Debo, no niego; pago lo justo: Teresa Carbajal

Pocos saben que las leyes que rigen la actividad mercantil hasta nuestros días, fueron expedidas por decreto de un Dictador, son las mismas que durante años han permitido la usura y propiciado que el crédito lejos de contribuir al crecimiento sea considerado una causal de pobreza.

Dichas leyes sin embargo ya no son congruentes con el texto constitucional, tan es así que algunos preceptos legales específicos han merecido el estudio de la Corte para aplicar en su lugar Tratados Internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Por ser ésta más que específica al momento de decretar que la Usura, es una forma de explotación del hombre por el hombre, y que por tanto toda aquella práctica que tenga por objetivo la pérdida o la restricción de la libertad de las personas, como es la esclavitud por deudas, debe ser erradicada por el Estado Mexicano.

Por ejemplo el artículo 78 del Código de Comercio, cobijó durante años la ambición de aquellos dedicados al “agio” al establecer que en los contratos mercantiles (como el préstamo) cada una de las partes quedaba obligada en los términos que quisiera hacerlo, sin que la validez del acto se viera afectada por la falta de requisitos o formalidades determinadas.

Así, un pagaré inserto en una hoja de cuaderno o hasta en una servilleta, podía al presentarse en juicio para su cobro ‘dejar sin casa’ a quien fuera sin haber recibido éste, ni la décima parte del valor real de la misma; ello porque en el apartado de intereses el tenedor o dueño del documento (agiotista) podía poner a su antojo cualquier cantidad o porcentaje de interés según conveniencia, sin que el deudor pudiera objetar en juicio, el engaño, el estado de necesidad, o de vulnerabilidad en que se encontrara al momento de recibir el préstamo. Precisamente porque al haber otorgado su firma, renunciaba expresamente a alegar en su defensa.

El artículo 362 también del Código de Comercio establece que los deudores que demoren en el pago de sus deudas deben satisfacer desde el día siguiente al vencimiento el interés ‘pactado’.

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