Hora cero

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El PRI no ha muerto, pero agoniza

Luis Alberto Romero

El Partido Revolucionario Institucional agoniza y sus dirigentes parecen no darse cuenta. En el contexto nacional y estatal, el tricolor representa cada vez menos en términos político-electorales y mientras esa fuerza política se debate entre la anemia y esclerosis, sus líderes pretenden vender el reciente resultado adverso como si fuera una victoria en las urnas.

En el comité nacional, Alejandro Moreno anuncia algunos cambios, pero nada de fondo; los nombres cambian; la realidad del partido se mantiene igual.

Y mientras el antiguo partido aplanadora coquetea en el altiplano con Palacio de Gobierno en el tema de la reforma energética, en el entorno local se mantiene enquistada en el comité estatal una dirigencia carente de rumbo.

Marlon Ramírez, presidente del CDE del PRI, tuvo la necesidad de aclarar a Diario de Xalapa que su relación con los Yunes no es de dependencia; “no obedezco a ningún Yunes”, apunta el próximo diputado local, probable coordinador de una minibancada que se verá obligada a alimentarse con figuras externas.

Ramírez Marín arremete contra Morena y el presidente López Obrador, como pasando por alto el hecho de que su dirigencia nacional parece entregada en los brazos del ejecutivo; el partido nació en y desde el poder; no sabe ser oposición, ni esa su vocación.

En la entrevista, difundida por los diarios y páginas que la OEM tiene en Veracruz, el dirigente partidista se refirió a la necesaria capacitación de las autoridades municipales surgidas de su partido; y envió un mensaje a los adversarios: dice que el PRI no tiene “certificado de defunción”.

Tiene razón; el PRI no ha muerto, pero está muy cerca; el partido está enfermo y hoy parece más próximo de extinguirse que de recuperar posiciones.

Si en 2018 criticaban al partido encabezado en Veracruz por Américo Zúñiga por haber logrado sólo 530 mil votos en el proceso local, en la elección de 2021 fue la verdadera debacle: con Marlon Ramírez en la presidencia del comité estatal, y en alianza con PAN y PRD, el tricolor sólo consiguió 21 ayuntamientos; y en solitario, 22; todos pequeños, nada para presumir.

Ramírez Marín lo sabe, al igual que en el altiplano Alejandro Moreno Cárdenas, pero a pesar del triste resultado del partido en las elecciones del presente año, reducido a papel de comparsa, ambos se aferran a sus respectivos cargos y se niegan a la posibilidad de un cambio.

En el plano local, no hay un solo ex presidente del comité estatal que avale el trabajo de quienes actualmente despachan en el edificio de la avenida Adolfo Ruiz Cortines, de Xalapa.

Una muestra: este miércoles, la prensa porteña abordó en al ex dirigente estatal del partido Raúl Ramos Vicarte, quien asumió una actitud crítica; lamentó los tiempos que corren en el tricolor y sentenció que si el partido no se renueva, el peligro de morir será cada vez mayor.

Se debe refundar al PRI, con nuevos rostros y nuevas prácticas; si eso no ocurre, advierte, “podríamos estar ante la extinción de una fuerza política que ha permanecido vigente durante casi un siglo”.

Sostiene que las dirigencias del partido deben entender que es tiempo una renovación completa, profunda; de abrir paso a otras corrientes, expresiones y prácticas, para evitar que  el partido se desplome aún más.

Al margen de lo que dice Ramos Vicarte, la realidad es que las expresiones que plantean la necesidad de un cambio en el partido han crecido como consecuencia del vergonzoso resultado electoral. Marlon Ramírez  huele cada vez más a diputado y cada vez menos a dirigente partidista. @luisromero85


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