Esténtor político

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Atendamos al México herido quitando del poder político a Morena

Miguel Ángel Casique Olivos
El domingo 10 de julio se realizó la primera actividad de la Jornada Nacional de Oración por la Paz que durará un mes. En su primera versión, los representantes de la Iglesia Católica en prácticamente todo el país invocaron la paz, conjuraron la imparable criminalidad y exhortaron a los gobernantes al diálogo y a la definición de una estrategia que garantice la seguridad, ya que la cifra de homicidios dolosos en lo que va del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha rebasado las 125 mil víctimas y hay bastante sufrimiento en sus familiares.

Esa manifestación religiosa contra la violencia, la impunidad y la falta de acciones efectivas del gobierno del “mesías” del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) contra el crimen organizado se produjo en el contexto del asesinato de dos sacerdotes jesuitas en Chihuahua, y los ataques verbales de Morena contra la Iglesia Católica.

AMLO la ofendió sin razones ni argumentos tras el episodio criminal de Chihuahua y con ello desafió a una institución que durante dos milenios ha tenido influencia sobre millones de personas en el mundo y posee una sabiduría ancestral. Con este ataque, el Presidente eliminó el último recurso que tenía para sobrellevar por la vía del diálogo la grave crisis de violencia e impunidad que enfrenta México.

La primera acción de la Iglesia Católica tuvo lugar la semana pasada, cuando habló de un México herido por el miedo y la inseguridad y repudió la violencia. Sus ministros exigen diálogo, estrategia y que las autoridades federales y estatales garanticen la seguridad de la población.

Ramón Castro Castro, secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y obispo de Cuernavaca, quien ha encabezado protestas por la paz, expresó con bastante claridad la preocupación que existe en el país por la creciente violencia que genera el crimen organizado. En su homilía dominical de la Jornada Nacional de la Oración fue muy explícito al decir: “vamos buscando alguna estrategia de seguridad más efectiva; es tiempo de escucharnos, es tiempo de que todos busquemos la paz que tanto anhelamos… para no ser aquellos personajes que dan la vuelta y se van. Atendamos al México herido”.

Las palabras del obispo fueron totalmente ignoradas por el Gobierno Federal, cuyo principal responsable se muestra soberbio e irracional, incluso más allá de lo que la misma Iglesia creía, porque las denuncias que han hecho Castro y otros altos jerarcas están sustentadas por la realidad y la racionalidad, deberían ser atendidas y no merecían insultos y amenazas como respuesta.

El obispo Castro aclaró: “no queremos tener en la conciencia haber sido pastores que ven la realidad y le dan la vuelta porque tienen miedo o porque no se quieren meter en problemas… soñamos con un México en paz y por eso hemos alzado la voz con un comunicado, todos los obispos, pidiendo que haya paz. No declaramos la guerra a nadie. No queremos más conflictos de los que ya hay, estamos suplicando un diálogo para la construcción de una verdadera paz”.

Otra autoridad eclesiástica, Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey y presidente de la CEM, también fue enfático cuando advirtió: “Hoy queremos pedir por nuestro país que está llegando a un punto insostenible. Las cosas deben cambiar y también pedimos, con respeto siempre, que quien está cuidando de nosotros sepa contener la violencia y a aquellos que abusan del poder fáctico que tienen”.

El mensaje de los representantes del catolicismo ha sido claro y ningún mexicano ignora la realidad; la violencia y la inseguridad son imposibles de ocultar y menos cuando el país tiene ya más de 125 mil homicidios en lo que va de la administración.

AMLO ha decidido ir con todo contra la Iglesia Católica y su furia no tiene precedentes. Sin embargo, los llamados de obispos, arzobispos y curas católicos de prácticamente todo el país no van a cambiar a un gobierno antipopular que tiene claros fines dictatoriales y que ya se ha declarado enemigo rabioso del pueblo. La única salida es que la sociedad cobre conciencia, se organice y luche. Hoy la tardanza en actuar es el mayor peligro.

Millones de mexicanos, como el obispo Castro, también “soñamos con un México en paz” (y de bienestar social). Por eso tenemos que alzar la voz y, si fuera necesario, usar nuestro derecho a la protesta pública con una fuerza social que quite del poder político a AMLO y a Morena. Por el momento, querido lector, es todo.


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