Ha llegado la hora de la clase obrera mexicana

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Andi Uriel Hernández Sánchez

La brutal represión que sufrieron los obreros que construyen la refinería de Dos Bocas, los pasados 13 y 14 de octubre, evidencio sin lugar a dudas que la estructura de explotación laboral neoliberal en el país no se ha modificado para bien con el gobierno morenista, por mucho que diga lo contrario el presidente López Obrador, quien triunfal declaró que la teoría marxista sobre el origen de la acumulación de la riqueza de los capitalistas como fruto de la explotación de los trabajadores no aplicaba en México. Ahora la realidad, terca como es, le estampa en la cara su equivocación.

Las extenuantes jornadas de trabajo de los obreros de la empresa Ica Flúor, la falta de pago de horas extras, los pésimos servicios de salud brindados y hasta la falta de dotación del equipo de protección necesario para que puedan trabajar, son todas formas de acrecentar la cuota de ganancia de la empresa, mecanismos para aumentar la riqueza de sus dueños productos de la explotación de los obreros, de la plusvalía no pagada a los obreros, quienes con su fuerza de trabajo crean la riqueza material; y, la forma desinteresada y hasta hostil en cómo reaccionó el gobierno federal frente a las reivindicaciones laborales de los obreros, son la prueba inequívoca de que éste como los gobiernos del pasado, está al servicio de las clases dominantes, de los dueños de los medios de producción y no de las clases trabajadoras.

La situación de la clase obrera mexicana se ha venido precarizando desde la puesta en marcha del modelo neoliberal, y la pandemia de covid-19 ha mostrado el lado más inhumano de este sistema económico. Millones de trabajadores fueron echados de sus centros de trabajo sin que nadie, ni empresas ni gobierno les brindaran algún tipo de ayuda para sobrevivir a la contingencia; en México según el Inegi hablamos de alrededor de 10 millones de personas. El efecto no fue parejo para todos, hubo quienes pudieron mantener sus empleos laborando desde casa (el teletrabajo) y los trabajadores de los llamados “sectores esenciales” (agricultura, construcción, transporte, salud, etc.) tuvieron que trabajar en medio de pésimas condiciones sanitarias, exponiendo su vida a cambio de un mísero salario. Regresamos a la “nueva normalidad” sin vacunas y en el momento más alto de contagios de la primera ola y, en medio del pico de contagios de la tercera ola, se volvió a las clases presenciales en todo el país.

Naturalmente que el fenómeno no fue exclusivo de México, por lo que incluso en Estados Unidos (el corazón del imperialismo mundial), en estos momentos se vive un intenso despertar de la clase obrera. Un registro de huelgas mantenido por la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales (ILR) de la Universidad de Cornell ha registrado ya 180 huelgas en el año, incluidas 39 sólo en octubre.

El portal digital World Socialist Web Site, señala en un artículo publicado el 23 de octubre: “los trabajadores de la sanidad, la industria manufacturera, el transporte, la logística y el almacenamiento, y otras industrias han sufrido lo peor de la pandemia del covid-19, trabajando cada vez más horas con salarios bajos y con una protección inadecuada contra el virus. Mientras tanto, los trabajadores han visto cómo los beneficios de las empresas y las fortunas de los superricos se han disparado desde 2020, y el último informe de Forbes muestra que la riqueza de los milmillonarios de EE.UU. aumentó un 70%, la friolera de $2,1 billones”.

Y puntualiza “la antigua política de apoyarse en la burocracia sindical para reprimir la lucha de clases está fracasando a la hora de contener el estallido de las huelgas y, cada vez más, la clase dirigente empresarial y política está recurriendo a los rompehuelgas, a los mandatos judiciales y a las amenazas de represión estatal”. Precisamente la misma táctica que aplicó el gobierno mexicano al caso de Dos Bocas.

Así pues, lo mismo que en Estados Unidos y en todo el mundo, es momento de que la clase obrera mexicana se decida a organizarse en serio para exigir el respeto irrestricto a sus derechos laborales, sacudiéndose el yugo de los sindicatos charros de antaño, impidiendo quedar sometidos bajos los nuevos charros morenistas del presente y, sobre todo, que no vean en el gobierno de López Obrador algún atisbo de esperanza para mejorar sus condiciones laborales y de vida, puesto que el 13 de octubre, a pesar de su discurso izquierdista, el presidente ha dejado claro a fuerza de macanazos y balas de goma (y fuego, quizá) cuáles son los intereses económicos que defiende.

Es indispensable que entiendan que por mucho que les resuelvan algunas demandas, como en el caso de la refinería Dos Bocas, su situación de fondo no cambiará bajo este régimen, que ha decidido mantener en pie el modelo de explotación neoliberal. Por lo que es mucho más importante que la clase obrera se decida a entrar en serio a la lucha política, aglutinando alrededor de ella al resto de clases trabajadoras del país (el campesinado, los pequeños comerciantes, los profesionistas, etc.) para enarbolar como demanda principal la puesta en marcha de un nuevo modelo económico en el que se distribuya de manera más equitativa la riqueza social y se les reconozca el valioso papel que desempeñan en la sociedad.

Concluyo esta modesta colaboración constriñendo el llamado realizado hace algunos días por el Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional, Ing Aquiles Córdova Morán: “Hoy, México se nos deshace entre las manos, pide a gritos una guía segura para poner rumbo hacía un futuro de progreso y seguridad colectivos (…) Ha llegado la hora de la gran reorganización nacional de toda la clase obrera mexicana y no solo para librar las batallas gremiales como la de Dos Bocas sino, más importante aún, para que se pongan al frente de todo el pueblo trabajador y lo dirijan, con disciplina y mano firme, como solo los obreros pueden hacerlo, en la lucha por una patria más justa y más equitativa para todos”. Que así sea pronto.


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