Esténtor políitico

La batalla por la Casa Blanca

Miguel Ángel Casique

Sin ninguna duda, las elecciones, de las que fuimos testigos los mexicanos y el mundo entero el día de ayer, ponen a prueba al sistema democrático “más poderoso” del mundo. Diversos analistas y especialistas internacionales la han calificado como una elección donde se juega el destino mundial ante posibles nuevos conflictos armados, comerciales, políticos, económicos y sociales. Una batalla de la primera potencia mundial, con dos bandos distintos: Republicanos y Demócratas. El burro o el elefante, símbolos de ambos partidos.

A un día después de las elecciones, el conteo de votos continúa, alimentado incertidumbre entre los estadounidenses y sin definir a un nuevo Presidente. La participación electoral ha sido histórica pese a la pandemia de Covid-19, en la que ha cobrado la vida de más de 9.5 millones de personas. Y al mismo tiempo, es una prueba de fuego para el Colegio Electoral, que hace 4 años se inclinó por Donald Trump sin tener el mayor número de votos populares en comparación con Hillary Clinton.

A lo largo de la contienda electoral, fuimos bombardeados con información y encuestas que le daban la delantera de manera rampante a Joe Biden, y un voto de castigo para su contrincante que, muchos ciudadanos, han calificado como “un error el haber votado por Trump hace 4 años” con la falsa esperanza de una democracia pacífica. Hasta el día de hoy, que se escribe esta columna, se van cumpliendo tales pronósticos, pero con diferencias muy mínimas.

Como todos sabemos, han sido 4 largos años de una política autoritaria en manos de un demagogo que ha quebrantado las bases y principios de una democracia que su mismo partido –en el pasado- ayudó a construir gracias a políticas antiesclavistas. Para ejemplo: Abraham Lincoln con la Proclamación de Emancipación que estableció la imposición federal de derechos civiles. Hoy, todo eso se vuelve una rotativa con la ideología Trumpista: “regresar a la gloria de un país dominado por hombres de un solo color”.

Por lo anterior, Trump siempre ha visto al latino como una “escoria o intruso en su país”. Sin embargo, esos latinos también tienen poder en EU para decidir y votar por el nuevo inquilino de la casa blanca. Fueron y son la clave de estas elecciones en proceso que después de varios años de soportar burlas e insultos han decidido levantar la voz para acabar con el alarde y lel Trumpismo. Aunado a ellos, la comunidad negra también se ha sumado al mismo frente de combate, en busca de lo que Martin Luther King señaló en su histórico discurso “I Have A Dream” (Yo tengo un sueño), pronunciado en el Lincoln Memorial en Washington, DC, el 28 de agosto de 1963, en una histórica manifestación de más de 200,000 en pro de los derechos civiles para los negros en el país.

La tensión abunda las calles de todas las ciudades. Posibles protestas inician a gestarse por la posible reelección de Trump. El caos llevaría al desastre. El sueño del Presidente Trump siempre fue cerrar las fronteras, lo logró tajantemente con sus políticas migratorias; separó a niños de sus familias. La pandemia la minimizó y tiene un desastre. El equilibrio racial se rompió. La democracia la fracturó, la economía cayó. La lista es larga en los tropezones que él ha dado en su gobierno.

La mañana de este miércoles Trump no reconocía su derrota, se declaró ganador. Declaró fraude electoral y sentenció en llevar la elección a la Corte Suprema, donde recientemente movió piezas para tener una mayoría republicana. Biden sigue en espera y va adelante en los conteos preliminares, pero sigue siendo incierto que pueda llevarse la victoria cuando en los estados bisagra siguen contando votos, y que podrían darle la vuelta como sucedió en 2016.

México sí podría salir afectado en las relaciones diplomáticas que estableció al elegir partido con la visita de Andrés Manuel López Obrador a Washington en plena campaña. Lo cierto es que, gane quien gane, México seguirá con su mismo rumbo económico y político que lleva, muy mal por cierto. Pero en la política se debe ser cauteloso para elegir bien a los aliados y enemigos.

AMLO y Trump se parecen mucho, y en política tampoco hay coincidencias. Los dos, muy amantes de la demagogia y la represión, han sabido manipular su popularidad para controlar la cúpula del poder a su antojo. Mientras la noche y el día corren los votos siguen contándose y el destino de Estados Unidos sigue en la cuerda floja. Hay de dos sopas: de pasta o de frijol, ¿cuál será la mejor? Por el momento, querido lector, es todo.

Compartir