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INE y Trife, ¿los enemigos de la democracia?

Luis Alberto Romero

El presidente Andrés Manuel López Obrador está metido de lleno en el proceso electoral que llevará a los mexicanos a las urnas el próximo 6 de junio. Si fuera candidato y Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón Hinojosa, Ernesto Zedillo o Carlos Salinas de Gortari fueran los presidentes, López Obrador ya estaría incendiando el país.

Por eso muchos extrañan al eterno candidato López Obrador y lamentan que el jefe de las instituciones del país haga lo mismo que criticó sexenio tras sexenio. Claro, él argumenta a su favor; dice que es libertad de expresión, que es defensa de la democracia.

Este miércoles, en la conferencia mañanera, se le fue al cuello a los consejeros del Instituto Nacional Electoral y a los Magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación por echar abajo las candidaturas de los morenistas Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón, de Guerrero y Michoacán, respectivamente.

Estos dos candidatos de MORENA incumplieron lo que la ley exige sobre el reporte de los gastos de precampaña. Además, en el caso de Salgado Macedonio, se le ha señalado por un supuesto caso de violación, por misoginia y por maltrato a mujeres.

El presidente defiende a los dos personajes pero ahora, luego de la decisión del TEPJF de cancelar las candidaturas y pedir a MORENA que las reponga para que el partido esté presente en las boletas, el mandatario nacional calificó la decisión como un “exceso” y “un golpe a la democracia” y dijo que era “un acto de provocación, porque lo que quieren es subvertir el orden legal, la paz y la tranquilidad”.

En otras palabras, añadió, “los Consejeros del INE y los Magistrados electorales “conspiran contra la democracia”.

Las leyes que aplican tanto los Consejeros del INE, como los magistrados del Tribunal Electora –y ahí está la contradicción–, se implementaron como parte de la lucha que el propio Andrés Manuel López Obrador emprendió desde muy joven cuando encontró en la izquierda su camino en la vida política.

La autonomía, la imparcialidad, el estricto apego a la legalidad, fueron exigencias, banderas, gritos desde Tabasco hasta el Zócalo, en marchas, en discursos, en todos los foros a los que tuvo acceso. Hoy, esos principios por los que luchó, parece que los arroja al cesto de la basura, criticando a quienes no piensan como él o no están de su lado.

“Por eso hablo de que fue un golpe a la democracia, porque la democracia es el respetar la voluntad del pueblo. En la democracia es el pueblo el que decide, es el pueblo el que manda”, dijo un molesto López Obrador al referirse al gran día de derrotas del martes 27 de abril, en donde el Tribunal Electoral le tiró dos candidaturas, puso candados para que Morena no acapare diputaciones plurinominales y el INAI anunció que iría ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra el padrón de usuarios de telefonía celular.

“¿O ustedes creen que los consejeros o los magistrados del Tribunal Electoral, los consejeros del INE, los magistrados del Tribunal Electoral son demócratas?

Yo digo: no. Al contrario, conspiran contra la democracia. Pero es también el momento de dar un ejemplo de sensatez y de responsabilidad, nada de confrontación, no caer en la trampa de la provocación”, remató López Obrador para dejar en claro que quien no está con él, está contra él; y quien no recoge, desparrama, como señala la famosa frase evangélica. ¡Cuánto extraña México al López Obrador candidato!. @luisromero85


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