Esténtor Político

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El silencio de México es estremecedor, pero hay que organizar al pueblo
Miguel Ángel Casique Olivos
Hace unos días en Cuba se vivió un ejemplo de civilidad y democracia verdaderas; la razón, el Partido Comunista de esa «pequeña» pero grandísima nación, proclamó a Miguel Díaz-Canel, de 61 años, como su nuevo líder tras la salida de Raúl Castro. Ahí no hubo peleas internas, no hubo golpes bajos, ni protestas y no hubo tampoco ningún pleito entre algún militante del partido. Todos, con bastante responsabilidad, eligieron a quien consideran será, sin improvisación, el político y guía del Partido y de los destinos de todos los cubanos.
Ante este hecho, -algo inimaginable en México con el partido Morena en el poder-, vino a mi memoria el gran revolucionario Fidel Castro, cuando aseguró que «No se puede abandonar ni un minuto la propaganda porque es el alma de toda lucha»; pero más allá de eso, de inmediato recordé un discurso que dirigió un 2 de marzo de 1959 al decir que «Cuando un niño se enferma y muere por falta de asistencia y por falta de medicinas, o por falta de justicia, eso es consecuencia del orden social; eso es consecuencia precisamente de la miseria en que está viviendo el pueblo; eso es consecuencia de que el pueblo no está organizado como debe estar; eso es consecuencia de que las cosas no están como deben estar».
Este fragmento, -a 62 años, casi los mismos que tiene el hoy el líder Díaz-Canel-, entona muy bien con lo que hoy viven decenas de naciones del mundo y en especial de América Latina. México llora y su silencio es estremecedor debido a que a casi medio sexenio del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el país se cae a pedazos por falta de oficio político de los principales dirigentes desde Morena que hoy malgobiernan.
En plena campaña electoral México sigue padeciendo los estragos de la pandemia por Covid-19 con ya medio millón de muertos y casi 2 millones y medio de contagios; una epidemia que se ensañó con los mexicanos por que no hubo prevención adecuada, acciones tardías y una atención donde los médicos sin ayuda oficial hicieron lo que pudieron; hoy la vacunación es lentísima y con muy mala estrategia de operación, por ejemplo apenas se han vacunado, con las dos dosis a unos 4 millones de mexicanos, un 3.2 por ciento del total de la población.
El presidente López Obrador y el partido oficial están destruyendo a México. La pobreza ha entrado a millones de hogares más, la miseria y la falta de recursos económicos en las familias ha obligado a que el empleo informal aumente; la inseguridad y violencia siguen generando miedo y terror entre la población, en 2019 registró 36 mil 476 asesinatos; en temas como la salud las educación y sobre todos obras de infraestructura (que en otros sexenios sí se hacía, le pese a quien le pese) hoy han sido olvidados.
Además, en el país todos somos testigos de que el palacio presidencial se convirtió en escenario de un drama televisado de lunes a viernes, «la estrella», «el mesías» o «el dueño momentáneo del circo» usa su púlpito para impulsar y promover su agenda y arremeter contra sus enemigos o adversarios como él los llama. Ahí, responde preguntas de reporteros amistosos, de medios de comunicación poco conocidos; por otro lado selecciona a periodistas independientes e «irritantes» para condenarlos, entre ellos a los diarios Reforma y Latinus.
Pero en pleno 2021 la retórica estridente y las invisibles soluciones a los problemas de México de López Obrador están comenzando a irritar a la población aunque por el momento su silencio sea mayoritario. En el país, casi a la mitad el mandato morenista, AMLO se ha centrado más en la autopromoción que en abordar los problemas que prometió resolver y que siguen estando en sus folclóricos discursos; tanto así que ya sabe que cada discurso mañanero contiene 80 mentiras.
Y no es que AMLO no identifique, con cierta habilidad, los problemas que afectan y perturban a la sociedad; eso mismo lo ha llevado a darse cuenta que el 6 de junio puede ser una navaja que ve en el aire y que puede cercenarle, si no la cabeza, si una mano que le traerá graves peligros en el 2024; AMLO ha decidido jugar al autoritarismo para dirigirse a una dictadura, o estás “con nosotros o contra nosotros”. López Obrador no soporta críticas de feministas, periodistas, ambientalistas, intelectuales, empresarios o activistas de derechos humanos.
Nathaniel Parish Flannery, un analista político y escritor enfocado en América Latina, escribió en Forbes que «Algunas de sus luchas (las de AMLO) se pueden atribuir a la arrogancia, la incompetencia, la ignorancia o la inexperiencia. Pero lo preocupante de López Obrador es que exige adulación y conformidad ideológica de sus aliados y simpatizantes. Muestra poco interés en aprender de sus errores. Como líder, tiene un enfoque implacable e inquebrantable en la consolidación del poder y poca ambición por ejercer el poder que ya tiene.»
Y es que, asegura el politólogo, «López Obrador elige enfurecerse en lugar de comprometerse. Evita el difícil proceso de reformar y fortalecer de manera significativa las instituciones de México. Casi tres años desde que fue elegido para comenzar su histórica presidencia, López Obrador continúa haciendo campaña en lugar de gobernar».
Sea como sea, Obrador amenaza y pone en serio peligro la democracia mexicana; en el país se están violando los derechos humanos y se estigmatiza a los organismos autónomos como sucede con el Instituto Nacional Electoral. AMLO y Morena se han convertido en un terror parra la nación mientras los mexicanos tienen hambre, ven las injusticias, la miseria y la pobreza y su silencio no ayuda.
La esperanza de los pobres contra los desmanes de los ricos, AMLO y Morena, está en la organización de esos mismo pobres, en convertirse en roca y dejar de ser polvo humano para golpear en la cabeza al poder en turno y al cirquero de Palacio Nacional; el pueblo no está organizado como debiera; ya es hora de que todos nos organicemos y al unísono y con voz estentórea, defendamos nuestra libertad, nuestra sagrada libertad y luchemos por una verdadera democracia donde sea el pueblo el que elija a sus representantes y los funcionarios públicos tengan verdadera vocación de servicio. Por el momento, querido lector, es todo.

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