Rafael Martínez de la Torre

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Nazario Romero Díaz

El nombre del Lic. Rafael Martínez de la Torre aparece en la historia de México cuando el emperador Maximiliano lo designa su defensor, junto con los también abogados Mariano Riva Palacio y Eulalio Ortega. Maximiliano estaba preso por los juaristas liberales; y sometido a juicio, siendo condenado a la pena de muerte por el consejo de guerra que presidió el coronel Platón Sánchez.

Rafael Martínez de la Torre solicitó el indulto del emperador fracasado, pero no le fue concedido por el presidente Juárez, siendo ejecutado el archiduque de Austria en 1867. Los argumentos y la insistencia de la defensa por conseguir la gracia del perdón presidencial, molestaron a los liberales.

Con Maximiliano, los franceses gobernaron el país, de 1861 a 1867. En este lapso, el ejército del emperador llegó a tener en México 63 mil hombres, de los cuales eran 28 mil franceses, 22 mil mexicanos, 8,500 rurales, 6 mil austriacos y 1,300 soldados belgas. La intervención francesa dejó tristes recuerdos en todo México.

Además de abogado, Martínez de la Torre era un industrial del ramo de hilados y tejidos en Jalapa, donde era dueño de una industria textil; era hombre de negocios de bienes raíces, pues en México fraccionó terrenos adquiridos por él para ese fin. Fue dueño también de los latifundios La Palmilla, El Jobo y de otros de esta región.

En esta zona compró los predios que había pertenecido a don Guadalupe Victoria con el fin de venderlos a los hacendados y colonos franceses. Y los vendió apresuradamente porque, ya tenían vigencia las leyes contra los latifundios y las tierras ociosas que debían fraccionarse obligadamente para ser vendidas a los agricultores en condiciones favorables para ellos, y de esta manera propiciar la formación de colonias agrícolas.

Por esas razones se apresuraron a vender sus tierras los señores De Paula, Sayago, Martínez de la Torre y don José María Mata, como veremos más adelante.

Otros latifundistas que tuvieron que vender, rentar, enajenar, o adjudicar, fueron los herederos de don Manuel Zorrilla en el sigo XIX porque ya veían venir la Ley Agraria que promulgó en Veracruz el presidente Carranza y que en la Entidad aplicó con energía el Gobernador de entonces, Adalberto Tejeda.

Desaparecieron así las haciendas y los hacendados, los peones acasillados, las tiendas de raya, el caciquismo, etc., pese al surgimiento de la temible y criminal organización de la “Mano Negra”.

En el año de 1894 estuvo en litigio la propiedad de la hacienda más grande de la zona: “Solteros”. Esta propiedad había pertenecido originalmente al general Guadalupe Victoria, como ya se ha dicho. Luego pasó a poder de don Manuel Zorrilla, sea por compra o por denuncia de terrenos baldíos. El caso es que su posesión no estaba debidamente legalizada. Tan es así que el Tribunal Superior de Justicia había fallado a favor de otra persona que denunció esas tierras, cuya superficie era de 12,205 hectáreas, la más grande de la región costera.

El caso es que don Manuel Zorrilla perdió el pleito, pero inteligentemente negoció el asunto pagando al gobierno del Estado la cantidad de doce mil pesos, lo cual le permitió legitimar la posesión de ese enorme latifundio que, en su tiempo, fue una hacienda ganadera muy famosa.

Tanto el señor Zorrilla como el Gobierno del Estado, a cargo de Don Teodoro A. Dehesa, obtuvieron positivas ventajas con el convenio.

De esa manera, el señor Zorrilla legalizó la propiedad de su posesión a un costo de menos de un peso la hectárea, sin contar con lo que haya dado por debajo de la mesa, aunque no existían estas prácticas.

 


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