La Bestia / Relatos dominicales

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La Bestia

 

Miguel Valera

Pues tú aquí te la pasas chévere, vendiendo nieve, pero yo, la verdad, ando achantado, triste, desganado, me aclaró, explicándome la palabra, al ver mi rostro de sorpresa. Uno sale de su país, añadió, no por gusto, sino por necesidad, porque las cosas son de pronto ya imposibles, andas danzando por ahí sin encontrar nada, sin billullo ni para comprar una arepita. ¿Sabes qué es una arepa? Son como las tortillas de acá, de masa de harina de maíz, pero nosotros las cocemos en un utensilio que se llama “aripo” y son gorditas y las rellenamos de huevo, de pollo o carne machacada cuando hay.

Pero a ti te va bien con las nieves, ¿no?, le preguntó el venezolano al jarocho, moreno, con brazos tatuados, serio, bigotón, con una gorra del refresco Jarochito que me trajo a la memoria y al paladar la Zaraza, una bebida que solía tomar en comidas o desayunos en La Parroquia de don Marce. Sí, contestó el nevero, aquí siempre es caluroso y a todos se les antoja una nieve de limón, de guanábana, de vainilla o de maracuyá. Si vienes a Veracruz y no comes una nieve es que no estuviste acá, remató.

Tenga, le invito una, le dijo el hombre, al notar la tristeza que le brotaba por los ojos. El hombre la tomó, la saboreó y empezó a llorar. Llegué aquí montado sobre La Bestia. Vengo huyendo de la pobreza, de la violencia y me he encontrado en casi todo mi trayecto con el rostro del desprecio y la tragedia. Todo nos quieren cobrar y el que usted me regale esta nieve no sabe lo que para mi significa, le dijo.

Sabe, añadió, paladeando aún la guanábana, La Bestia no sólo es el tren que algunos toman en Tapachula, Chiapas, en Arriaga o en Ixtepec, Oaxaca, “la bestia” aparece desde que sales de tu casa, pensando en el sueño americano, en una mejor vida. Empiezas “dando la cola”. No, no, no sea mal pensado, aclaró ante el rostro de sorpresa del nevero, “dar la cola” para nosotros significa pedir un aventón, como dicen acá en México. Y en toda la trayectoria hay que “dejar el pelero”, es decir, salir rápidamente, con mochila en mano.

Y en todos los lugares hay alguien quieren cobrarte o abusar de las mujeres. Tenía un amigo que decía que “La bestia” lo empoderaba. Se montaba en esos vagones de acero y se sentía Tarzán o Superman. Intentó llegar a Estados Unidos tres veces y tres veces lo regresaron. En la cuarta vez cayó del tren y ahí quedó su cuerpo, destrozado entre las vías.

En el camino también hay gente buena, como usted, joven, pero normalmente todos quieren sacarte algo. Y la verdad es que el único dinero que cuidamos y no queremos soltar es el del “coyote” que nos va a ayudar a cruzar la frontera de México con Estados Unidos. Pero cuando llega uno allá y no tienes suerte, hasta ese dinero te quitan. Pero ya, seguiré viajando, porque cualquier cosa que haga será mejor que estar en mi país, aseveró. Yo, que observaba la escena muy cerca, mientras paladeaba también una nieve de guanábana, recordando la jugosa fruta que llevaba mi padre a casa, me sentí impresionado por la determinación de este hombre. Es la esperanza, pensé. No hay duda, es la fuerza más poderosa del ser humano.


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