El anuncio del retorno a clases

Samuel Aguirre Ochoa *

El actual secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha sido siempre un alto ejecutivo de poderosas empresas mexicanas y, desde este punto de vista, no debe sorprendernos el hecho de que no le interese y ni le convenga mucho la educación de los sectores populares de la sociedad mexicana. Más bien, como empresario, aprovecha el puesto para hacer negocio con las empresas televisivas con las que ha trabajado y es consecuente con la clase social a la que pertenece. Es por eso que el anuncio que realizó el pasado lunes 3 de agosto, de que las clases del ciclo escolar se impartirán a través de los 4 oligopolios televisivos del país, no deben sorprender a nadie.

Hay que recordar el carácter clasista que ha tenido la educación a lo largo de la historia, una educación para los explotadores y otra por los explotados, hecho que podemos ver con los planteamientos realizados por los representantes de las clases dominantes en el pasado, que fueron más claras y abiertas que los del gobierno lopezobradorista que pretende ocultar su esencia.

Desde el siglo IV a.C, en la época esclavista, los sabios taoístas de China sostenían que no se debía dar al populacho el saber, pues suscita los deseos, “mas sí procurarles músculos sanos y sólidos y voluntad escasa, estómago satisfecho y corazón vacío”. O lo confesado por las clases gobernantes de los incas, a través de Yupac Yupanqui, que decía que “no es lícito que se enseñen a los hijos de los plebeyos las ciencias que pertenecen a los nobles, para que así las gentes bajas no se eleven y ensoberbezcan, bástele con que aprendan los oficios de sus padres”.

En la Edad Media, en los países que pertenecieron al Imperio Romano, los monasterios fueron las primeras “escuelas”. Éstas eran de dos categorías: unas destinadas a la instrucción de los futuros monjes, juristas doctos, secretarios prácticos y dialécticos hábiles, capaces de aconsejar a emperadores y de hacerse pagar largamente sus servicios; y las otras, destinadas a la instrucción del bajo pueblo -las únicas a las que las masas podían concurrir- en las que no se enseñaba a leer ni a escribir, tenían por objeto familiarizar a las masas campesinas con las doctrinas cristianas y mantenerlas por tanto en la docilidad y el conformismo.

Con el surgimiento de la clase burguesa surge la escuela catedralicia en el siglo XI, que es el germen de la Universidad, institución que se convirtió en el dominio intelectual, en una nueva carta de franquicia de la burguesía, clase social que también diseñó su propio esquema educativo. Ésta no podía rehusar la instrucción del pueblo, en la misma medida en como se la habían negado en la antigüedad a los esclavos y a los siervos. El uso de máquinas hacía necesario una instrucción mínima a los obreros, como enseñarles a leer y proporcionarles una determinada cultura. El capitalismo incorporó a sus planes el trabajo científico y la libre investigación, mediante la formación de escuelas técnicas y laboratorios de altos estudios, como una condición vital para este sistema económico.

Sin embargo, dicha cultura solo lleva al trabajador al conocimiento de las técnicas de la nueva producción en la industria, en la agricultura y en el sector servicios, ocultando siempre las leyes objetivas que rigen la sociedad capitalista, para que los sectores populares se mantengan dóciles y no se rebelen en contra de la explotación de que son objeto por parte de los grandes empresarios. En la actualidad el obrero es un apéndice de la máquina, que no conoce el proceso de trabajo y que está ciegamente sometido a éste.

En cambio, existen escuelas especiales para los hijos de los ricos, en las que se enseña la verdadera ciencia de los negocios y de gobernar, escuelas que no solo cobran verdaderas fortunas por las colegiaturas, sino que para ingresar a ellas se requiere ir recomendado por empresarios e instituciones gubernamentales. Acceder a estas escuelas es imposible para un hijo de un campesino o un obrero. Ahí se preparan los que gobiernan la economía y la política del mundo.

Por tanto, repito, no debe sorprendernos que a Esteban Moctezuma le valga un cacahuate si los niños y jóvenes aprenden o no a través de la televisión. Lo suyo es el negocio.

Tal vez, por eso, es que la propuesta de la SEP ha sido criticada por la mayor parte de los sectores de la población. Porque es cierto que en una casa puede haber una TV, pero si en la familia hay 3 hijos que van en diferente grado o nivel escolar, ¿a cuál de ellos se le dará preferencia para poder utilizarla? En este mismo supuesto, si ambos padres trabajan, ¿quién va a guiar al niño? Además, según el Instituto Federal de Telecomunicaciones, 11% de los hogares en las zonas rurales del país, alrededor de 14 millones de personas, no cuentan con televisión. También es cierto que optar por la televisión es retroceder en la historia, las evidencias de investigación pedagógica demuestran que ésta es un medio frío, unidimensional, donde no hay retroalimentación, imposibilita el uso de herramientas didácticas modernas y la interacción colectiva.

En el diseño de esta estrategia no se tomó en cuenta al magisterio mexicano y existen serias dudas entre los maestros en el cómo va a operar esta educación a distancia, se manifiestan sorprendidos porque en los Consejos Técnicos se les venía preparando para el uso de las herramientas digitales y de improviso se abandona este método para el uso de las televisoras, no les queda claro cómo se distribuirán los libros de texto en tan breve tiempo en los lugares a los que no llega la señal televisiva.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), advirtió que, de seguirse utilizando estos medios, 1.4 millones de mexicanos abandonaran la educación media superior, superior y los programas de posgrado.

Es cierto que podrá llegar la señal televisiva al 91% de los hogares mexicanos, pero eso no es garantía de que los alumnos aprendan y esa es la verdadera problemática a la que se enfrentará el pueblo. Es por eso que, tal vez, lo mejor sería hacer un alto en este proceso que no está dando buenos resultados y que provoca angustia en los hogares, mayor estrés, preocupación de los padres de familia. Hacer caso a la recomendación del secretario general de la ONU, António Guterres, que el 04 de agosto pidió priorizar el regreso a clases, para evitar “una catástrofe generacional”, pero SOLO después de que cada nación haya controlado la pandemia, tal como lo hizo China, Vietnam, Corea del Sur, Nueva Zelanda, etc.

La pandemia de covid-19 pone de manifiesto un problema estructural en el terreno educativo, que el modelo mexicano es obsoleto, que va rezagado, al igual que el sistema de salud y en el ámbito económico.

* Dirigente estatal del Movimiento Antorchista en Veracruz

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