Precios bajos y problemas de comercialización, el drama de los productores de café

Luis Alberto Romero

“Si usted compra una taza de café, paga de 20 a 30 pesos en cualquier cafetería de la zona; pero si la toma en un negocio de esos de las grandes cadenas, empresas monstruosas, gigantes,  le puede costar más de 50 o 60… y todo por un logo, porque el producto local es mucho mejor en calidad”.

Es don Humberto Callejas Sangabriel, forma parte del Consejo Regional del Café de Coatepec, y así resume la paradoja; “al final, por cada taza de café que usted compra, al productor le llegan sólo centavos”.

El hombre, de 71 años, productor de café de tercera generación, tiene su pequeña finca cafetalera en la comunidad El Espinal, municipio de Naolinco.

Padre de cuatro hijos, todos profesionistas, hace cuentas: “el quintal de café pergamino ronda los mil 800 pesos, pero para obtenerlo se necesitan 250 kilos de café cereza. De ahí se tienen 46 kilos de café oro y al final salen 36 o 37 del producto ya molido, listo para su venta”.

El caficultor vende el grano, cuando es de muy buena calidad, en 130 o 140 pesos por kilogramo; sin embargo, son muy pocos los que sacan su producto ya terminado, tostado y empacado; la gran mayoría vende en cereza o en pergamino y es presa fácil de las cuatro o cinco grandes empresas comercializadoras que acaparan el mercado mexicano, como AMSA, Agroindustrias Unidas de México, que “es un pulpo”, o Aresca.

Reconoce que además de la comercialización, uno de los principales problemas del sector es el control de calidad en las huertas; sin embargo, apunta que la cuenca cafetalera de Coatepec-Córdoba genera un café de muy altos estándares.

Insiste en el tema de la venta en taza: “simplemente no puede ser; imagine usted –hace cuentas mentales, sin lápiz, sin calculadora–, para elaborar una excelente taza se requieren 7 gramos de café, a veces incluso menos; por cada kilo se generan 160 tazas; si cada una tiene un precio de 30 pesos, por poner un número,  entonces a mil gramos la cafetería le saca 4 mil 800 pesos y al productor de llegan 6 pesos, de los cuales tiene que pagar 3 por el corte”.

No se dan cuenta, dice, de que por décadas han asfixiado al productor y que la situación es ya insostenible en el campo.

“Es incongruente;  la gente del campo está empobrecida; somos pocos los que hemos salido adelante” y es ahí donde muestra su orgullo por la profesión de sus hijos, una bióloga, una maestra, un abogado y una funcionaria del Gobierno Federal en el área de la salud. “No vaya a pensar que les di estudios trabajando 3 hectáreas de café, nombre; durante muchos años trabajé en la Federación; y sumando mi sueldo a la producción de café me fue posible avanzar”.

Durante los últimos 6 años, la pequeña finca cafetalera de don Humberto emplea a 4 personas de la tercera edad que se dedican al corte y a la selección de los granos; tres de ellas tienen entre 70 y 75 años; el otro, conductor de la unidad que los transporta, tiene poco menos de 60; “son los mejores trabajadores; están fuertes y trabajan con cuidado; nunca hemos tenido problemas porque conocen de café y de todo el proceso de producción”.

Cada cortador de café en Naolinco y en general en toda la cuenca cafetalera, cobra 3 pesos por kilo cosechado; la mitad del precio que reciben los productores actualmente se les va en el pago a los jornaleros. “Eso no es nada; hace poco más de 20 o 25 años, el café corría a 1.20; en alguna ocasión le dije a unos trabajadores que fueran a mi parcela a cortar y que les regalaría todo lo que cosecharan; me contestaron que no salía, que ni trabajando todo el día les alcanzaba… la gente no quería trabajar todo el día para ganar unos pesos y pues uno entiende… pero la tierra no tiene la culpa de los precios bajos, así que tuve que pagar el corte normal y regalar la cosecha”.

El problema de los caficultores veracruzanos, señala el productor, es que 4 de cada 10 tienen menos de media hectárea; “así es muy difícil”.

Debido a esos problemas, quienes se dedican a este cultivo en la zona de Coatepec comenzaron a organizarse, integraron el Consejo Regional del Café, generaron proyectos productivos y han apoyado a más de 2 mil productores de la zona. Crearon, además, una cafetería para dar valor agregado al grano que cosechan; don Humberto, como todos los que integran este proyecto, sabe bien que una excelente taza sólo requiere 7 gramos de café molido y que los 130 o 140 pesos por kilo se convierten en más de 4 mil.

Compartir