Esténtor político

Los distractores y lo que esconden
Miguel Ángel Casique Olivos
El 2021 será un año decisivo para la democracia del país. Los organismos e instituciones autónomos quedarán aprueba para evitar que el zapato presidencial pise sobre ellos y lograr su objetivo: retener el poder cuando el rechazo es más evidente e imparable.
Mucho se habla del uso faccioso y electoral de la vacuna antiCovid que el Gobierno presume con bombo y platillo, jugando con la esperanza de los mexicanos y ganando tiempo para que se vuelvan su seguro de vida en los próximos comicios electorales, los más grandes en la historia. También, de que México es el tercer país mundial con la tasa más alta de mortalidad por el virus.
Todo eso es correcto y sobran razones para creerlo. Sin embargo, detrás de todo ello existen diversas tragedias que deben ser atendidas: desabasto de medicamentos para todo tipo de enfermedades, hambruna, desempleo, deserción escolar (todos los niveles), etc. Súmele sus consecuencias de ellas.
El panorama es peligroso. Las consecuencias de la pandemia no son causa natural, sino de políticas erróneas para controlarla. Para ello, se ha optado por la distracción y la manipulación sobre la información.
El combate a la corrupción ha sido un fracaso, pero a los ojos del Presidente López Obrador se convierte en victoria digna de celebrar. No es casualidad que la captura del exgobernador de Puebla, Mario Marín, haya ocurrido días después de la recuperación del Presidente, cuando las cosas se le salieron de control a la Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero; la extradición de Alonso Ancira; la posible libertad de Rosario Robles y anunciar el cargo de un Gobernador de Palacio Nacional, son temas que debieran no ocupar prioridad en su agenda.
Pero mientras el país está en terapia intensiva, el disparate gobierna a sus anchas. El gobierno que se decía de los pobres solamente en el lema quedó. En los informes de la Secretaría de Hacienda (SHCP) del cuarto trimestre de 2020, los ingresos presupuestarios fueron por 5,339,934 mdp frente a los 5,532,275.6 mdp que se estimaban, es decir, 183,341.6 mdp menos o -3.3%. Por lo que encontramos una caída en el gasto público ejercido en comparación con el 2019.
Pero la pandemia no fue el factor principal para el decremento, sino la recesión que ya arrastraba México desde 2019. Pero no todas las dependencias ejercieron sus presupuestos. La salud y los programas sociales importaron menos para la 4T en un momento crucial de la pandemia. Según los datos de Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, al menos “13 de los 21 programas principales de la Secretaría de Salud tuvieron un recorte con respecto a lo que se les había aprobado en el Presupuesto de Egresos de la Federación”.
Ademas “18 programas tuvieron un subejercicio, es decir, terminaron gastando menos del gasto modificado que se esperaba, con casos llamativos, como el programa de Protección contra Riesgos Sanitarios, que gastó 17.8% menos de lo esperado, o el Programa de Vacunación, que tuvo un subejercicio de 25.1%; los 21 programas principales de la Secretaría de Salud gastaran 159,894 mdp, pero acabaron ejerciendo 7,743 mdp menos, un subejercicio de 4.8%”.
Pero quienes realmente se beneficiaron con los recortes, fue el Ejército y las obras emblema del Presidente: el Tren Maya, Dos Bocas y Santa Lucía. Son cifras oficiales, pero debemos esperar las que la Cuenta Pública 2020 dé a conocer.
Mientras los distractores sigan, el presidente juega con aviones y a los soldaditos, el país sigue en un crisis Q que cada vez es más profunda. El Presidente apuesta a ser autentico, y lo será. La arrogancia es su estandarte. Es momento de tomar decisiones serias que nos lleven a un mejor país. Por el momento, querido lector, es todo.
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