Variedades modificadas están desplazando al maíz nativo en el Totonacapan: UV

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Redacción Hora Cero

Las variedades de maíz genéticamente mejorado para la venta de elote y hoja para tamal han desplazado en una proporción de 90-10 a los cultivos de maíz nativo en el Totonacapan. El riesgo de su desaparición es alto y las medidas para su conservación son urgentes, alertó el ingeniero agrónomo Andrés Rivera, Decano del Área Académica de Ciencias Biológicas y Agropecuarias en la Universidad Veracruzana (UV).

“La diversidad del maíz nativo es lo que ha dado estabilidad al cultivo ante las amenazas que enfrenta, desde las plagas y enfermedades hasta el cambio climático y sus efectos, por eso el ritmo al que estamos perdiendo su variabilidad es preocupante”, aseguró el actual presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Veracruz.

El estudio fue realizado en 2021 con el apoyo de un grupo de universitarios de licenciatura y posgrado, en los municipios de Filomeno Mata, Coahuitlán y Mecatlán, donde se cultivan cuatro mil 436 hectáreas de maíz, más del 25 por ciento de la superficie total del territorio en estos tres municipios.

La investigación contó con la colaboración de más de 120 familias de productores y organizaciones totonacas como Lixmatum, A.C., con los que se realizaron colectas, visitas de campo y entrevistas para abordar el problema en su complejidad y “entender las causas socioeconómicas que orillan a los campesinos a cultivar estas variedades”. La principal, dijo, es la presión del mercado.

De acuerdo con el investigador, hay una fuerte demanda de maíz genéticamente mejorado (Zea mays, L. elotero y hojero) que los intermediarios venden en Puebla o en la Ciudad de México, principalmente. Incapaz de competir con esas variedades, el maíz nativo ha quedado relegado al autoconsumo o a la venta e intercambio local a muy baja escala.

La razón: esas variedades producen elotes de 25 a 30 centímetros de grano muy suave, y con una cobertura de hojas que va de los ocho a 10 centímetros por encima de la mazorca. Sin embargo, carecen de las propiedades nutricionales, el sabor y la resistencia a plagas de almacén que tiene el maíz nativo, mucho más pequeño y de hojas menos abundantes, pero mucho mejor adaptado a diferentes ambientes que las variedades nuevas.

La diversidad es la clave
De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), en México existen 64 razas de maíz, de las cuales 59 se consideran endémicas o nativas, es decir, que tienen como centro de origen, domesticación y diversificación, alguna de las regiones del territorio nacional. Para Andrés Rivera, hablar de más de dos mil 500 variedades no es desproporcionado.

“Una raza está constituida por un grupo de individuos que comparten una serie de características genéticas, morfológicas, geográficas y ecológicas en común, y que pueden diferenciarse de otras. Dentro de una raza pueden existir algunas variedades locales que comparten ciertos rasgos que pueden diferenciarse de otras de la misma raza, de acuerdo a las condiciones climáticas presentes en una localidad, por eso tenemos esa diversidad”, dijo.

El maíz es actualmente el grano con mayor volumen de producción a nivel mundial, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés). En México, pocas especies tienen un lugar tan importante en la alimentación, la sociedad, cultura y la economía, por lo que se ha considerado un recurso natural estratégico, especialmente –insistió el ingeniero– frente al cambio climático y la crisis alimentaria en el planeta.

“Frente a una sequía, una inundación, condiciones cambiantes del clima, nuevas plagas o enfermedades emergentes, la variabilidad genética será la clave porque podrá afectar a unas variedades, pero no a todas y las sobrevivientes van a tener capacidad de enfrentar los cambios y nosotros de reproducirlas”, explicó el académico, quien ha realizado junto con sus estudiantes análisis morfológicos y genéticos del maíz en distintos municipios.

Puso como ejemplo los estudios sobre resistencia del maíz ante fenómenos meteorológicos extremos en localidades del Totonacapan: “El huracán Grace dañó severamente las milpas en la zona, derribó muchas pero otras variedades resistieron. Ahora estamos evaluando cuáles son y qué factores contribuyeron a su resistencia, analizando el tallo, la raíz, factores de crecimiento y otros estudios que necesitamos urgentemente”.

Según cifras oficiales, tan sólo el impacto de ese huracán en 2021 llevó a la pérdida total o parcial de cultivos de maíz, frijol y cítricos a más de mil familias de productores en 30 municipios veracruzanos. Como propone la estrategia gubernamental, es indispensable el apoyo a los productores –principalmente campesinos en zonas indígenas–, pero el investigador advirtió que el apoyo debe considerar las condiciones de marginalidad y pobreza en que se encuentran los productores.

La milpa es el sostén de la economía campesina para muchos grupos indígenas. Ahora, con la demanda de maíz elotero y hojero, representa la posibilidad de obtener ingresos. “No podemos simplemente decirles que dejen de producir esas variedades porque son las únicas que el mercado demanda, hay que ofrecer alternativas y eso significa un reto de organización y también un reto científico”. De acuerdo con el investigador, hay al menos dos estrategias viables: la creación de bancos de germoplasma, y el mejoramiento de las variedades que tienen más demanda, incorporando a ellas la variabilidad de las variedades nativas.

Bancos de semillas, alternativa urgente
Uno de los mayores problemas del cultivo de variedades modificadas es que están polinizando al maíz nativo y recombinando sus genes con ellos en cada siembra. Como el volumen de maíz modificado es mayor en el Totonacapan y las milpas no están aisladas geográficamente, los genes están transfiriéndose a los maíces endémicos contaminándolos con variaciones sin ningún tipo de control.

Para contener esta situación, Andrés Rivera consideró urgente integrar en la región colecciones de semillas nativas que permitan su protección y conservación. Esta estrategia, en la que participan la Conabio, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) y otros organismos, permite crear colecciones genéticas de variedades del maíz (bancos de germoplasma) en cuartos fríos, donde una semilla de maíz puede llegar a tener una vida de más de 30 años.

“Las semillas del Totonacapan, como todas las nativas, tendrían que ser resguardadas, pero también intercambiadas, reproducidas y mejoradas, porque el avance de las variedades modificadas no va a detenerse.”

Para el experto en mejoramiento y recursos fitogenéticos, la segunda alternativa es más ambiciosa. Consiste en mejorar genéticamente las variedades que más demanda el mercado: “Es posible y necesario, para que además de las ventajas competitivas que ya tienen conserven las propiedades, o algunas de las propiedades, que poseen los maíces nativos. Es una estrategia paliativa del problema, pero al menos ofrece a los productores la posibilidad de seguir comercializando sin perder el germoplasma valioso de los maíces endémicos”.

El objetivo de este proyecto, a largo plazo, es lograr una distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la riqueza genética y económica como patrimonio del país.


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