Indignidad / Magno Garcimarrero Ochoa

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INDIGNIDAD

DIGNIDAD es la palabra que define el respeto que cada persona se debe a sí misma, y que concede el derecho de preservarla y defenderla contra todo aquello que pretenda conculcarla o menoscabarla.
Escribo esto porque hoy he sentido que una autoridad estatal y una autoridad federal, seguro sin intención, pero por un descuido imperdonable, han atentado en contra de la dignidad de trecientos viejos (más o menos) que, pacientemente esperábamos el pago de la pensión BIENESTAR, en el gimnasio contiguo al estadio jalapeño.
El suceso ocurrió de esta manera: nos citaron telefónicamente desde un día anterior, para estar presentes a las 11 de la mañana, a recibir la susodicha pensión, como ha venido ocurriendo desde tiempo atrás, pero esta vez, sin previa notificación, nos obligaron a esperar una hora la llegada de Cuitláhuac García, el gobernador del Estado y de Manuel Huerta, delegado federal. Para paliar la tardanza de los funcionarios que llegaron una hora más tarde, o sea a las 12 del día, pusieron a un animador supuestamente fisicoculturista, a gritar estentóreamente en un micrófono, forzando a los concurrentes a hacer ejercicios tales como ponerse de pie, encuclillarse, levantar los brazos, aplaudir, bailar, darse la mano (como en la iglesia), caminar sin moverse del lugar y carcajearse. La conminación, según dijo el instructor, era en favor de la salud de los asistentes de los que, muchos, por viejos (como yo) o por incapacidad física, no pudieron someterse al reclamo del animador. El objetivo real, pero oculto, no era tanto la salud sino distraer la impaciencia de los asistentes mientras los burócratas tenían a bien llegar a presentarse en busca del aplauso público (inmerecido a mi modo de ver).
El acontecimiento me recordó los actos priistas de los regímenes neoliberales que, no tenían empacho en manipular a los ciudadanos como borregos. Me sentí ofendido en mi amor propio… muchas personas se sintieron ofendidas y manipuladas, creo y siento que esa acción oficial, fue un imperdonable atentado a la dignidad de quienes estuvimos ahí presentes, convocados para otra cosa y no para aplaudir a dos funcionarios que no han entendido la filosofía ni la política democrática del Presidente de la República. Estoy seguro que, si Andrés Manuel lee esto que ahora escribo, les hará notar su pésima actitud para quienes aún confiamos en el proyecto de la cuarta transformación.

Magno Garcimarrero Ochoa.
3 de noviembre de 2022.


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