Destapar un hoyo pa’ tapar otro / Debo, no niego; pago, lo justo

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Debo, no niego; pago, lo justo

Destapar un hoyo pa’ tapar otro

Teresa Carbajal

Nemesio es un hombre de campo originario de San Miguel una congregación ubicada en Cosautlán de Carvajal Veracruz, aquel jueves de diciembre de dos mil veintidós tuvo que viajar de aventón para llegar a la radio comunitaria de Teocelo y pedir ayuda, consigo en una bolsa de plástico lleva muchos papeles y en su corazón una grave aflicción: la caja de ahorros le embargó con trampas su finca de café por una deuda.

 

Aquel soleado día se llevó a cabo la visita mensual a Teocelo para dar atención del Barzón a todas aquellas personas que por falta de recursos no pueden desplazarse a Xalapa, ahí en la galera que generosamente nos comparten los amigos de radioteocelo se encontraba Nemesio, nombre falso usado para proteger su verdadera identidad.

 

Nemesio es adulto en edad mayor quien refiere salió de su casa cuando no daban ni las cinco de la mañana para llegar a tiempo a la cita, a pregunta expresa de si sabe leer y escribir me responde que sí, que solo llegó a segundo de primaria pero que sí alcanzó a aprender a leer y a poner su nombre, aunque no entiende todo.

 

Su vida se desarrolló en el medio rural, siempre se dedicó al cultivo de café en su finca, esa misma que ahora la Caja de Ahorros Capital El Sol de Veracruz le quiere quitar, dice que no siempre han sido buenos tiempos para la siembra de café, pero ha resistido; así sacó adelante a sus hijos y a su familia, con limitaciones y viviendo al día, pero todos son personas de trabajo y de bien.

 

Cometí un error -me dice con tremenda angustia- fui aval y pedí veinte mil pesos pagué una parte y después no pude más, entonces fueron a mi casa los licenciados de la caja a cobrarme y como no tenía dinero, me dijeron que tenía que firmar otro pagaré para los intereses y después seguir abonando para salir, agrega.

 

Entonces abrió la bolsa de nylon que llevaba rato apretando con ambas manos como para que no se escapara de ahí el mal que le llenaba de miedo y angustia, se trata de dos demandas, dos pagarés y dos embargos que le hicieron a su finca, la deuda asciende a casi cien mil pesos con intereses, pues la caja pide que se le pague el ocho por ciento mensual, desde luego sin reconocer lo que ya se le pagó.

Apenas me deja leer, pues se apresura a preguntar, ¿a poco me pueden quitar mi finca por 20 mil pesos?, aclara que esa fue la cantidad que le prestaron y que todo lo demás son mentiras, que firmó por demostrar que sí quería pagar, porque sí quiere pagar, pero que no lo dejan los intereses y que lo que le exigen simplemente nomás no lo ha podido juntar.

 

Es inevitable preguntarle para qué usó los veinte mil pesos; pues ‘para eso’ me responde, para pagarle a la otra Caja, a la que le pedí el préstamo cuando fui aval. Ampliando el relato me contó que llegó a un acuerdo con la otra Caja y que la deuda quedó en los 20 mil, por eso pidió a esta otra Caja.

 

Así se vive aquí, -me explica- así ha sido siempre, pedimos prestado para sembrar para comer, para pagar, para vivir, y luego juntamos y pagamos y volvemos a pedir. Pero cuando ya no alcanza para pagar, como ha pasado en los últimos años, entonces pedimos prestado para pagar otras deudas, o sea “Tapamos un hoyo y destapamos otro”.

 

Tiene miedo pero me promete que él no se aventará de la barranca a la que van a terminar con su vida todos los que en su rumbo no encuentran la salida, muchos de ellos por deudas.

 

¿Cuántos Nemesios hay en Cosautlán, en Teocelo, en Veracruz, en el país? Hasta cuándo tendremos que seguir escuchando estas historias de terror, de injusticias cometidas en agravio de quienes confiando en instituciones que se supone operan con legalidad como las cajas de ahorros, piden préstamos firmando documentos que son legales, pero que se usan con fines de cometer abusos.

 

No es posible que esas comunidades habitadas por hombres y mujeres de campo, de trabajo, de bien, estén tan expuestos, tan desvalidos, tan desprotegidos de los depredadores que azotan la zona con préstamos para despojarlos de su dinero, de sus tierras y a veces hasta de la vida.

 

¿Hasta cuando?

 

 

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