embargo, va mucho más allá de salvar la planta productiva y favorecer el escenario para evitar la pérdida de empleos; hay sectores, Pymes y empresas familiares,  que sufren desde hace años por problemas de competencia desleal.

Es el caso, por ejemplo, de los artesanos zapateros de Naolinco, quienes hace más de una década padecen los problemas relacionados con la importación de calzado de procedencia china.

Hace años, alguno de esos políticos que abundan en tiempos de campañas electorales, planteó una idea que fue muy aplaudida por los naolinqueños: que el gobierno estatal destine recursos para la compra de calzado escolar de buena calidad, a efecto de repartirlo de manera gratuita entre los estudiantes de las escuelas públicas.

Ello representaría un beneficio para la economía de los productores locales de calzado y para las familias en situación de pobreza.

También se planteó que las botas tácticas que son entregadas a los elementos de los cuerpos policiacos fueran confeccionadas por productores de Naolinco. Eso tampoco pasó.

El problema es que esas, como muchas otras propuestas políticas, terminaron en un archivero o, en el peor de los casos, en el cesto de la basura de alguna oficina partidista o de gobierno. Desempolvarlas sería una buena idea. @luisromero85

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